Construir una capital desde cero parece una idea propia de una novela futurista. Sin embargo, en el sudeste asiático, enormes extensiones de selva están dando paso a una ciudad concebida para convertirse en el nuevo centro administrativo de un país. El proyecto pretende responder a algunos de los problemas más graves de su actual capital, mientras apuesta por un modelo urbano completamente diferente. Entre carreteras, edificios oficiales y zonas naturales, una transformación de dimensiones extraordinarias ya está en marcha.
Una ciudad construida para escapar de un problema que no deja de crecer
Durante décadas, la capital actual concentró buena parte de la población, la actividad económica y las instituciones del país. Pero el crecimiento urbano terminó convirtiéndose en uno de sus principales problemas.
La ciudad sufre una combinación especialmente complicada: congestión extrema, contaminación, expansión descontrolada y una creciente vulnerabilidad frente a las inundaciones. A esto se suma un fenómeno todavía más preocupante: el terreno sobre el que está construida se hunde a un ritmo considerable.
Algunas zonas de la capital ya se encuentran por debajo del nivel del mar y el problema continúa avanzando. En determinadas áreas, la combinación entre subsidencia del terreno, aumento del nivel del mar y extracción de aguas subterráneas ha convertido las inundaciones en una amenaza cada vez más difícil de controlar.
Por eso, el Gobierno decidió buscar una alternativa radical: levantar una nueva capital prácticamente desde cero en otra parte del territorio.
El lugar elegido se encuentra en la isla de Borneo, lejos del núcleo urbano actual. Allí comenzó a tomar forma una ciudad que pretende convertirse en el nuevo centro administrativo nacional.
Su nombre es Nusantara.
La elección del terreno no es casual. Los responsables del proyecto consideran que presenta mejores condiciones frente a algunos de los riesgos que afectan a la capital actual, especialmente las inundaciones y determinados fenómenos geológicos.

Un territorio gigantesco que todavía está lejos de parecer una gran ciudad
Las dimensiones del proyecto ayudan a comprender por qué se considera una de las mayores transformaciones urbanísticas de la región.
Nusantara ocupará aproximadamente 2.600 kilómetros cuadrados, una superficie enorme que supera ampliamente la de la capital actual y duplica aproximadamente la extensión de Nueva York.
Pero hay un detalle que hace todavía más particular al proyecto: buena parte de ese territorio no estará cubierto de edificios.
De las aproximadamente 256.000 hectáreas contempladas dentro del desarrollo, solo una fracción será destinada directamente a zonas urbanizadas. El resto estará reservado para áreas verdes, bosques y espacios naturales.
El diseño plantea que más del 60 % del territorio esté compuesto por zonas naturales, senderos y espacios destinados a desplazamientos no motorizados. La intención es alejarse del modelo tradicional de megaciudad densamente construida y apostar por una urbe integrada con su entorno.
La movilidad también forma parte de esa estrategia.
El plan contempla que una gran proporción de los desplazamientos se realice mediante transporte público, bicicleta o a pie. Uno de los objetivos es que los habitantes puedan acceder a servicios esenciales en aproximadamente diez minutos.
El automóvil tradicional tendría un papel mucho más limitado que en otras grandes capitales asiáticas. El proyecto apunta a una circulación dominada por vehículos eléctricos y sistemas de transporte más sostenibles.
Una apuesta tecnológica con una factura de 33.000 millones de dólares
La transformación, sin embargo, tiene un precio extraordinario.
La construcción completa de Nusantara ha sido estimada en alrededor de 33.000 millones de dólares. El Estado se ha comprometido a financiar únicamente una parte del coste, mientras que el resto depende de inversiones privadas y de diferentes mecanismos de financiación.
La magnitud económica explica también uno de los principales desafíos del proyecto: convertir una zona que todavía conserva grandes áreas naturales en una capital plenamente funcional.
Las autoridades quieren que la ciudad funcione con energías renovables, incorpore sistemas inteligentes para gestionar los residuos y avance hacia un modelo de emisiones netas cero.
El calendario previsto sitúa la finalización de las principales etapas del proyecto alrededor de 2045. Si las metas ambientales se cumplen, la nueva capital podría alcanzar algunos de sus objetivos de descarbonización antes que el conjunto del país.
Pero levantar edificios y carreteras es solo una parte del desafío. Una capital necesita mucho más que oficinas gubernamentales.
Necesita escuelas, hospitales, comercios, viviendas, espacios culturales, restaurantes, transporte, entretenimiento y una población dispuesta a convertirla en una ciudad real.
Y ahí aparece una de las grandes incógnitas del proyecto.
Los primeros habitantes ya llegaron, pero la ciudad todavía está en construcción
El objetivo final es que Nusantara pueda albergar aproximadamente 1,9 millones de personas. Una parte importante de sus futuros habitantes estará vinculada a la administración pública y a las instituciones nacionales.
Los primeros funcionarios ya comenzaron a trasladarse. Un grupo inicial de alrededor de 10.000 empleados públicos llegó a la nueva capital, convirtiéndose en los primeros habitantes de una ciudad que todavía está lejos de alcanzar la escala prevista.
Su llegada permitió comprobar algo que los planos no siempre muestran.
Una ciudad puede tener edificios modernos, avenidas amplias y tecnología avanzada, pero eso no significa que esté preparada para la vida cotidiana.
Entre los primeros residentes surgieron dudas relacionadas con la disponibilidad de escuelas, actividades recreativas, comercios y otros servicios básicos. La infraestructura continúa desarrollándose mientras la población comienza a instalarse.
Ese proceso será determinante para saber si Nusantara consigue convertirse realmente en una nueva capital o termina siendo un enorme proyecto urbanístico con una ocupación mucho menor de la esperada.
La apuesta de Indonesia es, en cualquier caso, extraordinaria: abandonar progresivamente una capital que enfrenta problemas ambientales y urbanos cada vez más graves y trasladar el corazón administrativo del país a una ciudad diseñada desde cero.
Si el proyecto alcanza sus objetivos, Nusantara no será simplemente una nueva capital.
Será un experimento a escala gigantesca sobre cómo podría construirse una ciudad del futuro desde el primer ladrillo.
[Fuente: El Cronista]