Las palabras estrella, planeta y luna parecen suficientemente claras mientras se utilizan para hablar del sistema solar. El problema comienza cuando los telescopios encuentran algo construido con reglas completamente diferentes. Y eso es precisamente lo que ha ocurrido a unos 71 años luz de la Tierra, donde los astrónomos han documentado una configuración tan extraña que todavía no saben cómo llamar a uno de sus integrantes.
El sistema, denominado CD-35 2722, está presidido por una enana roja con alrededor del 40% o la mitad de la masa del Sol. A su alrededor gira una enana marrón (un objeto demasiado masivo para ser considerado un planeta convencional, pero incapaz de sostener la fusión nuclear propia de una estrella). Hasta ahí, aunque peculiar, todo entra dentro de lo conocido.
La sorpresa se encuentra en el siguiente nivel: alrededor de esa enana marrón orbita un enorme cuerpo gaseoso con al menos el 90% de la masa de Júpiter. El descubrimiento, presentado en un estudio publicado en Nature, podría representar la primera detección verdaderamente convincente de un objeto semejante a una exoluna. Aunque llamarlo “luna” tampoco parece del todo correcto.
Es casi tan masivo como Júpiter, pero ocupa el lugar de una luna

En nuestro sistema solar, una luna es un cuerpo que gira alrededor de un planeta. Puede ser rocosa, como la Luna terrestre, o estar compuesta principalmente por hielo, como muchas de las que orbitan Júpiter y Saturno. Ninguna, sin embargo, se acerca remotamente a la masa del nuevo objeto.
El candidato de CD-35 2722 completa una vuelta alrededor de la enana marrón cada 170 días y se encuentra a una distancia equivalente aproximadamente a una quinta parte de la separación entre la Tierra y el Sol. Según el trabajo publicado en Nature, su masa mínima ronda las 0,9 masas de Júpiter.
Su anfitrión tampoco ayuda a simplificar la definición. La enana marrón posee más de 30 veces la masa de Júpiter y pertenece a una categoría intermedia entre los planetas gigantes y las estrellas pequeñas. Estos objetos se forman de manera parecida a las estrellas, pero no reúnen suficiente masa para mantener la fusión de hidrógeno en sus núcleos.
Por esa razón, los investigadores prefieren utilizar por ahora el término “exosatélite”. Técnicamente describe cualquier objeto situado fuera del sistema solar que orbita otro cuerpo, pero evita asumir que se trata de una luna en el sentido tradicional.
Kevin Hoy, autor principal del estudio e investigador vinculado a la Universidad Diego Portales y al ESO, reconoce que el sistema está llevando al límite el vocabulario construido a partir de nuestro vecindario cósmico. De acuerdo con el Observatorio Europeo Austral, el objeto es suficientemente masivo para ser considerado un planeta, pero no gira directamente alrededor de una estrella.
El objeto apareció haciendo tambalear a la enana marrón
Los astrónomos no observaron directamente el nuevo mundo como un punto separado en una fotografía. Su presencia fue detectada mediante el instrumento CRIRES+, instalado en el Very Large Telescope del Observatorio Europeo Austral, en Chile.
El equipo aplicó el método de velocidad radial, una técnica basada en detectar las pequeñas oscilaciones que experimenta un cuerpo debido a la atracción gravitatoria de otro objeto en órbita. Es el mismo principio que se utilizó para descubrir en 1995 el primer exoplaneta alrededor de una estrella parecida al Sol.
En este caso, la señal no procedía del movimiento de una estrella provocado por un planeta, sino del ligero bamboleo de la enana marrón. Las mediciones revelaron una variación periódica compatible con la presencia de un objeto de masa planetaria que completa su órbita en unos 170 días. Es la primera vez que esta técnica ofrece evidencias tan sólidas de un satélite alrededor de una enana marrón compañera de una estrella.
Aun así, los propios autores mantienen cierta cautela. El estudio habla de evidencias y de una detección plausible, no de una confirmación absolutamente definitiva. Más de 6.000 exoplanetas han sido identificados hasta ahora, pero ninguna exoluna ha logrado todavía una aceptación indiscutible entre los astrónomos.
Su origen podría esconder una historia bastante caótica
La gran pregunta ahora es cómo terminó un cuerpo casi tan masivo como Júpiter orbitando una enana marrón. Una posibilidad es que se formara dentro de un disco de gas y polvo alrededor de ella, de manera parecida a como nacen los planetas alrededor de las estrellas.
La otra explicación es bastante más violenta: el objeto podría haberse formado por separado y haber sido capturado posteriormente por la gravedad de la enana marrón. Alice Zurlo, coautora del estudio y directora del grupo YEMS, explicó a Reuters que el hallazgo ha abierto una “caja de Pandora” para los modelos teóricos, porque ahora será necesario determinar cómo se forman estos sistemas y si son realmente excepcionales.
El sistema es joven y la enana marrón todavía emite el calor residual de su formación. Según los investigadores, su configuración actual podría ser el resultado de una historia dinámica caótica, aunque todavía no existen datos suficientes para reconstruirla.
CD-35 2722 demuestra que las categorías de planeta, estrella y luna funcionan bien en casa, pero pueden quedarse pequeñas al observar otros rincones de la galaxia. Quizá el objeto termine siendo reconocido como la primera exoluna convincente. O quizá obligue a los astrónomos a inventar una palabra completamente nueva.