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La agricultura medieval preparó el escenario para los fatales tsunamis de un lago de Italia, y el fenómeno podría volver a suceder, allí y en otras partes del mundo

Si fuerzas al límite a la naturaleza, podrían producirse desastres naturales inesperados. Lo aprendieron en el medioevo por las malas.
Por Gayoung Lee Traducido por

Tiempo de lectura 4 minutos

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Si hablamos de tsunamis siempre pensamos en los océanos, pero históricamente los ha habido en los lagos gigantes cercanos a las granjas y campos sembrados. Cuando los científicos analizaron en profundidad los detalles de estos inusuales eventos, la conclusión a la que llegaron fue escalofriante: los “tsunamis de lago” pueden golpear las orillas que hoy están densamente pobladas, en un futuro cercano.

Para un estudio publicado recientemente en Nature Communications, los investigadores analizaron el uso humano de la tierra cercana al lago Iseo en el noroeste de Italia y el riesgo aumentado de tsunamis masivos en los siglos XII y XIII. Su análisis se centró en eventos históricos conocidos porque hay registros de potentes terremotos y tsunamis que asolaron la región en 1117 y nuevamente, en 1222. Ambos procesos, el natural y el antropogénico, han alterado desde entonces el paisaje del lago Iseo y el equipo advierte que hay motivos para creer que los tsunamis podrían repetirse. No solamente en Italia sino en cualquier otro lugar del mundo.

“El lago Iseo ofrece un archivo natural singular”, dijo Flavio Anselmett, coautor del estudio y geólogo de la Universidad de Berna, Suiza. “Aquí podemos combinar trazas geológicas con relatos históricos y entender cómo fue que se formaron esos eventos catastróficos”.

Hay que cultivar la tierra en algún lugar ¿verdad?

El estudio indica que el lago Iseo fue durante siglos un lugar elegido para la agricultura y el pastoreo. Desde los tiempos de los romanos el área ha aumentado el triple el volumen de sedimentos que llegan al lago como resultado de la erosión provocada por los humanos, afirma en trabajo. Eso causó cambios abruptos en la frontera del lago con el delta del río Oglio, y eso tiene consecuencias.

El delta “creció rápidamente y su frente subacuático se volvió empinado y se sobrecargó”, escribió en su columna en Phys.org Denys Dutykh, coautor del trabajo. “Ya había colapsado en el siglo VI y seis siglos de esa erosión volvieron a cargarlo”. Al llegar los terremotos esas áreas sobrecargadas se sacudieron y enviaron cantidades masivas de sedimento a la parte profunda del lago, lo que empujó al agua y formó olas de tsunami.

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Un mapa que muestra la ubicación y las características geográficas de la región que rodea el lago Iseo, en Italia. © Zafar et al., 2026.

Los registros históricos y arqueológicos muestran que dos potentes terremotos sacudieron a la región del lago Iseo en 1117 y 1222. Los cálculos de los científicos modernos ubican esos terremotos en magnitudes de 6.5 y 6.0 respectivamente, según el trabajo. Dutykh, especialista en matemática aplicada de la Universidad Khalifa de Ciencias y Tecnología en Emiratos Árabes Unidos, explicó que un manuscrito informa que el 3 de enero de 1117 “el lago se elevó tanto que pocos de los que vivían en las aldeas cercanas escaparon de este peligro”.

La recreación del desastre

Utilizando núcleos de sedimentos y registros sísmicos el equipo midió cuánto material se movió en cada colapso. Simularon luego el deslizamiento de lodo a lo largo del lecho del lago y las olas que se levantaron en el lago y rompieron sobre la costa.

Dutykh, que se encargó de describir las matemáticas de las olas, explicó que las olas simuladas de 1117 llegaron a unos 5,5 kilómetros de distancia, unas 22 veces la profundidad mayor del lago, unos 250 metros. Con esas mediciones el equipo determinó que la ola de 1117 habría alcanzado las costas cercanas al delta en un minuto o menos, inundando la baja planicie del Oglio a una distancia de hasta 2,7 kilómetros.

“En la aldea de Iseo el agua se levantó a unos 5,5 metros entre 6 a 7 minutos después del colapso de lodo hacia el fondo del lago. En 1222 el colapso fue menor, y las olas medían unos 13 metros.”

¿Y el final?

En su columna Dutykh explicó que la presión sobre la tierra disminuyó por poco tiempo después de 1222, debido a la Peste Negra, pero que a partir de 1661 volvió, y que la erosión simultáneamente reconstruyó el delta. Pero el equipo sospecha que las laderas subacuáticas siguen siendo débiles y vulnerables a los deslizamientos de lodo que causan los terremotos.

“Nuestros resultados indican que las intervenciones humanas no solo causan cambios ambientales a largo plazo sino que además, pueden crear un legado geológico que persiste durante siglos y amplifica los peligros naturales”, dijo Anselmetti.

Y no hablan tan solo del lago Iseo, aunque un tsunami en ese lago de Italia donde hay varios pueblos y actividad turística sería sin duda una catástrofe. Se han registrado eventos similares en lagos de Suiza, Alaska y Nueva Zelanda, lo que sugiere que el mecanismo se produce en todo el mundo, afirmó Anselmetti.

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La presa de Sarnico sobre el río Oglio. © Pampuco, vía Wikimedia Commons.

Los investigadores no están diciendo necesariamente que hay que irse de esos paisajes panorámicos junto a los lagos. Más bien, aconsejan en su trabajo, las autoridades deben considerar con atención el “legado oculto” del uso humano de la tierra al evaluar los riesgos naturales.

“Para juzgar el peligro de un lago tenemos que leer su historia y también sus fallas, la forma en que el sedimento se ha acumulado en su delta, y desde qué fecha”, concluyó Dutykh.

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