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Japón estuvo a punto de declarar invasores a los gatos callejeros, pero la reacción pública frenó el plan

El Gobierno japonés estudió ampliar su clasificación de especies exóticas invasoras para incluir también a los gatos callejeros. La propuesta buscaba proteger ecosistemas vulnerables, pero despertó rápidamente el temor de que mascotas perdidas pudieran ser confundidas con animales invasores y terminó siendo retirada.
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Los gatos llevan tantos siglos viviendo junto a los humanos en Japón que resulta extraño pensar en ellos como una especie llegada desde otro lugar. Sin embargo, desde un punto de vista biológico, el gato doméstico (Felis catus) no es originario del archipiélago japonés.

Esa condición, sumada a su enorme eficacia como depredador, llevó recientemente al Gobierno japonés a plantearse una medida polémica: ampliar la clasificación de especies exóticas invasoras para incluir determinados gatos que viven fuera de los hogares.

La propuesta, sin embargo, duró muy poco. La reacción pública fue tan intensa que las autoridades terminaron modificando el plan apenas unos días después.

Por qué Japón se planteó incluirlos

Japón ya contempla medidas específicas para controlar a los gatos completamente asilvestrados, especialmente en zonas donde pueden amenazar especies autóctonas vulnerables.

La novedad consistía en extender esa consideración a ciertos gatos callejeros, es decir, animales que viven en libertad pero mantienen algún grado de dependencia de las personas para alimentarse o sobrevivir.

El objetivo era reforzar la protección de ecosistemas donde los gatos pueden convertirse en depredadores importantes de aves, pequeños mamíferos, reptiles y otras especies locales.

Y el problema no es exclusivo de Japón.

Diversos estudios han mostrado que los gatos domésticos que circulan libremente pueden matar enormes cantidades de fauna silvestre. La Base de Datos Mundial de Especies Invasoras incluye incluso a Felis catus entre las especies exóticas con mayor impacto ambiental a escala global.

Japón estuvo a punto de declarar invasores a los gatos callejeros, pero la reacción pública frenó el plan
© Magnific

Los gatos llegaron a Japón hace siglos

La historia de estos animales en Japón es, de todos modos, muy antigua.

Durante mucho tiempo se consideró que los gatos habían llegado durante el período Heian, entre los siglos VIII y XII, probablemente a bordo de barcos procedentes de China. Una de sus funciones habría sido proteger documentos y textos budistas frente a los roedores.

Sin embargo, descubrimientos arqueológicos posteriores retrasaron considerablemente esa fecha.

Restos óseos encontrados en las ruinas de Karakami, en la prefectura de Nagasaki, sugieren que gatos vinculados a asentamientos humanos podrían haber estado presentes en el territorio japonés hace alrededor de 2.000 años. Eso no cambia su origen introducido, pero demuestra hasta qué punto forman parte desde hace siglos del paisaje cultural japonés.

El miedo a que una mascota fuera considerada invasora

La propuesta gubernamental encontró rápidamente un problema práctico.

¿Cómo distinguir con absoluta seguridad un gato callejero de una mascota que simplemente se ha escapado?

Esa pregunta generó una fuerte reacción en redes sociales y entre organizaciones vinculadas con el bienestar animal. Una de las principales preocupaciones era que ampliar la categoría pudiera terminar justificando la captura o incluso eutanasia de animales domésticos perdidos. También apareció un debate más amplio sobre qué significa realmente “proteger” un ecosistema y hasta dónde deben llegar las medidas de control de especies introducidas.

Ante la polémica, el Gobierno reunió nuevamente a su panel de expertos y terminó descartando la ampliación.

Japón estuvo a punto de declarar invasores a los gatos callejeros, pero la reacción pública frenó el plan
© Magnific

Solo los gatos completamente asilvestrados seguirán dentro

La clasificación quedó finalmente prácticamente como estaba: los gatos totalmente asilvestrados continuarán siendo tratados como una amenaza invasora en determinados contextos, mientras los gatos callejeros no serán incorporados de manera general a esa categoría.

El episodio muestra lo difícil que puede resultar gestionar una especie que ocupa simultáneamente dos lugares completamente distintos.

El mismo animal que dentro de una casa es una de las mascotas más populares del mundo puede convertirse, cuando vive y caza libremente, en un depredador capaz de alterar ecosistemas enteros.

Y en Japón, esa contradicción acaba de quedar en evidencia: proteger la biodiversidad sin convertir automáticamente a millones de gatos en enemigos ambientales resulta bastante más complicado que simplemente añadir una especie a una lista.

Fuente: Xataka.

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