Durante más de mil años, una enorme torre se alzó frente a las costas de Egipto para guiar a los barcos que llegaban a Alejandría. Era una de las estructuras más impresionantes de la Antigüedad y terminó convirtiéndose en una de las siete maravillas del mundo antiguo. Sin embargo, los terremotos acabaron destruyéndola y buena parte de su historia quedó enterrada entre ruinas y bajo las aguas del Mediterráneo.
Ahora, casi seis siglos después de su desaparición definitiva, un pequeño objeto encontrado bajo el mar ha devuelto a los arqueólogos una imagen de aquel monumento legendario.
Se trata de un anillo de bronce que lleva grabada una representación del Faro de Alejandría. La pieza apareció durante unas excavaciones submarinas realizadas en los restos del antiguo barrio real de la ciudad, en una zona que actualmente permanece sumergida.
El hallazgo fue anunciado el 7 de octubre por el Instituto Europeo de Arqueología Submarina, dirigido por el arqueólogo francés Franck Goddio. Y aunque el objeto es diminuto en comparación con las ruinas que lo rodean, podría aportar información sobre cómo funcionaba la administración de uno de los monumentos más importantes del mundo antiguo.
Un anillo de bronce apareció entre las ruinas de un palacio hundido
El descubrimiento se produjo en la isla de Antirhodos, que antiguamente formaba parte del Portus Magnus, el gran puerto de Alejandría. Allí se encontraba uno de los complejos palaciegos de la dinastía ptolemaica, construido en una zona privilegiada de la ciudad.
El territorio terminó sumergido como consecuencia de los cambios geológicos que afectaron a la costa alejandrina. Durante décadas, los equipos de arqueología submarina han trabajado para recuperar fragmentos de aquella ciudad desaparecida.
Entre los objetos encontrados durante la última campaña apareció un anillo-sello con una representación en relieve del famoso faro. Lo extraordinario es que, según explicaron los responsables de la excavación, se trata del primer anillo-sello conocido que incorpora una imagen de este monumento.
La representación presenta semejanzas con las que aparecen en monedas acuñadas durante el siglo II después de Cristo. Estas imágenes son especialmente valiosas porque permiten conocer cómo los habitantes de la Antigüedad representaban una construcción que ya no existe. Sin embargo, todavía no se ha establecido una datación definitiva del anillo ni se conoce la identidad de su propietario.
La verdadera sorpresa podría estar en el lugar donde apareció

Para Franck Goddio, ese contexto resulta particularmente interesante. En declaraciones recogidas por The National, el arqueólogo señaló que el hallazgo podría indicar que el edificio albergó oficinas dedicadas a funciones administrativas, posiblemente relacionadas con el funcionamiento del propio faro.
La hipótesis plantea que el complejo palaciego pudo continuar teniendo funciones institucionales incluso después de perder parte de su papel como residencia real.
No obstante, el anillo no demuestra por sí solo que su propietario trabajara en la administración del faro. Su presencia constituye una pista arqueológica que deberá interpretarse junto con otros materiales y estructuras encontrados en el mismo lugar.
Una maravilla de más de 100 metros que desapareció entre terremotos
El Faro de Alejandría fue construido durante el siglo III antes de Cristo, bajo la dinastía ptolemaica. Se levantaba en la isla de Faros y alcanzaba, según algunas estimaciones, unos 130 metros de altura, convirtiéndose en una de las construcciones más altas de su época.
Durante siglos sirvió como referencia para las embarcaciones que entraban en el puerto y como símbolo de la riqueza y el poder de Alejandría. Sin embargo, una sucesión de terremotos acabó debilitándolo hasta provocar su desaparición.
Según la reconstrucción histórica del proyecto PHAROS, del Centre d’Études Alexandrines, el terremoto de 1303 marcó el comienzo de su declive definitivo. En el siglo XV, el monumento ya había quedado reducido a ruinas y en su emplazamiento se construyó posteriormente la fortaleza de Qaitbay.
Las investigaciones arqueológicas han recuperado miles de bloques y fragmentos arquitectónicos en el fondo del Mediterráneo. Actualmente, los científicos trabajan con modelos tridimensionales para reconstruir digitalmente la estructura original.
El nuevo anillo aporta una clase diferente de información: no es una parte del edificio, sino un objeto que demuestra cómo su imagen circulaba entre los habitantes de la antigua Alejandría.
Una pequeña pieza que podría cambiar lo que sabemos sobre la ciudad sumergida
La campaña arqueológica continúa explorando cuatro sectores del antiguo puerto oriental, incluyendo el templo de Isis, los restos del palacio de Antirhodos y el Timonium, asociado históricamente con Marco Antonio.
La zona forma parte de un conjunto de estructuras que comenzaron a investigarse sistemáticamente en 1992. Como documenta el Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto, las exploraciones han permitido reconstruir la disposición original del puerto y localizar palacios, templos y otras construcciones que permanecieron sumergidas durante siglos.
El anillo no resuelve todos los misterios del faro, pero abre una vía de investigación especialmente interesante: comprender las conexiones entre el monumento y las instituciones que administraban la ciudad.
Una pieza que cabía en la mano podría ayudar a reconstruir cómo funcionaba una de las mayores maravillas arquitectónicas de la Antigüedad. Y mientras los arqueólogos continúan explorando las ruinas de Alejandría, el Mediterráneo sigue conservando fragmentos de una historia que todavía estamos lejos de conocer por completo.