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Lo que los arqueólogos creían que era un templo romano en realidad podría ser una biblioteca de 1.700 años de antigüedad

Mediante un ángulo de estudio innovador los científicos reevaluaron una sala que se pensaba como santuario, y hallaron más evidencia de que se trataba de una biblioteca inusual.
Por Gayoung Lee Traducido por

Tiempo de lectura 3 minutos

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Aunque hay numerosos registros de bibliotecas romanas hay una única biblioteca preservada cuyos documentos están más o menos intactos: la Villa de los Papiros de Herculano. A veces, sin embargo, los arqueólogos tienen un golpe de suerte.

Cuando se descubrió la villa de Fuente Álamo en España, una sala en particular con gráficos de dioses romanos hizo que pensaran que lo que veían era un Mithraeum, o santuario dedicado al dios Mitras. Décadas más tarde los investigadores volvieron al sitio con tecnología más moderna, y hallaron evidencia de que esa cámara a la que llamaron Sala 10 se parecía más a una biblioteca. Si el nuevo análisis está en lo correcto, se trataría de la biblioteca más antigua que se conozca en la Península Ibérica, y de una de las bibliotecas de la era romana mejor preservada.

Un equipo de arqueólogos españoles de la Universidad de Granada, España, llevaron a cabo el trabajo de investigación y publicaron los resultados en el Journal of Mediterranean Archaeology. En declaraciones sobre el descubrimiento la universidad explicó que los hallazgos “no solo permiten reinterpretar este espacio clave en la villa Fuente Álamo sino, además, brindan nuevos criterios metodológicos para la identificación arqueológica”.

Perdida en la historia

El imperio romano construyó muchas de las grandes bibliotecas más grandiosas de la antigüedad, como por ejemplo las de Alejandría y Pérgamo, que servían como nodos primarios del aprendizaje, la investigación y la filosofía de esos tiempos. Pero hay un problema: solo sabemos sobre esas bibliotecas gracias a registros detallados y, con algo de suerte, por algunas antiguas columnas o paredes semiderruidas del edificio que alguna vez existió.

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©Antonio López García/University of Granada

Eso significa que es escasa la evidencia física de tales bibliotecas y además, la única que se conoce con sus colecciones preservadas, la Villa de los Papiros, sufrió la destrucción causada por la erupción del monte Vesubio (fue solo gracias a la avanzada tecnología y a los fondos que recaudó Silicon Valley que ahora podemos saber algo de lo que hay en los rollos carbonizados).

El hallazgo de una biblioteca

Según las declaraciones, uno de los grandes obstáculos para identificar las bibliotecas romanas es que por lo general los libros y las estanterías de madera ya no están, por deterioro o por destrucción humana. Para su estudio el equipo eludió esos problemas utilizando una técnica de computación, la gramática de formas, que considera la función específica de los elementos arquitectónicos de una sala. Junto con los métodos arqueológicos tradicionales esta técnica ayuda a mejorar la forma en que se interpretan esos elementos.

A partir de ese análisis el equipo encontró que muchos de los elementos de la Sala 10 se condecían con la distribución y el estilo de construcción de las bibliotecas romanas, no de los Mithraeum. Por ejemplo, hay un ábside, nichos rectangulares adecuados para instalar estanterías, un podio elevado y salas más pequeñas que servirían como espacios de trabajo o almacenamiento. El equipo señala en las declaraciones que los mosaicos hallados cerca de la sala representan escenas de enseñanza y aprendizaje.

Aunque los resultados se basan en un análisis más estadístico las futuras investigaciones podrán ayudar a respaldar esta interpretación. Y si la conclusión es correcta, la pequeña sala podría ser la biblioteca documentada más antigua de la Península Ibérica. Dada la escasez de bibliotecas romanas que todavía perduran, se trata de un hallazgo de gran importancia.

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