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Ciencia

Los astrónomos buscaban una luna fuera del sistema solar y encontraron algo extraordinario. Es casi tan masivo como Júpiter y nadie sabe muy bien cómo llamarlo

Un telescopio en Chile detectó indicios de una posible luna fuera del sistema solar con una masa comparable a Júpiter. El extraño objeto orbita una enana marrón y desafía la frontera entre planetas y satélites.
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La Luna de la Tierra tiene apenas una cuarta parte del diámetro de nuestro planeta. Ganímedes, el satélite más grande de Júpiter, supera en tamaño a Mercurio, pero su masa sigue siendo diminuta comparada con la de un gigante gaseoso. Durante siglos, los astrónomos aprendieron a distinguir las lunas de los planetas por sus características y, fundamentalmente, por los cuerpos alrededor de los cuales orbitan.

Sin embargo, a unos 71 años luz de la Tierra, un sistema estelar acaba de plantear un problema que esas definiciones no resuelven fácilmente. Allí, los investigadores encontraron indicios de un objeto con una masa comparable a la de Júpiter que gira alrededor de otro cuerpo considerablemente mayor. Lo sorprendente es que ese objeto central tampoco es un planeta ni una estrella convencional.

La investigación, publicada en la revista científica Nature, abre la posibilidad de haber identificado un exosatélite extraordinario, uno de los candidatos más interesantes encontrados hasta ahora en la búsqueda de lunas fuera de nuestro sistema solar.

Una estrella, una enana marrón y un tercer objeto que no encaja en las definiciones conocidas

Los astrónomos buscaban una luna fuera del sistema solar y encontraron algo extraordinario. Es casi tan masivo como Júpiter y nadie sabe muy bien cómo llamarlo
Campo estelar que contiene CD-35 2722. La posible exoluna no puede distinguirse en esta imagen; su presencia se dedujo a partir de observaciones espectroscópicas. © ESO/Digitized Sky Survey 2.

El sistema recibe el nombre de CD-35 2722 y está formado por una estrella con aproximadamente la mitad de la masa del Sol. A su alrededor orbita una enana marrón, un tipo de cuerpo celeste que ocupa una posición intermedia entre los planetas gigantes y las estrellas.

Las enanas marrones son demasiado poco masivas para mantener la fusión de hidrógeno que alimenta a estrellas como nuestro Sol, pero pueden alcanzar masas decenas de veces superiores a las de Júpiter. En este caso, la enana marrón posee unas 37 masas jovianas. Los investigadores encontraron evidencias de que otro cuerpo, mucho más pequeño pero todavía gigantesco, gira a su alrededor aproximadamente cada 170 días.

El equipo dirigido por Kevin Hoy, investigador vinculado al Observatorio Europeo Austral y a la Universidad Diego Portales de Chile, presentó los resultados en el estudio original publicado en Nature. Su análisis estima para el tercer objeto una masa mínima cercana a 0,9 veces la de Júpiter.

La diferencia es fundamental: el supuesto satélite posee una masa propia de un planeta gigante, pero no gira directamente alrededor de una estrella. Su comportamiento orbital recuerda al de una luna, aunque sus dimensiones y su anfitrión desafían las clasificaciones habituales.

El telescopio no fotografió la luna: encontró una señal en el movimiento de otro objeto

Para detectar esta estructura, los astrónomos utilizaron el Very Large Telescope, instalado en el desierto de Atacama, Chile. Más concretamente, recurrieron al espectrógrafo CRIRES+, un instrumento capaz de estudiar pequeños cambios en la luz procedente de objetos distantes.

Entre octubre de 2023 y febrero de 2026, el equipo observó la enana marrón buscando variaciones periódicas en su movimiento. La técnica se conoce como velocidad radial y permite identificar cuerpos invisibles mediante las perturbaciones gravitacionales que producen sobre aquellos que orbitan.

Los astrónomos buscaban una luna fuera del sistema solar y encontraron algo extraordinario. Es casi tan masivo como Júpiter y nadie sabe muy bien cómo llamarlo
El Very Large Telescope, situado en el observatorio Paranal de Chile, permitió detectar las pequeñas variaciones de velocidad asociadas al posible satélite. © ESO.

El resultado fue una señal compatible con la presencia de otro objeto que hace oscilar ligeramente a la enana marrón. Los investigadores analizaron distintas configuraciones y concluyeron que un satélite masivo constituye una explicación convincente de las observaciones.

Según el Observatorio Europeo Austral, sería una de las primeras detecciones plausibles de un exosatélite, aunque todavía se necesitan observaciones adicionales para confirmar definitivamente su naturaleza.

Una posible luna gigante que obliga a reconsiderar cómo se forman los sistemas planetarios

La gran pregunta es qué ocurrió para que surgiera una estructura semejante. En nuestro sistema solar, las lunas suelen formarse alrededor de planetas, mediante discos de material, impactos o procesos de captura gravitacional. Pero aquí encontramos un objeto de masa planetaria orbitando una enana marrón que, a su vez, gira alrededor de una estrella.

Los astrónomos todavía no pueden determinar si ese tercer cuerpo nació dentro de un disco de material que rodeaba a la enana marrón o si terminó ligado a ella mediante otra historia gravitacional.

El Observatorio Europeo Austral destaca que esta configuración podría obligar a revisar las etiquetas que utilizamos para describir planetas, lunas y otros objetos subestelares. Después de descubrir más de 6.000 exoplanetas, todavía no existe una exoluna cuya identificación haya sido aceptada definitivamente.

Por ahora, el objeto de CD-35 2722 es un candidato excepcional. Pero su verdadera importancia podría ir más allá de conseguir la primera exoluna confirmada: demuestra que el universo puede organizar sus mundos de maneras mucho más extrañas que las que conocemos alrededor del Sol.

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