La Estación Espacial Internacional, símbolo de cooperación durante más de dos décadas, atraviesa sus años más delicados. Con fugas en módulos clave, trajes espaciales obsoletos y presupuestos menguantes, la NASA y Roscosmos han dejado a un lado sus tensiones para encarar el inevitable desenlace de la estación: su retirada definitiva en 2030.
Un encuentro inesperado tras años de silencio

Han pasado casi ocho años desde que los máximos responsables de la NASA y Roscosmos se reunieron. El lanzamiento de la misión Crew-11 de SpaceX fue el pretexto que llevó al nuevo director de la agencia rusa, Dmitry Bakanov, a Estados Unidos. Allí, frente al administrador interino de la NASA, Sean Duffy, se puso sobre la mesa lo que todos sabían pero pocos querían reconocer: la ISS necesita un plan urgente para su jubilación.
Cooperación por necesidad, no por afinidad

La relación entre ambas agencias se había enfriado con los años, marcada por la guerra y la retórica beligerante del anterior jefe ruso Dmitry Rogozin. Sin embargo, la ISS se mantiene como uno de los últimos puentes de cooperación científica entre Washington y Moscú. La reunión concluyó con dos compromisos claros: extender el uso conjunto de la estación hasta 2028 y coordinar un plan de desorbitación en 2030.
Una estación en estado crítico

El Panel Asesor de Seguridad Aeroespacial de la NASA ya lo advirtió: los próximos años serán los más arriesgados de toda la vida de la ISS. El módulo ruso Zvezda, con fugas de aire persistentes desde 2019, es el mayor dolor de cabeza, pero no el único. La escasez de repuestos, los trajes espaciales con tecnología de hace medio siglo y fallos en sistemas básicos como los baños ilustran el desgaste de una infraestructura con casi tres décadas a sus espaldas.
La retirada ya tiene fecha
Ningún socio quiere seguir destinando miles de millones a mantener en pie un complejo que consume más recursos de los que genera en ciencia. Por eso, la NASA ha adjudicado a SpaceX un contrato cercano a los mil millones de dólares para desarrollar la nave que guiará la estación hacia una reentrada controlada sobre el Pacífico. Roscosmos, por su parte, insiste en que sus Progress podrían cumplir la misma función. La decisión final aún no está cerrada, pero el calendario sí: la ISS se despedirá definitivamente a finales de esta década.