Durante décadas, la idea de encontrar dinosaurios en la Amazonía parecía improbable: su clima húmedo, la erosión constante y la densa vegetación hacían pensar que cualquier vestigio se habría perdido hace millones de años. Pero una investigación reciente de la Universidad Federal de Roraima cambió por completo esa visión. Gracias a nuevas técnicas y a la revisión de hallazgos antiguos, los científicos confirmaron la existencia de huellas que abren un capítulo inesperado en la historia del continente.
Un hallazgo que cambia el mapa paleontológico
Lo que parecía imposible ocurrió en el municipio de Bonfim, cerca de la frontera con Guyana. En la cuenca del Tacutu, los investigadores identificaron más de diez huellas del Jurásico-Cretácico, una ventana a un ecosistema que existió hace más de 103 millones de años. Hasta ahora no había pruebas de dinosaurios en la Amazonía, aunque sí en otras regiones de Brasil.
Las marcas pertenecerían a distintos grupos: rapaces carnívoros, ornitópodos herbívoros y xireóforos, dinosaurios acorazados de distintivas placas óseas. Ninguna permite identificar especies exactas, pero sí evidencia la diversidad de fauna que habitó el norte del país durante ese período.
Este hallazgo contradice la idea tradicional de que el ambiente amazónico no puede conservar fósiles. Según los expertos, se trata de una “pieza faltante” en el rompecabezas de la presencia de dinosaurios en Sudamérica.
🇧🇷 | Descubren huellas de dinosaurios de más de 100 millones de años en la Amazonía.
Tras 14 años de estudio, investigadores de la Universidade Federal de Roraima confirmaron el descubrimiento de huellas fósiles de dinosaurios en la región de Bonfim, Brasil. Es la primera vez… pic.twitter.com/Ro9RBFDAfS
— Informa Cosmos (@InformaCosmos) October 30, 2025
Cómo se conservaron huellas en un entorno tan hostil
La Amazonía no es un buen lugar para guardar historia geológica: humedad extrema, suelos ácidos y erosión constante destruyen casi cualquier registro. Pero la cuenca de Tacutu fue la excepción.
El investigador Lucas Barros explica que, en aquel tiempo, el área se comportaba como un valle pantanoso con múltiples canales fluviales. Las huellas quedaron impresas en el lodo, se endurecieron y luego fueron enterradas por sedimentos durante millones de años.
Además, la presencia de parches de vegetación tipo cerrado permitió que ciertos afloramientos rocosos sobrevivieran y, recientemente, quedaran expuestos. En ellos no solo aparecen rastros de dinosaurios, sino también fósiles de plantas e invertebrados.
Once años de espera para un redescubrimiento
Las primeras huellas se detectaron en 2014 durante una salida de campo encabezada por el profesor Vladimir Souza. Sin especialistas ni equipo, el material quedó sin analizar para evitar que otros grupos externos interfirieran. Solo en 2021 Barros retomó el proyecto, ahora con apoyo del paleontólogo Felipe Pinheiro.
Con técnicas de fotogrametría, el equipo obtuvo modelos 3D precisos, identificó nuevas huellas y expandió significativamente la zona de interés. Hoy se estima que la cuenca podría albergar cientos de rastros aún no explorados.

El futuro: entre la ciencia y la realidad social
Varios de los sitios más prometedores se encuentran en propiedades privadas donde algunos dueños temen que la investigación derive en disputas territoriales. Ese obstáculo dificulta el avance científico.
Aun así, nuevas áreas como el Territorio Indígena Jabuti ya muestran un potencial enorme. Si continúan los estudios, Tacutu podría convertirse en uno de los yacimientos icnológicos más importantes de Sudamérica.
La Amazonía, que siempre pareció borrar su propio pasado, guarda ahora una evidencia firme: bajo su selva late una historia prehistórica mucho más vasta de lo que imaginábamos.
Fuente: Meteored.