En 1965, las autoridades de París comenzaron una excavación frente a la famosa catedral de Notre-Dame con un objetivo aparentemente sencillo: construir un estacionamiento subterráneo. Sin embargo, lo que encontraron bajo el pavimento cambió por completo los planes y permitió recuperar una parte desconocida de la historia de la ciudad.
Los trabajos revelaron estructuras que pertenecían a diferentes períodos históricos, incluyendo construcciones de la antigua ciudad romana de Lutecia, asentamientos medievales y edificios del siglo XVIII.
El descubrimiento fue tan importante que las excavaciones continuaron hasta 1972 y terminaron dando origen a la Cripta Arqueológica de la Île de la Cité, un museo subterráneo que todavía conserva estos vestigios.
Una ciudad romana escondida bajo la catedral de Notre-Dame
Los primeros hallazgos demostraron que el subsuelo de la plaza escondía mucho más que los cimientos de antiguos edificios.
Los arqueólogos encontraron restos de muelles portuarios romanos, viviendas equipadas con sistemas de calefacción y una muralla defensiva construida durante el siglo IV.
Entre los elementos más sorprendentes aparecieron estructuras conocidas como hipocaustos, un sistema utilizado por los romanos para distribuir aire caliente por debajo de los pisos. Estas instalaciones permitían calefaccionar determinadas habitaciones y espacios de baños públicos, demostrando el avanzado desarrollo técnico de la antigua Lutecia.
También se descubrieron vestigios de instalaciones vinculadas al antiguo puerto del Sena, que desempeñó un papel fundamental en el crecimiento comercial de la ciudad.
Los arqueólogos encontraron más de 2.000 años de historia superpuestos
Uno de los aspectos más interesantes del hallazgo fue la superposición de construcciones pertenecientes a distintas épocas.
Sobre los restos romanos aparecieron pozos, sótanos y estructuras medievales, además de fragmentos de la antigua calle Rue Neuve Notre-Dame. También se identificaron los cimientos del Hospice des Enfants-Trouvés, una institución del siglo XVIII destinada a recibir niños abandonados.
Cada capa arqueológica permitió reconstruir cómo París fue transformándose durante más de dos milenios, conservando vestigios de ciudades anteriores bajo sus calles modernas.

El hombre que consiguió salvar los restos arqueológicos
La conservación de este patrimonio estuvo vinculada al trabajo de Michel Fleury, historiador y responsable de antigüedades de la región de Île-de-France.
Ante la importancia de los descubrimientos, Fleury impulsó modificaciones en el proyecto original para incorporar un espacio destinado a proteger y exhibir los restos.
La cripta comenzó a acondicionarse en 1974 y finalmente abrió sus puertas al público en 1980.
Actualmente, el museo ocupa aproximadamente 2.200 metros cuadrados bajo la plaza de Notre-Dame, convirtiéndose en uno de los principales testimonios arqueológicos del origen de París.
Las obras de Notre-Dame vuelven a poner el foco en su pasado
Más de medio siglo después del descubrimiento, el entorno de Notre-Dame atraviesa una nueva transformación urbana.
La ciudad de París desarrolla un proyecto de remodelación de la plaza que contempla incorporar vegetación, mejorar los recorridos peatonales y transformar el antiguo estacionamiento en un espacio de recepción para visitantes.
Durante 2026 también se realizaron excavaciones arqueológicas preventivas para estudiar los restos que podrían verse afectados por las nuevas obras.
Los trabajos incluyeron un sector de aproximadamente 30 metros de longitud y cuatro metros de profundidad.
Según la planificación municipal, las intervenciones sobre la plaza continuarán hasta 2028, mientras que otras actuaciones en el entorno de la catedral se extenderán posteriormente.
Un tesoro histórico oculto bajo uno de los monumentos más visitados del mundo
La Cripta Arqueológica de la Île de la Cité permite recorrer parte de la evolución urbana de París, desde su pasado romano hasta las grandes transformaciones de la ciudad moderna.
Lo más sorprendente es que millones de turistas visitan cada año Notre-Dame sin imaginar que, apenas unos metros bajo sus pies, permanecen los restos de construcciones levantadas muchos siglos antes que la propia catedral.
Lo que comenzó como una simple obra para estacionar automóviles terminó convirtiéndose en una oportunidad extraordinaria para descubrir cómo nació y evolucionó una de las ciudades más famosas del mundo.