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Un ejemplar de pingüino rey.
Foto: Liam Quinn (Wikimedia Commons)
Un ejemplar de pingüino rey.
Foto: Liam Quinn (Wikimedia Commons)

Antes de nada: sí, has leído bien. Los efluvios que surgen de los excrementos de pingüino pueden dejarte completamente drogado, y un grupo de investigadores que estaba estudiando una colonia de estos animales en el Atlántico podrá dar buena fe de ello.

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Estos investigadores estaban estudiando el efecto sobre los gases de efecto invernadero que habían tenido el retroceso de los glaciares y el aumento de la población de pingüinos en la isla Georgia del Sur. Resulta que el cambio climático está provocando una especie de ciclo que se retroalimenta: como consecuencia de los gases de efecto invernadero, los glaciares se retraen cada vez más, dejando más espacio para que los pingüinos establezcan sus colonias y haciendo que aumene notablemente su número. A más pingüinos, más excrementos. Y a más excrementos, más gases de efecto invernadero.

Pero bueno, volvamos al tema importante. Seguro que alguna vez has probado oído hablar del famoso gas de la risa. Esta es la forma coloquial de denominar al óxido nitroso, un gas que puede provocar un estado de relajación o euforia momentáneo al que lo aspira. Los excrementos en sí de los pingüinos no contienen gas de la risa. Cuando el nitrógeno proveniente de sus cacas se mezcla con el suelo es cuando se acaba convirtiendo en óxido nitroso.

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Ahora imagínate estudiando de cerca una colonia con varias decenas de miles de pingüinos, con sus correspondientes cacas: colocón asegurado. Pero aunque lo de drogarse de forma accidental suene divertido, no lo fue tanto para estos investigadores:

“Después de estar varias horas metido entre tanto guano, te vuelves completamente loco. Empiezas a sentirte enfermo y te da dolor de cabeza”, dijo el director del estudio Bo Elberling a la agencia de noticias AFP.

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Una pena lo de los efectos nocivos del óxido nitroso. La mezcla de drogas y pingüinos sonaba extrañamente divertida.

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