La misión diseñada para salvar a uno de los telescopios más veteranos de la NASA acaba de sufrir una emergencia propia. LINK, la nave privada enviada para capturar al observatorio Swift y devolverlo a una órbita segura, perdió estabilidad durante sus primeras pruebas y comenzó a girar sobre sí misma, provocando comunicaciones intermitentes con la Tierra.
La investigación inicial determinó que dos de sus tres ruedas de reacción dejaron de funcionar y que su sistema de pequeños propulsores de gas frío perdió parte de su capacidad. El resto de los subsistemas principales continúa operativo, la nave mantiene un balance positivo de energía y todavía responde a las órdenes enviadas por el equipo de Katalyst Space.
La nave de rescate comenzó a girar en plena órbita
Las ruedas de reacción permiten orientar una nave espacial con enorme precisión sin gastar propelente. Son esenciales para apuntar antenas, cámaras, sensores y brazos robóticos. Perder dos de las tres complica cualquier maniobra, pero resulta especialmente crítico en una misión que exige acercarse a otro satélite y sujetarlo sin provocar una colisión.

Para frenar el movimiento, los ingenieros recurrieron a los propulsores eléctricos de LINK, originalmente destinados a desplazarse hasta Swift y elevar su órbita. Una serie de encendidos redujo la velocidad de rotación desde aproximadamente nueve grados por segundo hasta menos de cuatro. Katalyst continúa aplicando esta estrategia para recuperar una orientación estable.
La misión todavía no está perdida. NASA y Katalyst estudian nuevas configuraciones de guiado, navegación y control que permitan operar la nave con sus capacidades actuales. Sin embargo, cualquier aproximación dependerá de que el vehículo pueda orientarse con suficiente precisión y de que la maniobra resulte segura para ambos satélites.
Swift continúa descendiendo mientras pasa el tiempo
El Neil Gehrels Swift Observatory fue lanzado en 2004 para detectar estallidos de rayos gamma y estudiar fenómenos transitorios en luz visible, ultravioleta y rayos X. Como no dispone de propulsión para mantener su altura, el tenue rozamiento de la atmósfera ha reducido lentamente su órbita. La mayor actividad solar calentó y expandió las capas superiores del aire, acelerando ese descenso.
En febrero, la NASA suspendió temporalmente la mayor parte de sus observaciones y adoptó una orientación destinada a disminuir la resistencia atmosférica. La estrategia permitió conservar altura durante más tiempo, pero Swift necesita mantenerse aproximadamente por encima de los 300 kilómetros para que LINK tenga mejores posibilidades de alcanzarlo y realizar el impulso. Sin una intervención, la agencia prevé su reingreso durante el otoño de 2026.
This week, engineers concluded environmental tests of the LINK spacecraft at @NASAGoddard. This June, LINK, a robotic servicing spacecraft from Katalyst Space Technologies, will launch on a mission to raise the orbit of our Swift observatory. More: https://t.co/o56Q5vRaP2 pic.twitter.com/2VSfIRePOU
— NASA Universe (@NASAUniverse) May 8, 2026
Una misión inédita construida en menos de un año
La NASA adjudicó el contrato a Katalyst Space en septiembre de 2025. La compañía dispuso de menos de un año para diseñar, fabricar, probar y lanzar una nave de unos 400 kilogramos equipada con tres brazos robóticos. LINK despegó el 3 de julio desde el atolón de Kwajalein a bordo de un cohete Pegasus XL.
El plan original consiste en aproximarse a Swift, fotografiarlo, identificar puntos seguros de sujeción y rodearlo con los brazos, ya que el telescopio nunca fue diseñado para recibir mantenimiento. Después, los propulsores eléctricos elevarían lentamente el conjunto durante varios meses. De tener éxito, sería la primera vez que una misión robótica comercial captura una nave de la NASA no preparada para ser reparada en el espacio.
La aproximación está prevista ahora para finales de agosto. LINK ha demostrado que todavía puede recibir comandos y frenar su giro, pero llegar hasta Swift no será suficiente: deberá recuperar la precisión necesaria para atraparlo. La nave enviada a salvar un telescopio que cae hacia la Tierra tiene primero que superar su propia crisis en órbita.