Imagen: Pixabay

La resiliencia del cerebro humano ‚ÄĒnuestra capacidad para aprender nuevas habilidades cuando las circunstancias lo exigen‚ÄĒ es impresionante. Ah√≠ est√°n las personas que perdieron la visi√≥n y aprendieron a navegar por el mundo con los ecos del sonido. Pues resulta que t√ļ tambi√©n puedes entrenar esa habilidad.

Un grupo de investigadores de la Universidad de M√ļnich puso a prueba a doce personas (una ciega y once sin problemas de visi√≥n) para comprobar si eran capaces de deducir el tama√Īo de una habitaci√≥n con un m√©todo similar a la ecolocalizaci√≥n de los delfines, y escanearon sus cerebros durante el proceso.

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Para ello crearon una versi√≥n digital de una iglesia cercana, introdujeron a los sujetos previamente entrenados en un esc√°ner de resonancia magn√©tica y les proporcionaron auriculares para escuchar el eco que produc√≠a el sonido en la habitaci√≥n virtual. Se dise√Īaron m√ļltiples versiones de la habitaci√≥n; los sujetos ten√≠an que adivinar cu√°l era la m√°s grande compar√°ndolas de dos en dos. Se les permit√≠a hacer cualquier ruido para estudiar el tama√Īo de las habitaciones, pero predominaron los chasquidos de lengua. El experimento se repiti√≥ varias veces con distintas parejas de habitaciones cada vez m√°s cercanas en tama√Īo, con el fin de detectar hasta qu√© punto somos capaces de distinguir las diferencias.

Los resultados, publicados en The Journal of Neuroscience, fueron sorprendentes. Todos pudieron averiguar el tama√Īo relativo de los espacios virtuales hasta que la diferencia se hizo muy peque√Īa. La persona que lleg√≥ a dominar mejor la t√©cnica acab√≥ detectando diferencias del 4% y los que peor lo hicieron acertaron con diferencias de hasta un 6-8% tras el entrenamiento. Es el mismo nivel de agudeza que podemos conseguir normalmente en algunos tests visuales.

Los escáneres cerebrales revelaron además que el sonido de eco activaba la corteza motora de las personas sin problema de visión, la parte del cerebro que controla nuestros movimientos, incluso cuando se pidió a esas personas que oyeran el eco sin hacer los chasquidos con la lengua. Cuanto más grande era la iglesia virtual, más se activaba esa región del cerebro, por lo que los científicos concluyeron que la corteza motora está involucrada en el procesamiento sensorial. En el caso del sujeto ciego, los ecos activaron la corteza visual.

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El estudio sugiere que no solo los invidentes pueden usar la ecolocalizaci√≥n para orientarse por la calle. Har√° falta m√°s investigaci√≥n para demostrarlo, pero todo indica que la √ļnica raz√≥n por la cual las personas sin problema de visi√≥n no hacemos uso de esta habilidad oculta es porque no la necesitamos. Pero podemos entrenarla.

[The Journal of Neuroscience vía The Atlantic]