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Ciencia

La Tierra está rodeada de millones de fragmentos de basura espacial. La NASA acaba de enviar una nave para enfrentar un problema cada vez más peligroso

Millones de fragmentos de satélites y cohetes permanecen alrededor de nuestro planeta a velocidades extremas. Una nueva misión de la NASA probará cómo acercarse a estos objetos para facilitar su futura eliminación.
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A cientos de kilómetros sobre nuestras cabezas existe un problema que no deja de crecer. Satélites abandonados, restos de cohetes y millones de fragmentos metálicos permanecen alrededor de la Tierra, algunos desplazándose a velocidades cercanas a los 29.000 kilómetros por hora. Aunque muchos son diminutos, una colisión puede provocar daños graves a las naves espaciales.

Ahora, la NASA está probando una tecnología que podría cambiar la forma de gestionar toda esa basura espacial. El 1 de octubre de 2026 lanzó una nave llamada Otter, desarrollada por la empresa estadounidense Starfish Space, que comenzará a acercarse a objetos fuera de servicio a principios de 2027.

Según explicó la NASA en su comunicado oficial, el objetivo es demostrar sistemas capaces de inspeccionar satélites abandonados y preparar futuras operaciones de mantenimiento o retirada de residuos.

La Tierra está acumulando millones de fragmentos de basura espacial

La Tierra está rodeada de millones de fragmentos de basura espacial. La NASA acaba de enviar una nave para enfrentar un problema cada vez más peligroso
Ilustración de la nave Otter desarrollada por Starfish Space. La misión SSPICY probará maniobras autónomas de aproximación a objetos espaciales fuera de servicio. © Starfish Space/NASA.

La magnitud del problema resulta difícil de imaginar. Según las estadísticas actualizadas de la Agencia Espacial Europea (ESA) al 23 de octubre de 2026, existen aproximadamente 47.270 objetos espaciales catalogados y rastreados regularmente. Sin embargo, esa cifra representa solamente una parte del problema.

Los modelos de la agencia estiman que alrededor de nuestro planeta también permanecen 1,5 millones de fragmentos de entre 1 y 10 centímetros, además de unos 230 millones de partículas de entre 1 milímetro y 1 centímetro. A semejantes velocidades, incluso un fragmento pequeño puede dañar un satélite o poner en peligro una misión tripulada.

La preocupación también tiene consecuencias a largo plazo. En su informe sobre el entorno espacial de 2026, la ESA advierte sobre el riesgo de que las colisiones generen nuevos fragmentos que, a su vez, provoquen más accidentes. Este fenómeno se conoce como síndrome de Kessler y podría dificultar el uso de determinadas regiones orbitales.

Una nave de la NASA estudiará cuatro objetos abandonados sin tocarlos

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Marca producida por el impacto de una pequeña partícula sobre una ventana de la cúpula de observación de la Estación Espacial Internacional. Incluso los fragmentos diminutos pueden causar daños debido a sus velocidades orbitales. © ESA/NASA.

La misión, denominada SSPICY, utilizará la nave Otter 24C para aproximarse a un máximo de cuatro objetos estadounidenses fuera de servicio, incluidos satélites y restos de cohetes.

Su funcionamiento será diferente al de las misiones espaciales convencionales. Gracias a cámaras, sensores y sistemas de navegación autónoma, Otter podrá acercarse a sus objetivos hasta situarse a unos cientos de metros, con una intervención limitada de los controladores terrestres.

Durante esas maniobras analizará la orientación, la velocidad de rotación y las condiciones superficiales de los objetos. La nave también dispone de propulsión eléctrica y un brazo robótico articulado que permite orientar sus propulsores para realizar movimientos precisos. De acuerdo con la documentación técnica publicada por la NASA, el vehículo tiene una masa aproximada de 335 kilogramos y la demostración está prevista para durar alrededor de dos años.

El primer paso hacia un servicio de limpieza espacial

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Técnicos de Starfish Space preparan la nave Otter para la demostración tecnológica SSPICY, lanzada el 1 de octubre de 2026 desde California. © Starfish Space/NASA.

Aunque su objetivo está relacionado con la basura espacial, Otter no retirará ningún objeto durante esta misión. Tampoco intentará capturarlos o acoplarse a ellos.

La intención es probar las tecnologías necesarias para que futuras naves puedan inspeccionar, reparar o trasladar satélites fuera de servicio hacia órbitas desde las que sea posible eliminarlos mediante una reentrada atmosférica controlada. Starfish Space, responsable del vehículo, trabaja precisamente en sistemas de mantenimiento orbital que permitan prolongar la vida útil de los satélites y reducir la generación de residuos.

El desafío es cada vez mayor. Según la ESA, durante 2025 se realizaron más de 300 lanzamientos que colocaron más de 4.000 nuevas cargas útiles en órbita. Con semejante crecimiento, evitar la creación de nuevos residuos ya no parece suficiente: también será necesario gestionar los que permanecen allí.

La misión de Otter representa un primer paso hacia ese escenario. Porque el problema de la basura espacial no consiste solamente en cuánto hemos dejado alrededor de la Tierra, sino en cómo impedir que esos restos terminen haciendo peligrosas las órbitas de las que depende buena parte de nuestra tecnología cotidiana.

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