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La verdadera diferencia entre homeopatía, naturopatía y fármacos (pista: una no tiene sentido)

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Imagen: Pixabay

Aunque muchas veces en el mismo saco, los llamados remedios naturales o naturopatía, poco o nada tienen que ver con otro término en boca de todos, la homeopatía. Además, ninguno de estos dos se puede considerar un producto farmacéutico. Esta es la verdadera diferencia entre todos ellos.

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Lo cierto es que la principal diferencia entre estos términos tiene que ver con lo que ofrecen en realidad como remedios contra las enfermedades. Una pista: la naturaleza y las terapias relacionadas con ella a veces funcionan, en cambio, la rabia diluida en la saliva de un perro no.

Cuentan en un estupendo artículo sobre el tema en Popular Science que la misma aspirina, esa que hoy funciona como el fármaco por excelencia en cientos de culturas, nació de la propia naturaleza.

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Los sumerios usaron la corteza de sauce hace 4.000 años para tratar dolores de todo tipo. También lo hicieron los egipcios después de ellos, y los chinos y los griegos, pero no fue hasta el final del siglo XX que alguien se molestó en aislar el ingrediente activo y comenzar a fabricarlo en píldoras.

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Así nacía la aspirina, y aunque pocos lo supieran (incluso hoy), aquello fue un triunfo de la medicina natural, el sauce contenía uno de los mejores medicamentos para aliviar el dolor de cabeza. Lo mismo ocurre actualmente con muchos de los medicamentos actuales que provienen de plantas. No quiere decir que todos funcionen, pero sí que a veces los remedios naturales lo hacen.

Más ejemplos: las plantas de dedalera pueden tratar la insuficiencia cardíaca porque contienen digitálicos. La corteza de Cinchona y la artemisia en realidad tratan y previenen la malaria porque ambas contienen quinina.

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Incluso las naranjas podrían prevenir el escorbuto porque están llenas de vitamina C y contienen ácido ascórbico. Esta es la razón por la cual casi todas las naturopatías, aunque no están científicamente comprobadas, son benignas en el mejor de los casos hoy en día.

¿Y la homeopatía? Todo lo contrario. A diferencia de las historias de la antigüedad que contábamos al comienzo con el sauce o la quinina, la homeopatía solo se inventó hace unos 200 años. Se basa en el principio de que “los remedios homeopáticos se diluyen tanto que el ingrediente activo esencialmente no existe”, y usa pequeñas cantidades de compuestos derivados de plantas, animales y sustancias no vivas.

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Incluso si algunos de los remedios utilizados como ingredientes activos en medicamentos homeopáticos curaban dolores de cabeza y dolor en las articulaciones, diluirlos miles de veces solo perjudicaría su capacidad para ayudarlo. Según explica el NIH sobre la condición:

Hay poca evidencia para apoyar la homeopatía como un tratamiento efectivo ante cualquier condición específica. Además, varios conceptos clave de la homeopatía son inconsistentes con conceptos fundamentales de química y física.

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Por su parte, el Consejo Asesor Científico de Academias Europeas concluye de manera similar:

No hay enfermedades conocidas para las que exista evidencia sólida y reproducible de que la homeopatía es efectiva más allá del efecto placebo. Las afirmaciones de la homeopatía son inverosímiles e inconsistentes con los conceptos científicos establecidos.

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Cuentan en Popsci que aunque los remedios naturales no están regulados por la FDA (al igual que los homeopáticos), “tienden a ser más seguros que los homeópatas; ya que no diluyen el ingrediente activo, por lo que no usan tóxicos para curar el dolor de cabeza”.

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¿Y los productos farmacéuticos no son tóxicos? Como apuntan en el reportaje, muchos medicamentos en el mercado tienen efectos secundarios graves, y muchos agentes quimioterapéuticos funcionan matando las células buenas junto con las malas.

Sin embargo, la gran diferencia y la más importante entre estas drogas y los remedios naturales u homeopáticos, es que los productos farmacéuticos están regulados, por tanto, los fabricantes deben divulgar todos los posibles efectos secundarios, y sus medicamentos se prueban antes para asegurarse de que ayudan a la enfermedad para la que se recetaron. [Popular Science, NIH, Easac]

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