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Los antiguos romanos utilizaron la nanotecnología para que esta copa cambie de color y ahora unos científicos lograron resolver el misterio de la fórmula que utilizaron

La copa de Licurgo es un artefacto emblemático de la época del imperio romano. Después de 1.600 años se logró entender la maestría técnica de quien creó esta obra maestra.
Por Gayoung Lee Traducido por

Tiempo de lectura 4 minutos

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Durante años la copa de Licurgo cautivó a historiadores del arte, maestros cristaleros, y científicos. Es una copa de cristal del siglo IV, tiempos de los romanos, que según incida la luz cambia de color verde jade a rojo rubí, efecto que para los académicos representaba el misterio que hasta ahora no habían podido reproducir.

En un reciente anuncio la Universidad de Sheffield del Reino Unido informó que sus expertos habían logrado replicar el efecto óptico que se observa en la copa de Licurgo. Como contexto, la copa está hecha de cristal dicroico, material que cambia de color dependiendo del ángulo de observación. La investigación que se había hecho a mediados del siglo XX indicaba que unas diminutas nanopartículas de oro y plata, más pequeñas que el largo de onda de la luz, contribuían a ese singular cambio de color. Ahora, el equipo encabezado por Lisa Hollands, especialista técnica en cristal y cerámica de Sheffield, es el primero que en realidad demuestra en tiempos modernos la receta reproducible y que además, funciona.

“Acepté el desafío sabiendo que tal vez no funcionara porque sabía que no era tan sencillo como tan solo introducir nanopartículas en el cristal”, le dijo Hollands a Gizmodo. El proyecto comenzó como pedido del equipo de fotónica de la universidad para conocimiento público pero se convirtió en un “mini proyecto de investigación” con fascinantes implicaciones para la ciencia, añadió.

¿Impurezas? ¿O el truco de un genio?

Según el Museo de Cristal en Corning, las diatretas (vasos o copas de bronce o vidrio con trabajo de relieve) se cuentan “entre los ejemplos más raros del cristal de lujo de los romanos”. Por cierto, no hace falta ser un maestro del cristal para apreciar la maestría que se requiere para crear una diatreta. Pero la copa de Licurgo es más inusual porque el diseño del relieve es figurativo en lugar de geométrico, explicó Hollands.

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©Lazar Pejović via Wikimedia Commons

En su mayoría, estas copas tienen patrones geométricos circulares pero la copa de Licurgo tiene una escena gráfica en que el dios griego Dionisio y otros más, atormentan al rey Licurgo de Tracia. Según Hollands, el trabajo científico que se hizo en el pasado utilizó diminutas astillas del cristal y se encontró “evidencia de nanopartículas de oro y plata en capas” en una proporción de 3 partes de oro por cada 7 partes de plata, aunque no había partículas individuales de oro y plata.

“Al examinarla se observó que las partículas eran de unos 50 a 80 nanómetros con un núcleo de plata y una cubierta de oro, y que también contenían algo de cobre”, añadió. “Aunque se han definido fragmentos de la copa, los intentos por fundir el cristal de manera exitosa y reproducible fueron limitados, con resultados similares a los de la copa”.

Partículas pequeñas y una gran diferencia

Esas diminutas nanopartículas marcan una diferencia enorme. Según Hollands, la luz que se refleja en la superficie de cristal se dispersa a causa de las nanopartículas y el cristal se ve opaco y verde por el contenido de hierro y el reflejo de la luz en diferentes direcciones. Las cosas se complican un poco más cuando la luz atraviesa el cristal, explicó.

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©Marie-Lan Nguyen via Wikimedia Commons

“Como las nanopartículas son mucho más pequeñas que el largo de onda de la luz, las ondas de luz pueden afectar los electrones externos en los átomos de la partícula, haciendo que vibren”, explicó Hollands.

“Los diferentes largos de onda afectarán a estos electrones externos dependiendo de la forma, tamaño y composición de las partículas, y algunas harán que los electrones reaccionen, lo que crea el efecto de bloquear ese color”, agregó.

Al estilo de Roma

Es ese el mecanismo de la réplica que creó el equipo, cuyas partículas de aleación de plata y oro tienen el efecto de bloquear el azul y el verde, permitiendo que pasen el rojo y el naranja. En lugar de buscar alternativas modernas el equipo de Hollands intentó simular los materiales a los que habrían tenido acceso los artesanos romanos del siglo IV.

Por ejemplo, fundir el vidrio, que químicamente es muy complejo al estar fundido, en un horno a gas produjo resultados mucho mejores que en hornos eléctricos. El equipo necesitó una temperatura más elevada de la que podrían alcanzar los romanos para lograr una muestra fundida y casi líquida, pero encontraron formas creativas de contrarrestar esos efectos, según explicó Hollands.

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©Marie-Lan Nguyen via Wikimedia Commons

“Lo asombroso de esta fórmula es que el vidrio se cristaliza solo. Logramos el efecto sin la necesidad de un complejo tratamiento de calor para que los cristales adquieran el tamaño correcto ya que se producen solos por recocido para aliviar la tensión”.

Una exhibición especial

El equipo de Hollands logró hacerlo con mínima financiación en tan solo cuatro meses. Pero ella sentía que su producto, que era muy bueno, se podía mejorar. Eso dio como resultado una cantidad de vidrio suficiente como para recrear la copa de Licurgo. Si eres fan del reality Blown Away (competencia de sopladores de vidrio) en Netflix como yo, te alegrará saber que el artista convocado para hacerlo fue Elliot Walker, ganador de la segunda temporada. La pieza debutará en el Festival de la Mente de Sheffield, tras lo cual se sumará a la colección permanente del Museo Turner del Cristal, de la universidad.

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©Ed Cartledge, Sort of Films

“Sigo investigando y al trabajar con científicos de otros lugares del mundo espero descubrir qué tan cerca estoy de reproducir el color para que podamos refinar la receta aún más. Eso muestra que el personal técnico de las universidades puede producir cosas maravillosas si se les da algo de espacio, tiempo y apoyo”, dijo Hollands.

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