El calentamiento ya está reduciendo las cosechas
El cambio climático no representa únicamente una amenaza futura para la agricultura. Las temperaturas extremas y las sequías ya están reduciendo el rendimiento de algunos de los cultivos más importantes del planeta y generando pérdidas económicas de miles de millones de dólares.
Investigadores del Instituto Internacional de Análisis de Sistemas Aplicados, en Austria, y de la Universidad de Quebec en Montreal estudiaron la evolución del maíz, el trigo y la soja. Estos tres cultivos desempeñan un papel central en la alimentación humana, la producción ganadera y el comercio internacional.
El equipo calcula que los impactos climáticos sobre sus rendimientos provocaron pérdidas globales cercanas a los 400.000 millones de dólares entre 2000 y 2019. Esto equivale a más de 20.000 millones anuales, aunque el impacto económico no se repartió de manera uniforme entre los países.

Una fórmula construida con décadas de datos
Los investigadores desarrollaron un modelo estadístico relacionando los registros históricos de calor extremo y sequía con los datos nacionales de rendimiento agrícola recopilados por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.
La primera etapa utilizó información comprendida entre 1974 y 2004 para calcular cómo respondían los cultivos a diferentes condiciones climáticas. Después, la fórmula fue validada con datos independientes correspondientes al periodo entre 2007 y 2019.
El modelo consiguió reproducir con bastante precisión las variaciones reales observadas durante esos años. Sus resultados indican que el calor y la falta de agua redujeron aproximadamente un 3,5% el rendimiento conjunto del maíz, el trigo y la soja respecto a una situación climática estable.
El porcentaje puede parecer reducido, pero aplicado a la producción mundial representa una enorme cantidad de alimentos y dinero. Además, las pérdidas normalizadas según el producto interior bruto fueron 2,5 veces mayores en los países menos desarrollados que en las economías ricas.
El equivalente a la alimentación de 2.000 millones de personas
Una vez validado el modelo, el equipo lo utilizó para explorar el futuro bajo un escenario de emisiones elevadas. Las proyecciones difundidas por los investigadores apuntan a que los rendimientos podrían caer alrededor de un 35% para 2100.
La producción perdida sería comparable con la cantidad de estos cultivos consumida por unos 2.000 millones de personas durante todo un año. En términos económicos, las pérdidas anuales podrían superar los 161.000 millones de dólares, unas ocho veces más que las actuales.
El resumen presentado en la Asamblea General de la Unión Europea de Geociencias ofrece una proyección algo más prudente para un horizonte anterior: señala que las pérdidas anuales podrían cuadruplicarse entre 2019 y 2070 bajo el escenario SSP3-7.0. También estima que una trayectoria de desarrollo sostenible y bajas emisiones evitaría daños por unos 40.000 millones de dólares.

Los países agrícolas serían los más vulnerables
Las pérdidas afectarían tanto a economías desarrolladas como a países pobres. Sin embargo, las consecuencias serían especialmente graves donde gran parte de la población trabaja en la agricultura o depende directamente de las cosechas para alimentarse.
Una disminución simultánea en grandes regiones productoras también podría elevar los precios, reducir las exportaciones y trasladar la crisis a países que dependen de la importación de cereales y soja.
El cálculo todavía tiene limitaciones
El análisis se concentra únicamente en tres cultivos y considera principalmente el calor extremo y la sequía. No incorpora por completo otros riesgos relacionados con el cambio climático, como inundaciones, granizo, nuevas plagas o tormentas intensas.
Además, se trata de resultados presentados en un congreso científico, no todavía de un artículo completo revisado por pares. Las proyecciones hasta 2100 también acumulan incertidumbre porque no pueden anticipar todas las innovaciones agrícolas, cambios de dieta o medidas de adaptación.
Modificar las fechas de siembra, mejorar el riego y desarrollar variedades resistentes puede reducir parte de las pérdidas. Sin embargo, la advertencia central permanece: cuanto más aumenten las temperaturas, más difícil y costoso será producir los alimentos de los que depende buena parte del planeta.