Durante mucho tiempo, la astronomía tuvo una explicación aparentemente definitiva: las estrellas pueden verse rojas, amarillas, blancas o azules, pero no verdes. Incluso cuando emiten gran cantidad de luz en la región verde del espectro, la combinación con otras longitudes de onda impide que nuestros ojos perciban ese color.
Sin embargo, un equipo de astrónomos de la Universidad de Warwick, en Reino Unido, acaba de encontrar una posible excepción. Se trata de WD J1330+6435, una enana blanca cuya composición atmosférica podría hacerla parecer verde si pudiéramos observarla suficientemente cerca.
El descubrimiento, publicado en la revista científica RAS Techniques and Instruments, cuestiona una idea ampliamente aceptada sobre los colores estelares. Y lo más sorprendente es que no se trata de una estrella convencional, sino del remanente de otra que agotó su combustible hace muchísimo tiempo.
Una estrella verde que parecía imposible según las reglas de la astronomía

Para comprender el hallazgo hay que entender por qué normalmente no vemos estrellas verdes. El color de una estrella depende principalmente de su temperatura y de cómo distribuye la energía a través del espectro visible. Las más calientes suelen parecer azuladas, mientras que las más frías adquieren tonalidades anaranjadas o rojizas.
Curiosamente, nuestro Sol presenta su máxima emisión de luz aproximadamente en la región verde del espectro visible. Sin embargo, no lo vemos verde porque también emite intensamente en otras longitudes de onda, cuya combinación percibimos como blanca. Pero las enanas blancas pueden comportarse de manera diferente. Según explica la Universidad de Warwick en su comunicado oficial, algunas poseen atmósferas extraordinariamente densas que modifican la forma en que la luz atraviesa sus capas exteriores.
En el caso de WD J1330+6435, los investigadores identificaron calcio, litio y sodio, posiblemente procedentes de antiguos cuerpos rocosos destruidos por la gravedad de la estrella. El sodio absorbe una parte importante de las longitudes de onda amarillas, anaranjadas y rojas, favoreciendo una apariencia verde que normalmente no encontramos en otras estrellas.
Los científicos descubrieron que también existen estrellas rosadas y violetas

El equipo dirigido por Mark Hollands analizó espectros estelares y aplicó modelos de visión humana para determinar qué colores presentarían diferentes enanas blancas si sus discos pudieran observarse de cerca.
Los resultados fueron sorprendentes. Además de WD J1330+6435, cuya temperatura ronda los 4.000 grados Celsius, identificaron otras enanas blancas que podrían parecer rosadas, violetas, amarillas o cian. Como recoge un análisis publicado por la revista Nature, estas tonalidades demuestran que la composición química puede modificar considerablemente el aspecto visual de los restos estelares.
Un ejemplo especialmente llamativo es WD J1011+2845, cuya atmósfera rica en carbono produce una tonalidad rosa salmón muy intensa. Los científicos también examinaron una muestra de 151 enanas blancas situadas a menos de 65 años luz de nuestro planeta. Encontraron cinco con colores claramente inusuales, aunque la mayoría seguía presentando una apariencia blanca.
El descubrimiento cambia nuestra forma de imaginar el universo

El hallazgo no significa que podamos salir esta noche y encontrar una estrella verde a simple vista. De hecho, los investigadores aclaran que ninguna enana blanca conocida está suficientemente cerca como para distinguir directamente su disco y apreciar estas tonalidades. Los colores fueron calculados a partir de mediciones espectroscópicas y modelos físicos.
Aun así, el trabajo demuestra que la temperatura no es el único factor que determina el aspecto de una estrella. Su composición atmosférica también puede transformar radicalmente la luz que recibimos. Además, las características químicas de estas enanas blancas ofrecen pistas sobre antiguos sistemas planetarios, cuyos restos pueden terminar incorporados a sus atmósferas.
Durante décadas, las estrellas verdes parecieron pertenecer exclusivamente a la ciencia ficción. Ahora sabemos que, al menos en determinadas enanas blancas, la física permite que existan y que su color sea una consecuencia real de los elementos que contienen.