Indonesia y gran parte del sudeste asiático quedaron envueltos en nubes de humo por los incendios forestales a los que contribuye la supercorriente de El Niño. A medida que los incendios reducen la calidad del aire por la liberación de peligrosos contaminantes, emiten al mismo tiempo cantidades masivas de carbono, que provoca a la vez el calentamiento del planeta.
Hasta ahora, este año los incendios de Indonesia han liberado unas 190 millones de toneladas de carbono. Eso equivale más o menos a las tres cuartas partes de las emisiones de CO2 anuales del país a partir de los combustibles fósiles, según los científicos de la Tierra Gareth Roberts y Martin Wooster. En un artículo de The Conversation, explican que la sequía provocada por El Niño preparó el escenario para la crisis actual.
Las condiciones de sequía exacerban la inflamabilidad en terrenos de turba, de lo que la deforestación y el drenaje ya provocan, lo que implica que se producen incendios con mayor facilidad, y su propagación es más rápida. La turba, cuando se enciende, puede permanecer candente bajo el suelo durante semanas o meses, liberando carbono antiguo que ha estado atrapado durante siglos.
Por ejemplo, El Niño potente de 2023 y 2024 ayudó a aumentar la concentración global promedio de CO2 en 3.5 ppm, el mayor aumento desde que se comenzó a registrar en 1957. El martes la Organización Mundial Meteorológica (WMO) publicó un informe que muestra que los niveles de CO2 aumentaron en 2.8 ppm entre 2024 y 2025, un aumento moderado aunque la concentración promedio global de CO2 sigue marcando un récord.
“Esperamos ver otro aumento en las concentraciones de 2026 por el uso de combustibles fósiles y el desarrollo de una potente corriente de El Niño que va a impactar en las cuencas de carbono como en 2023/2024”, declaró Oksana Tarasova, de la WMO.
El mundo se calienta en diversas formas
El Niño es un fenómeno climático recurrente que comienza con el debilitamiento de los vientos, que empuja aguas cálidas del Pacífico occidental hacia el Pacífico tropical central y oriental. En esta región la temperatura del agua es mayor y empuja gran cantidad de calor y humedad hacia la atmósfera, aumentando las temperaturas globales y cambiando los patrones del clima en todo el mundo.
En los trópicos el Niño tiende a reducir las precipitaciones y aumentar la temperatura del aire, lo que suele producir sequías, menor crecimiento en cultivos y un aumento en la actividad del fuego. Todos estos cambios contribuyen al aumento de las concentraciones atmosféricas de CO2 en comparación con años en que no se da El Niño.
Los bosques tropicales absorben menos carbono y el aumento de incendios produce más emisiones de carbono. Las condiciones más secas y cálidas exacerban la mortalidad de los árboles, hay más material orgánico en descomposición, lo que emite más carbono. Hay árboles tropicales que han estado acumulando carbono en su biomasa durante siglos, y cuando mueren y se descomponen son como una bomba de carbono en cámara lenta.
En cuanto a incendios forestales la investigación muestra que El Niño impulsa un patrón de incendios pantropicales que comienza en el ecuador, con sequía e incendios de turba en Indonesia y mayor actividad del fuego en el Amazonas central y oriental, etapa que ya estamos viendo. Entre el 1 y el 19 de octubre la agencia espacial de Brasil detectó 1.921 focos de incendio en el Amazonas, un 202% más que en el mismo período de 2025, según Mongabay.
Todavía faltan unas semanas para que El Niño llegue a su pico máximo, y las proyecciones del Centro Europeo de Pronósticos Climáticos de mediano alcance muestran que las temperaturas del Pacífico tropical aumentarán en 4°C para diciembre, con lo que el impacto más severo se notará en esas semanas.
Todavía no se sabe sobre el aumento de las concentraciones de CO2 entre 2026 y 2027, pero con este El Niño histórico y el mayor consumo de combustibles fósiles, los datos serán alarmantes.