La historiadora medievalista Lisa Fagin Davis dice que “no hay manuscrito medieval que se haya visto, estudiado, analizado y debatido más que el misterioso y todavía indescifrable Manuscrito Voynich”. De hecho, a los historiadores, lingüistas y descodificadores les resulta imposible descifrar la extraña colección de letras, pero ¿y qué, si el problema estuviera en el propio manuscrito?
La nueva evidencia publicada en Digital Medievalist sugiere que el Manuscrito Voynich está mal encuadernado. Es decir que las páginas del códice no están en el orden correcto y probablemente por eso sea que no se lo puede descifrar. Según el estudio, probablemente el manuscrito debía encuadernarse con los bifolios apilados, páginas plegadas al medio, pero la versión que tenemos hoy se interpretó como cuadernillo, con las páginas plegadas y cosidas. Si es cierto esto, explicaría en parte por qué el manuscrito parece tan incomprensible.
“Eso significa que cualquier investigación que se base en la secuencia que tienen ahora las páginas tendrá que revisarse porque el manuscrito está desordenado”, le dijo a Gizmodo Davis, directora ejecutiva de la Academia Medieval de EE.UU. Davis es coautora del nuevo trabajo junto con Colin Layfield, científico informático de la Universidad de Malta.
¿Hablas voynichés?
Según la Biblioteca de Yale, donde hoy está el manuscrito, muchos políticos y académicos compraron, vendieron y regalaron el códice desde el siglo XVI. La investigación académica de su contenido comenzó cerca de 1912 cuando el librero polaco-estadounidense Wilfrid M. Voynich lo introdujo en el mercado de los libros raros.
A primera vista, como se puede ver aquí, el manuscrito Voynich se ve como cualquier otro libro antiguo. Pero cuando los científicos intentaron descifrar las casi 240 páginas, supieron que estaban ante un misterio. Los expertos no lograban comprender los textos y dibujos, y la gente empezó a decir que el libro estaba escrito en “voynichés”.

“Está escrito en un sistema particular de letras cuyo significado desconocemos incluso después de trabajar en él durante más de un siglo”, le dijo Davis a Gizmodo. “Podría ser un código, una lengua perdida, un sinsentido o cualquier otra cosa. Las ilustraciones también son bizarras, con plantas fantásticas, diagramas astronómicos y zodiacales, mujeres bañándose y otras ilustraciones que no hemos podido interpretar todavía”.
Un error de manufactura
Como es natural, los científicos buscaron descifrar el voynichés, a veces con dudosos resultados. Para ser francos, algo se avanzó, pero más de 100 después el consenso general es que no lograron conseguir mucho. Por investigaciones anteriores Davis y Layfield notaron algunas cosas que no estaban del todo bien en el documento.

Por ejemplo, en 2020 Davis encontró evidencia de que en el manuscrito trabajaron cinco escribas diferentes. En sí mismo ya es algo inusual, pero lo más raro era el hecho de que “los escribas se alternaban páginas en formas que no tienen sentido logístico”, explicó.
“Lo que es habitual es que un mismo escriba se dedique a un cuadernillo, pero la encuadernación actual ubica a diferentes escribas en un mismo cuadernillo y no es así como se trabaja. No es así cómo se escriben los libros”, añadió Layfield.
Reescribir desde cero
Los investigadores usaron el Análisis Semántico Latente (LSA, en inglés), técnica de procesamiento del lenguaje que se desarrolló hacia finales del siglo XX. Es una técnica ya vieja, pero en realidad más efectiva para estudiar conjunto de datos más reducidos como el Voynich, dijo Layfield. El análisis reveló una particular similitud entre las páginas que se enfrentan unas a otras, es decir las páginas medias de un bifolio, que suelen intercalarse con otras páginas.
Por eso “habría varias páginas entre dos páginas de gran similitud”, explicó Layfield. Para probar su hipótesis el equipo intentó ordenar las páginas suponiendo que hubieran tenido que encuadernarse como bifolios apilados, y allí las cosas comenzaron a cobrar sentido.
Por ejemplo, algunas imágenes desaparecen en el borde del libro y vuelven a aparecer del otro lado. Si el libro está mal encuadernado, se supone que tiene más sentido que se conectaran las páginas que parecen insertadas en medio de una imagen, explicó Davis. Layfield añadió que había una sección con una letra inicial exagerada, que podría indicar que esa página se suponía daba inicio a una sección.

“Por supuesto, no podemos comentar sobre la precisión de otras páginas que se reordenaron porque no podemos leerlas, pero el resultado es convincente”, dijo.
¿Un defecto o un milagro?
Davis le explicó a Gizmodo que el equipo está pensando en aplicar esta metodología a otras secciones del manuscrito. Suponiendo que sus hallazgos estén en lo correcto, significaría que los estudiosos tendrán que reevaluar lo que creían entender del voynichés. En el trabajo, los autores señalan que “si un libro tiene las páginas en el orden incorrecto, por cierto será muy difícil de leer”.

Al mismo tiempo, su estudio reciente nos hace pensar de nuevo en los que crearon el manuscrito hace siglos, dijo Davis. “En lugar de un genio o loco solitario, lo que vemos es una comunidad con una práctica común ya que al menos cinco personas sabían escribir en lo que se conoce como voynichés”, añadió.