En los humedales de Florida existe un depredador que ha conseguido transformar uno de los ecosistemas más importantes de Estados Unidos. Las pitones birmanas, serpientes invasoras capaces de superar los cinco metros de longitud, llevan décadas expandiéndose por los Everglades mientras los científicos intentan encontrar una manera de frenar su avance. La situación ha llegado a un punto en el que los investigadores están recurriendo a una estrategia aparentemente contradictoria: devolverlas a la naturaleza.
El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) ha documentado la liberación de una hembra de aproximadamente 4,9 metros y 67 kilogramos, equipada con un radiotransmisor, durante unas pruebas con drones realizadas junto con la Universidad de Florida. Lejos de tratarse de un error, el procedimiento forma parte de una investigación que pretende aprovechar el comportamiento de las propias serpientes para localizar a otros ejemplares ocultos entre la vegetación.
Una invasión tan devastadora que algunos mamíferos prácticamente desaparecieron

La pitón birmana (Python bivittatus) es originaria de Asia, pero ha logrado establecer poblaciones reproductoras en el sur de Florida. Su capacidad para pasar inadvertida, desplazarse por ambientes acuáticos y alimentarse de diferentes animales la convirtió en un problema especialmente difícil de controlar.
Las consecuencias ya se reflejan en la fauna local. Una investigación publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences identificó caídas extraordinarias en los registros de avistamientos de mamíferos dentro del Parque Nacional de los Everglades: un 99,3% para los mapaches, un 98,9% para las zarigüeyas y un 87,5% para los linces rojos, al comparar períodos anteriores y posteriores a la proliferación de las pitones.
Aquellas cifras no demostraban por sí solas que las serpientes fueran responsables de todas las disminuciones. Sin embargo, otro estudio experimental publicado en Proceedings of the Royal Society B encontró que las pitones habían provocado el 77% de las muertes registradas entre los conejos de marisma trasladados a determinadas zonas del parque. La evidencia reforzó su papel como uno de los principales responsables del deterioro ecológico.
El desafío es que eliminar un animal resulta mucho más complicado cuando ni siquiera se sabe cuántos existen. Las estimaciones poblacionales siguen siendo inciertas y los métodos tradicionales de búsqueda requieren recorrer grandes extensiones de pantanos, praderas y vegetación densa.
La solución más inesperada consiste en utilizar serpientes como rastreadoras

Para enfrentarse a ese problema, los científicos han comenzado a aprovechar una característica fundamental del comportamiento de las pitones: durante la temporada reproductiva, los ejemplares pueden conducir a los investigadores hacia otros individuos de su especie.
El programa utiliza las llamadas scout snakes, o serpientes exploradoras. Se trata de animales seleccionados que llevan radiotransmisores y permanecen bajo seguimiento. Cuando una de estas pitones se encuentra con otras, los equipos pueden localizar agrupaciones reproductivas y retirar individuos que de otra manera probablemente pasarían inadvertidos.
Según la descripción oficial del programa del USGS, la investigación se desarrolla en dos ambientes diferentes de la Reserva Nacional Big Cypress. El objetivo no es únicamente capturar más serpientes: también se estudian sus desplazamientos, tasas de supervivencia, crecimiento y reproducción para comprender qué intervenciones podrían resultar más eficaces.
Aquí aparece la segunda pieza del experimento: los drones. Equipados con tecnología de radiotelemetría, estos dispositivos podrían detectar desde el aire las señales emitidas por las serpientes marcadas, reduciendo la necesidad de que los investigadores recorran físicamente cada sector del humedal.
La distinción es importante. Los drones no están demostrando que puedan identificar automáticamente a cualquier pitón escondida, sino que se está evaluando su capacidad para rastrear animales provistos de transmisores. El USGS todavía considera experimental esta aplicación y no ha confirmado que pueda utilizarse de forma generalizada.
El verdadero objetivo es descubrir dónde golpear a la población invasora

La tecnología podría ofrecer algo más valioso que capturas aisladas: información sobre cómo se mantiene y se expande la población de pitones. Saber dónde se reproducen, cuánto sobreviven sus crías o qué zonas utilizan durante diferentes estaciones permitiría diseñar campañas de control más precisas.
La necesidad de comprender estos patrones también aparece en una base de datos del USGS publicada en septiembre de 2026, que reúne localizaciones de pitones rastreadas entre 2005 y 2026. Estos registros permiten estudiar cómo utilizan el territorio y aportan información para futuros modelos de control.
De momento, liberar una serpiente invasora sigue siendo una decisión reservada a programas científicos controlados, no una estrategia aplicable por cualquier persona. Pero la investigación refleja hasta qué punto ha cambiado el desafío ecológico de Florida: después de años intentando encontrar animales que casi nunca se dejan ver, los especialistas están explorando cómo convertir a las propias pitones en una herramienta para descubrir a las demás.