Los microplásticos están en todas partes: playas, ríos, suelos, animales, incluso en nuestro organismo. Pero ahora, una investigación liderada por el Laboratorio Marino de Plymouth advierte de un riesgo aún mayor. Estas diminutas partículas son también plataformas ideales para que prosperen bacterias dañinas y resistentes a los antibióticos, capaces de viajar largas distancias sin ser detectadas. La “plastisfera”, como se conoce a estas biopelículas, se está convirtiendo en un problema emergente para la salud ambiental y humana.
Microplásticos: un vehículo microscópico para patógenos
Los microplásticos —fragmentos de menos de 5 mm— han invadido prácticamente todos los ecosistemas del planeta. Más de 125 billones de partículas flotan hoy en los océanos, y otras tantas se acumulan en ríos, lagos y suelos.
La preocupación científica no es solo su presencia masiva, sino lo que transportan: bacterias patógenas y resistentes a antimicrobianos (RAM) capaces de adherirse a su superficie y viajar a zonas donde normalmente no llegarían.
Cada fragmento se convierte así en un “taxi bacteriano”, protegido por una biopelícula que favorece el crecimiento y la supervivencia de microorganismos peligrosos.
Ayer celebramos el primer análisis de los primeros microplásticos en la playa de la Zurriola junto a alumn@s de Lezo Institutua. Filtrando arena entre 50 personas recogimos cientos de microplásticos poniendo mucha atención en los pellets.
1/2 pic.twitter.com/F21uh65a73— 🌈 MATER Museo Ekoaktiboa ⚓️ MATER Museo Ecoactivo (@MaterMuseoa) January 11, 2024
El estudio que destapó el problema
El equipo dirigido por la Dra. Emily Stevenson comparó cinco materiales expuestos durante dos meses en una vía fluvial: bioesferas, nurdles, poliestireno, madera y vidrio.
Las bioesferas —gránulos usados en plantas de tratamiento de aguas residuales— fueron especialmente relevantes porque, tras la fuga reciente de pellets en Camber Sands (Reino Unido), se convirtieron en un foco de alerta ambiental.
Usando metagenómica, los investigadores identificaron:
-
Patógenos humanos y animales en todos los tipos de materiales.
-
Niveles muy altos de bacterias resistentes a antibióticos clave (macrólidos, tetraciclinas, aminoglucósidos) en poliestireno y bioesferas.
-
Una mayor presencia de patógenos aguas abajo, señal de que los microplásticos favorecen su dispersión.
El hallazgo más alarmante fue que algunas bacterias patógenas aumentaban de forma significativa cuando se asociaban a biopelículas plásticas.
Un riesgo emergente para playas y acuicultura
Los científicos advierten que los microplásticos colonizados pueden llegar fácilmente a:
-
Playas y zonas de baño, incrementando el riesgo para bañistas.
-
Áreas de cultivo de mariscos, donde organismos filtradores pueden ingerir partículas contaminadas.
-
Ecosistemas marinos sensibles, donde estas bacterias pueden alterar comunidades enteras.
Dentro de su biopelícula protectora, cada partícula puede recorrer kilómetros sin perder carga bacteriana, aumentando la probabilidad de exposición humana y animal.
SEGUIMIENTO MICROPLÁSTICOS DE ZURRIOLA En el marco de la unidad didáctica #ItsasHondakinenErronka hemos realizado un seguimiento de microplásticos en la playa de la Zurriola junto a 219 alumn@s de 5 centros. Se han analizado 130 parcelas (m2), filtrando la arena con los cedazos. pic.twitter.com/JKzVijFUmp
— 🌈 MATER Museo Ekoaktiboa ⚓️ MATER Museo Ecoactivo (@MaterMuseoa) April 25, 2023
Qué implica este hallazgo y qué puede hacerse
El estudio no solo describe el problema: también permite identificar materiales de alto riesgo, útiles para priorizar su monitoreo o incluso restringir su uso en procesos industriales.
Los expertos recomiendan:
-
Extremar la vigilancia en ríos y plantas de tratamiento.
-
Reducir el uso de microplásticos y sustituir bioesferas por alternativas biodegradables.
-
Usar guantes y lavarse las manos al retirar residuos de playas.
Como resume la investigadora Pennie Lindeque:
“Cada partícula de microplástico es un vehículo en movimiento. Y puede transportar mucho más que basura: puede llevar bacterias capaces de dañar nuestra salud y nuestros océanos”.
Fuente: Meteored.