Saltar al contenido
Ciencia

Nuestro ADN cuenta una historia inesperada: sapiens, neandertales y denisovanos tuvieron descendencia juntos

Los humanos modernos no reemplazaron simplemente a los grupos humanos que encontraron al salir de África. Se mezclaron con ellos. Hoy, millones de personas conservan fragmentos de ADN neandertal y denisovano que todavía influyen en características como la inmunidad y la adaptación a ambientes extremos.
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

Durante mucho tiempo, la historia de nuestra especie parecía relativamente sencilla: Homo sapiens surgió en África, salió del continente y terminó reemplazando a las poblaciones humanas que ya habitaban Eurasia.

El ADN antiguo cambió esa historia.

Los genomas recuperados de restos de neandertales y denisovanos demostraron que nuestros antepasados no solo coincidieron con ellos. También tuvieron descendencia.

El ADN neandertal que todavía llevamos dentro

Uno de los grandes puntos de inflexión llegó en 2010, cuando el equipo de Svante Pääbo presentó el primer borrador del genoma neandertal.

Las comparaciones mostraron que las personas actuales con ascendencia mayoritariamente fuera de África conservan alrededor de un 1% a un 2% de ADN heredado de neandertales.

El principal episodio de mezcla ocurrió aproximadamente hace entre 50.000 y 60.000 años, después de que grupos de Homo sapiens abandonaran África y comenzaran a extenderse por Eurasia.

Pero aquella no fue necesariamente la primera vez que ambos linajes se encontraron. Un estudio identificó además flujo genético de humanos modernos hacia neandertales de Siberia hace alrededor de 100.000 años, señal de que las primeras migraciones fuera de África fueron más complejas de lo que se pensaba.

Neandertales y denisovanos desaparecieron, pero una parte de ellos sigue viva en nosotros
© Mysterious Archaeology – Youtube.

Los denisovanos fueron descubiertos gracias a su ADN

La historia de los denisovanos es todavía más peculiar.

En 2010, los científicos secuenciaron ADN obtenido de un pequeño hueso de dedo encontrado en la cueva de Denisova, en Siberia. El resultado reveló un linaje humano hasta entonces desconocido.

El análisis posterior mostró que los denisovanos estaban estrechamente emparentados con los neandertales y que también se mezclaron con nuestros antepasados.  La huella es especialmente importante en poblaciones de Oceanía. El estudio original calculó que aproximadamente entre un 4% y un 6% del genoma de poblaciones melanesias procedía de denisovanos.

Otros análisis han identificado diferentes señales denisovanas en Asia, lo que apunta a varios episodios de mezcla con poblaciones arcaicas distintas.

Denny: hija de dos mundos humanos

La prueba más espectacular de estos encuentros apareció en otro fragmento de hueso de Denisova.

La joven conocida como Denny vivió hace unos 90.000 años. Su genoma reveló que su madre era neandertal y su padre denisovano.

Era, literalmente, una híbrida de primera generación.

Además, su padre ya poseía cierta ascendencia neandertal, lo que demuestra que los cruces entre ambos grupos habían ocurrido anteriormente. El descubrimiento convirtió una idea inferida a partir de estadísticas genéticas en algo mucho más tangible: diferentes grupos humanos llegaron a encontrarse y formar familias.

Parte de ese ADN resultó útil

La mayoría de las variantes arcaicas desaparecieron progresivamente de nuestro genoma, probablemente porque resultaban neutras o perjudiciales.

Pero otras ofrecieron ventajas.

Uno de los ejemplos más conocidos es EPAS1, una variante relacionada con la capacidad de las poblaciones tibetanas para vivir a gran altitud con niveles relativamente bajos de hemoglobina. La evidencia genética apunta a que esta adaptación procede de una población relacionada con los denisovanos.

También se han identificado fragmentos arcaicos relacionados con el sistema inmunitario, incluidos genes de receptores Toll implicados en la respuesta frente a microorganismos. La mezcla pudo proporcionar a los Homo sapiens recién llegados una especie de “atajo evolutivo”: variantes que otros humanos ya habían adquirido tras cientos de miles de años viviendo en Eurasia.

Nuestra evolución se parece más a una red que a un árbol

La genética ha terminado complicando la imagen clásica de la evolución humana.

Neandertales, denisovanos y Homo sapiens se separaron durante cientos de miles de años, pero esos linajes no permanecieron completamente aislados. Cuando volvieron a encontrarse, intercambiaron genes.

Por eso, nuestra historia evolutiva se parece cada vez menos a un árbol formado por ramas independientes y más a una red en la que algunas ramas vuelven a conectarse. Neandertales y denisovanos desaparecieron como poblaciones diferenciadas hace decenas de miles de años.

Pero una pequeña parte de ellos nunca desapareció del todo: continúa dentro del genoma de miles de millones de seres humanos actuales.

 

 

Fuente: Noticias de la Cienia y la Tecnología.

Compartir esta historia

Artículos relacionados