Aunque hoy asociamos a los influencers con Instagram, TikTok y otras plataformas digitales, la idea de seguir a personas que recomiendan cómo vestir, qué comer o cómo decorar una casa existe desde hace siglos.
A finales del siglo XVIII, París experimentó una transformación social que permitió el surgimiento de figuras capaces de influir en los gustos y comportamientos de miles de personas.
Después de la Revolución Francesa, las antiguas jerarquías sociales comenzaron a cambiar y apareció una nueva élite que necesitaba aprender códigos de comportamiento, elegancia y consumo. En ese escenario surgieron escritores, periodistas y personalidades que, sin teléfonos inteligentes ni redes sociales, desarrollaron formas de influencia sorprendentemente similares a las actuales.
La Revolución Francesa creó las condiciones para los primeros influencers
Antes de 1789, las tendencias sociales estaban dominadas principalmente por la monarquía y la aristocracia.
La vestimenta, la gastronomía y las normas de comportamiento reflejaban la posición de cada persona dentro de una estructura social relativamente rígida.
Sin embargo, la Revolución Francesa transformó ese sistema. Nuevas fortunas comenzaron a ocupar espacios anteriormente reservados a la nobleza, mientras que antiguos aristócratas intentaban recuperar su lugar en una sociedad diferente.
La necesidad de aprender cómo comportarse, organizar reuniones o vestir adecuadamente favoreció la popularidad de las publicaciones especializadas.

Los periodistas que enseñaban a los franceses cómo vivir
Uno de los personajes más destacados fue Alexandre Balthazar Laurent Grimod de La Reynière, considerado un pionero de la crítica gastronómica moderna. En 1806 impulsó el Journal des Gourmands et des Belles, una publicación que reunía recomendaciones sobre gastronomía, moda y teatro.
Su propuesta se parecía a las revistas actuales de estilo de vida, capaces de orientar los hábitos de consumo de sus lectores. Otro referente fue Pierre de La Mésangère, quien asumió en 1797 la dirección del Journal des Dames et des Modes.
Esta revista difundía ilustraciones, tendencias de vestimenta y recomendaciones de elegancia, convirtiéndose en una referencia para quienes buscaban mantenerse actualizados.
Las celebridades parisinas que imponían tendencias sin redes sociales
La influencia no estaba limitada a los periodistas.
Mujeres como Juliette Récamier, Thérésa Tallien y Fortunée Hamelin se convirtieron en referentes de moda y comportamiento gracias a sus apariciones públicas y reuniones sociales.
Sus vestidos, peinados y estilos de decoración eran observados, comentados e imitados. Fortunée Hamelin destacó entre las llamadas Merveilleuses, mujeres conocidas por sus atuendos inspirados en la Antigüedad clásica durante el período del Directorio francés.
Los salones parisinos funcionaban como espacios de encuentro donde las tendencias podían difundirse entre personas de diferentes orígenes sociales.

Qué tienen en común los influencers del siglo XVIII con los actuales
La principal semejanza está en su capacidad para convertir las preferencias personales en modelos que otras personas desean imitar.
Mientras los influencers modernos utilizan fotografías, videos y publicaciones digitales, sus antecesores dependían de revistas, ilustraciones, retratos y reuniones sociales. En ambos casos, la influencia se construye alrededor de una imagen pública reconocible y de la capacidad para orientar decisiones relacionadas con el consumo y el estilo de vida.
La gran diferencia es la velocidad y el alcance de esa comunicación.
Lo que antes necesitaba semanas para circular mediante publicaciones impresas hoy puede llegar a millones de personas en cuestión de segundos.
La historia demuestra que los influencers no son una invención de Internet. Las redes sociales simplemente transformaron una práctica mucho más antigua: buscar inspiración en quienes parecen conocer las tendencias antes que los demás.