El comercio mundial de especies silvestres es mucho más grande de lo que se pensaba. Una nueva investigación científica reveló que al menos 107.356 especies de animales, plantas y hongos son utilizadas o comercializadas en diferentes mercados del planeta, una cifra que supera ampliamente las estimaciones anteriores.
El estudio, dirigido por investigadores de la Universidad de Melbourne y publicado el 30 de octubre de 2026 en la revista Science Advances, cuestiona el conocimiento que existía sobre una industria que mueve miles de millones de dólares cada año.
Hasta ahora, los especialistas calculaban que alrededor de 50.000 especies participaban en este comercio. Sin embargo, el nuevo análisis demuestra que la cifra real es más del doble y podría ser todavía mayor.
Más de 107.000 especies participan en un mercado difícil de controlar
La investigación fue encabezada por Alice Hughes, especialista en biodiversidad de la Universidad de Melbourne.
Para elaborar una evaluación global, el equipo reunió información de diferentes organismos internacionales, registros comerciales y plataformas de venta por internet.
Los resultados mostraron que el comercio de especies silvestres abarca mucho más que el tráfico ilegal de animales amenazados. También incluye madera, plantas medicinales, peces ornamentales, hongos, flores y animales exóticos comercializados como mascotas.
De hecho, gran parte de estas operaciones son legales, aunque eso no significa necesariamente que sean sostenibles o que no representen riesgos para las poblaciones naturales. El principal problema es que numerosos países no registran de manera sistemática qué especies se comercializan, en qué cantidades y de dónde proceden.

El comercio de mascotas exóticas preocupa especialmente a los científicos
Uno de los sectores que más inquieta a los investigadores es el mercado internacional de animales exóticos. Reptiles, anfibios, arañas y otras especies poco comunes pueden alcanzar precios elevados entre coleccionistas.
En algunos casos, los animales comienzan a comercializarse poco después de haber sido descubiertos y descritos científicamente.
Esto resulta especialmente preocupante cuando se trata de especies que habitan regiones muy pequeñas y tienen poblaciones reducidas. La extracción de ejemplares de su ambiente natural puede ejercer una presión considerable sobre especies que todavía no cuentan con medidas de protección adecuadas.
Entre los ejemplos mencionados por los investigadores aparecen determinadas tarántulas y geckos cavernícolas, que pueden resultar especialmente atractivos para el mercado de mascotas.
Los científicos desconocen cuántas especies están realmente amenazadas
Aunque el estudio identificó más de 107.000 especies utilizadas o comercializadas, sus autores advierten que no es posible determinar cuántas están amenazadas por esta actividad.
El problema es la falta de información sobre las cantidades extraídas, su procedencia y el estado de las poblaciones silvestres. Investigaciones anteriores encontraron disminuciones importantes en algunas poblaciones sometidas a presión comercial, pero esos resultados no pueden extrapolarse a todas las especies.
Además, el comercio internacional puede favorecer la propagación de enfermedades, parásitos y especies invasoras que alteran los ecosistemas.
Europa también tiene problemas para controlar el comercio de fauna exótica
La investigación señala que Europa constituye uno de los principales mercados de animales exóticos, especialmente reptiles y arácnidos.
Países como Alemania y Polonia destacan entre los grandes importadores de estas especies.
Sin embargo, los científicos no disponen de información suficientemente detallada y accesible para evaluar el verdadero alcance de las importaciones europeas. En comparación, Estados Unidos cuenta con el sistema LEMIS, que permite consultar registros sobre numerosas especies comercializadas.
Los investigadores consideran que mejorar la transparencia de estos datos ayudaría a identificar operaciones sospechosas y detectar actividades que podrían perjudicar la biodiversidad.

La solución podría estar en mejorar los registros internacionales
Los autores proponen aprovechar los sistemas aduaneros y sanitarios existentes para recopilar información más completa sobre el comercio de especies silvestres.
También consideran fundamental establecer criterios comunes entre países para conocer el origen de los ejemplares y evaluar si su extracción es sostenible. Estas medidas permitirían identificar poblaciones vulnerables antes de que sufran disminuciones graves.
El descubrimiento demuestra que el comercio mundial de especies silvestres es mucho más amplio de lo que indicaban las cifras oficiales, pero también deja una advertencia: todavía desconocemos buena parte de sus consecuencias ambientales.
Para los científicos, proteger la biodiversidad exige primero comprender qué especies se comercializan, en qué cantidades y cómo afecta esta actividad a su supervivencia.
Porque sin información suficiente, resulta extremadamente difícil proteger aquello que ni siquiera sabemos que está siendo explotado.