Hay personas que necesitan una chaqueta incluso cuando nadie más parece tener frío. En muchos casos puede tratarse simplemente de una característica individual, pero cuando la sensación aparece de forma constante o se acompaña de otros síntomas, puede ser útil buscar una causa médica.
La endocrinóloga Omodamola Aje, del Berkshire Medical Center, explica que una de las primeras claves consiste en determinar cuándo comenzó el problema, si ocurre permanentemente o de manera intermitente y qué otras señales aparecen al mismo tiempo.
Fatiga, cambios de peso, caída del cabello, alteraciones intestinales o irregularidades menstruales pueden aportar pistas importantes.
La tiroides puede hacer que el cuerpo produzca menos calor
Una de las causas que los médicos suelen investigar es el hipotiroidismo.
La tiroides produce hormonas que participan en la regulación del metabolismo. Cuando su actividad disminuye, diferentes procesos del organismo pueden volverse más lentos y aparecer intolerancia al frío.
Otros síntomas pueden incluir cansancio, piel seca, debilidad muscular, estreñimiento o aumento de peso.
Para evaluar la función tiroidea, los profesionales pueden solicitar análisis de sangre que incluyen habitualmente la hormona estimulante de la tiroides, conocida como TSH, y la tiroxina o T4. La interpretación de estos valores depende del contexto clínico de cada paciente.

La anemia también puede estar detrás de la sensación de frío
Otro estudio habitual es el hemograma.
La anemia, especialmente cuando está relacionada con deficiencia de hierro, puede provocar cansancio, debilidad, palidez y mayor sensibilidad al frío. Por eso, cuando existen sospechas, el médico puede complementar el análisis con estudios relacionados con las reservas y el metabolismo del hierro.
La sensación de frío por sí sola no permite identificar una anemia, pero su presencia junto con fatiga o falta de energía puede justificar una evaluación.
Perder demasiado peso también puede cambiar la temperatura corporal
El peso corporal y la alimentación influyen en la producción y conservación del calor.
Una restricción calórica intensa o una pérdida rápida de peso puede hacer que el organismo reduzca su gasto energético para conservar recursos. Además, las personas con poca grasa corporal disponen de menos aislamiento frente a las temperaturas ambientales.
Esto no significa que todas las personas delgadas vayan a sentir frío constantemente, sino que el bajo peso puede ser uno de varios factores implicados.

La menopausia puede provocar calor y después frío
La perimenopausia y la menopausia pueden producir alteraciones en la regulación de la temperatura corporal. Los cambios hormonales se relacionan con los conocidos sofocos y sudores nocturnos. Después de esos episodios, la evaporación del sudor puede generar una sensación intensa de frío.
Por eso, algunas mujeres pueden alternar rápidamente entre sentir demasiado calor y necesitar abrigarse.
Cuándo conviene consultar
Sentir frío ocasionalmente no suele ser motivo de preocupación.
Sin embargo, conviene hablar con un profesional cuando la intolerancia al frío aparece de manera nueva, persiste durante un período prolongado o resulta muy diferente de la que experimentan otras personas en el mismo ambiente.
La consulta adquiere mayor importancia si aparecen además fatiga marcada, pérdida o aumento de peso sin explicación, cambios en la piel o el cabello, palpitaciones, debilidad o alteraciones menstruales.
No existe un único análisis que explique por qué una persona siente frío. La causa depende de los síntomas asociados y de la historia clínica, pero condiciones frecuentes como el hipotiroidismo o la anemia pueden detectarse mediante una evaluación médica relativamente sencilla.