En las aguas del Mediterráneo vive uno de los peces más peculiares del planeta. Los caballitos de mar nadan en posición vertical, utilizan su cola para sujetarse a la vegetación submarina y tienen una característica reproductiva extraordinaria: son los machos quienes incuban las crías. Sin embargo, estas adaptaciones no han conseguido protegerlos de una amenaza creciente: la desaparición de los hábitats donde viven.
En las últimas décadas, algunas poblaciones mediterráneas han experimentado reducciones estimadas de entre el 25% y el 30%. La contaminación, la degradación de las praderas submarinas y las actividades humanas han complicado su supervivencia. Pero en las Islas Baleares está ocurriendo algo diferente. Un proyecto iniciado en 2022 ha conseguido criar caballitos de mar en instalaciones controladas y devolver más de 1.500 ejemplares al océano. El objetivo es reforzar poblaciones naturales que llevan años retrocediendo.
Criar caballitos de mar durante más de un año antes de devolverlos al Mediterráneo

El proyecto Cavallets de Mar Balears nació de una colaboración entre la Fundación Palma Aquarium y Banca March. Su propósito es contribuir a recuperar las dos especies autóctonas presentes en estas aguas: Hippocampus hippocampus y Hippocampus guttulatus.
A diferencia de una simple operación de rescate, la iniciativa desarrolla un programa de reproducción en cautividad. Los animales nacen y crecen bajo supervisión especializada hasta alcanzar un tamaño que aumente sus posibilidades de sobrevivir en libertad. Según el comunicado de Banca March del 17 de septiembre de 2026, el programa había alcanzado los 1.517 ejemplares reintroducidos en áreas marinas protegidas y Lugares de Importancia Comunitaria de Baleares.
El proceso requiere paciencia. En algunas liberaciones documentadas, los animales permanecieron entre uno y un año y medio en el acuario hasta alcanzar aproximadamente 12 centímetros. Durante ese tiempo, los especialistas deben controlar la alimentación, la calidad del agua y las condiciones sanitarias. Las últimas mejoras del programa incluyen protocolos de bioseguridad y atención veterinaria especializada.
Más de 1.500 ejemplares liberados, pero todavía queda una pregunta fundamental

Uno de los principales desafíos es seleccionar lugares donde los caballitos encuentren alimento, refugio y condiciones adecuadas para reproducirse. En octubre de 2025, por ejemplo, la fundación realizó dos liberaciones en Cala Figuera y Cabo Salines. Los ejemplares fueron trasladados mediante una embarcación eléctrica y liberados con apoyo de buceadores especializados.
La información publicada por la entidad impulsora detalla que estas operaciones tuvieron lugar en espacios protegidos para favorecer la adaptación de los animales. Sin embargo, liberar animales no equivale automáticamente a recuperar una población. Los investigadores necesitan determinar cuántos sobreviven, si consiguen reproducirse y si sus descendientes pueden mantener una población estable sin nuevas intervenciones.
El propio informe técnico del proyecto correspondiente a 2024 describe dificultades para localizar ejemplares salvajes durante las prospecciones realizadas en Pollença. Es una muestra de lo complejo que resulta estudiar animales pequeños, escasos y difíciles de detectar entre la vegetación marina.
La recuperación de los caballitos de mar también depende de proteger el fondo marino

El programa continuará al menos hasta 2028, después de que ambas organizaciones renovaran su colaboración en marzo de 2026. Además de criar ejemplares, sus responsables buscan mejorar los protocolos de conservación e impulsar actividades educativas. Según las cifras comunicadas por Banca March, las iniciativas de sensibilización han alcanzado a más de 3,4 millones de personas.
La protección de las praderas marinas es especialmente importante. Estos ecosistemas funcionan como refugios, zonas de alimentación y espacios de reproducción para numerosas especies. Su deterioro reduce las posibilidades de supervivencia de los animales reintroducidos. Por eso, el trabajo desarrollado en Baleares no puede medirse únicamente por la cantidad de caballitos liberados. Su verdadero éxito dependerá de comprobar que los ejemplares consiguen adaptarse y que sus poblaciones pueden recuperarse a largo plazo.
Después de cuatro años, el proyecto ha demostrado que es posible criar estos peces y devolverlos al Mediterráneo a una escala considerable. El siguiente desafío será demostrar que pueden permanecer allí.