Photo: CNSA / Universidad de Zhejiang

Parece que estamos en medio de una nueva carrera espacial. El miércoles, la sonda New Horizons de la NASA envió a la Tierra la imagen más clara del objeto más distante jamás visitado: el asteroide Ultima Thule, en el cinturón de Kuiper. Al día siguiente, la sonda Chang’e 4 de la agencia espacial china se convirtió en el primer artefacto humano en aterrizar sobre la cara oculta de la Luna.

Ambos son eventos significativos para la exploración espacial: uno por todo lo que puede enseñarnos sobre el origen del sistema solar y otro por lo que significa conquistar el lado más alejado de nuestro satélite. Pero, si tengo que elegir, me quedo con las increíbles fotos que llegan con cuentagotas de la agencia espacial china. Sobre todo con la que aparece sobre estas líneas.

Al estar en la cara oculta, la comunicación directa entre Chang’e 4 y la Tierra es imposible, así que China lanzó al espacio un satélite acompañante llamado Quèqiáo que orbita la Luna desde el punto de Lagrange L2 (a 65.000-80.000 km del satélite) y reenvía las señales de la sonda a nuestro planeta a modo de repetidor. Quèqiáo ya ha tomado varias imágenes de la Tierra y la Luna, entre ellas la que muestra ambos lados del satélite iluminados por el sol (en inglés, a la cara oculta se le llama “dark side of the Moon” y hay quien piensa que no le llega luz del Sol, pero no es así).

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No es la primera foto de la Tierra y la Luna juntos que hace la agencia espacial China. Ya en 2014, el módulo de servicio de la misión Chang’e-5 T1 envió varias imágenes que mostraban lo oscuro que es en realidad nuestro satélite en comparación con nuestra propia atmósfera, cuyas nubes reflejan la luz del sol con mucha más intensidad que su objeto más cercano.

Lo más alucinante de todo (y volvemos a la nueva carrera espacial que se está despertando) es que estas no son las únicas fotos de la Tierra y la Luna que se han publicado últimamente. Este viernes, la sonda OSIRIS-REx de la NASA compartió una alucinante imagen de nuestro planeta junto a su eterno acompañante tomada desde la superficie de un asteroide: el pequeño Bennu, un objeto de 490 metros de diámetro del que se están recogiendo muestras para traer de regreso a la Tierra en 2023. Vivimos en el futuro.