A simple vista, la Antártida occidental parece un desierto blanco inmóvil. Pero bajo cientos de metros de hielo se esconde un archivo natural que registra millones de años de cambios climáticos. Recuperarlo ha exigido una de las perforaciones científicas más complejas jamás realizadas en el continente. Interpretarlo, ahora, puede cambiar nuestra forma de entender cuán estable es realmente este sistema frente al calentamiento global.
Durante dos meses, un equipo internacional trabajó en uno de los puntos más aislados del continente para atravesar más de medio kilómetro de hielo y llegar hasta los sedimentos enterrados en su base. El proyecto, conocido como SWAIS2C, no buscaba un récord técnico, sino respuestas: cómo reaccionó la capa de hielo de la Antártida occidental cuando el planeta fue más cálido que hoy.
Un archivo de 23 millones de años bajo el hielo

El núcleo recuperado, de 228 metros de longitud, contiene capas alternas de lodos, arenas y fragmentos rocosos. Las primeras observaciones apuntan a que el registro podría remontarse hasta 23 millones de años atrás, un periodo que abarca grandes transiciones climáticas del planeta. Es, en la práctica, un archivo continuo de cómo fue cambiando el entorno bajo la capa de hielo.
Lo extraordinario no es solo la antigüedad, sino la ubicación: se trata de un registro obtenido desde el margen interno de la propia capa de hielo, no desde sedimentos marinos periféricos. Eso ofrece una ventana directa a la historia de la Antártida occidental como sistema glaciado.
Cuando la Antártida no era un bloque de hielo estable
Algunas capas del núcleo muestran señales de depósitos típicos de un hielo asentado sobre tierra firme, similares a las condiciones actuales. Pero otras contienen fragmentos de conchas y restos de organismos que necesitan luz para vivir. Esa combinación sugiere que, en ciertos periodos, la región estuvo cubierta por océano abierto o por plataformas de hielo flotantes mucho más delgadas.
No es una idea nueva que la Antártida occidental haya sido inestable en el pasado. Lo nuevo es contar con un registro tan directo y tan antiguo que permite reconstruir, capa a capa, cuándo y cómo se produjeron esos retrocesos del hielo.
Un sistema vulnerable en un planeta que se calienta

La Antártida occidental es especialmente sensible porque gran parte de su base se encuentra por debajo del nivel del mar. Eso la expone a la intrusión de aguas oceánicas más cálidas, un mecanismo que ya hoy está contribuyendo al retroceso de algunos glaciares. Las observaciones por satélite muestran que la pérdida de masa se está acelerando.
Si esta región colapsara de forma significativa, el impacto sobre el nivel del mar global sería de varios metros. No es un escenario inmediato, pero sí uno que depende críticamente de cómo responde el sistema al aumento de temperatura.
El pasado como espejo del futuro
El objetivo central del proyecto SWAIS2C es evaluar la sensibilidad de la capa de hielo ante un calentamiento de alrededor de 2 °C respecto a niveles preindustriales, el mismo umbral que la política climática internacional intenta no superar. Si el núcleo confirma que en periodos con temperaturas comparables la Antártida occidental experimentó retrocesos importantes, las implicaciones para este siglo serían inquietantes.
La perforación ha terminado, pero el trabajo real apenas empieza. Fechar cada capa, identificar sus microfósiles y reconstruir las condiciones oceánicas y atmosféricas asociadas llevará años. A cambio, ofrecerá algo que hoy nos falta: evidencias directas de cómo reaccionó el hielo antártico cuando el mundo fue más cálido que ahora.
No es solo una hazaña científica. Es una advertencia escrita en sedimentos.