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Ciencia

Los romanos levantaron una enorme torre para proteger un palacio imperial. Los arqueólogos entraron 1.700 años después y descubrieron que su planta baja escondía algo mucho menos defensivo: tres piscinas, vapor y calefacción bajo el suelo

Una torre de una residencia imperial romana en Serbia escondía un baño privado circular con tres piscinas, sala de vapor y suelo calefactado. Los arqueólogos dicen que no conocen otro ejemplo igual en el Imperio.
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Desde fuera debía parecer exactamente lo que uno esperaría encontrar en una residencia imperial romana fortificada: una enorme torre de piedra levantada en una esquina del recinto para reforzar sus defensas. Por dentro, sin embargo, la historia era completamente diferente.

Arqueólogos que trabajan en el complejo de Vrelo-Šarkamen, en el este de la actual Serbia, han descubierto en el nivel más bajo de su monumental torre suroccidental un balneum privado, un pequeño complejo termal reservado a los residentes de mayor rango. Tenía tres piscinas o bañeras, una sala de vapor, calefacción bajo el suelo y hasta el soporte donde estuvo colocado un gran recipiente de cobre utilizado para calentar el agua.

Lo excepcional no es que un emperador romano quisiera bañarse con todas las comodidades posibles. Es dónde decidieron colocar el baño. Según el equipo del Instituto de Arqueología de Belgrado y el Museo de Krajina, por ahora no se conoce otro paralelo directo en el Imperio romano de unas termas imperiales integradas de esta manera en el nivel inferior de una torre.

Una sauna imperial dentro de una torre circular

Los romanos levantaron una enorme torre para proteger un palacio imperial. Los arqueólogos entraron 1.700 años después y descubrieron que su planta baja escondía algo mucho menos defensivo: tres piscinas, vapor y calefacción bajo el suelo
© Institute of National Importance for the Republic of Serbia.

El edificio pertenece a una residencia fortificada construida a comienzos del siglo IV y asociada con Maximinus Daia, uno de los gobernantes de la Tetrarquía y emperador entre 310 y 313. La propia geometría de la torre obligó a los arquitectos romanos a resolver un problema poco habitual: los baños no podían distribuirse simplemente como una sucesión de habitaciones rectangulares. El resultado fue un espacio termal circular adaptado al interior de la torre.

Los arqueólogos han reconstruido dos zonas principales. Una estaba destinada al baño y al descanso. La otra contenía la infraestructura y permitía que trabajadores alimentaran los hornos sin interferir con quienes utilizaban las termas. Sobre todo ello se levantaba una cúpula atravesada por seis aberturas para ventanas, una solución que la arqueóloga Marija Jović considera especialmente exigente desde el punto de vista arquitectónico. Y debajo estaba una de las tecnologías romanas más reconocibles.

El hipocausto elevaba el pavimento sobre pequeños pilares y permitía que el aire calentado por un horno circulara por debajo. De esta manera, los romanos podían mantener calientes el suelo y las estancias sin instalar una fuente de fuego directamente dentro de las habitaciones.

Hasta encontraron dónde estaba el enorme calentador de agua

Los romanos levantaron una enorme torre para proteger un palacio imperial. Los arqueólogos entraron 1.700 años después y descubrieron que su planta baja escondía algo mucho menos defensivo: tres piscinas, vapor y calefacción bajo el suelo
© Institute of National Importance for the Republic of Serbia.

La conservación del complejo ha permitido reconstruir detalles todavía más cotidianos. Los investigadores encontraron el praefurnium, el horno que alimentaba el sistema, además del lugar donde estuvo instalado un recipiente de cobre empleado para calentar agua. El metal ya no está: probablemente fue retirado y reutilizado después del abandono del palacio, algo poco sorprendente teniendo en cuenta su valor.

También aparecieron tres áreas de baño y un sudatorium, una habitación destinada a temperaturas elevadas comparable, con matices, a una sala de vapor o sauna. Así que aquello no era simplemente un cuarto donde alguien importante podía lavarse.

Era una instalación cuidadosamente diseñada para que una pequeña élite disfrutara de agua caliente, vapor y habitaciones climatizadas mientras, al otro lado de los muros, la construcción seguía pareciendo una fortaleza.

Todavía queda un misterio arquitectónico. Existe una entrada oriental relacionada con un corredor pavimentado del palacio, pero los arqueólogos aún no saben exactamente cómo los usuarios salvaban la diferencia de altura para llegar al baño. Tampoco está completamente resuelta la relación entre el gran acceso occidental y las dependencias técnicas.

El lugar ya había escondido otro tesoro imperial

Vrelo-Šarkamen lleva décadas ofreciendo pistas de que no fue una residencia cualquiera. El complejo posee fortificaciones, torres y un mausoleo imperial. En 1996, las excavaciones de este último sacaron a la luz un importante conjunto de joyas de oro vinculado a la familia imperial, una de las razones que terminaron reforzando la relación del lugar con Maximinus Daia.

Treinta años después, el nuevo descubrimiento permite observar algo bastante más íntimo que coronas, joyas o arquitectura monumental. Mientras el Imperio romano se desgarraba en guerras entre emperadores, dentro de una torre aparentemente construida para defender uno de sus palacios alguien podía entrar, cerrar la puerta y sentarse en una piscina caliente sobre un suelo calentado desde abajo. Y los arqueólogos han necesitado unos 1.700 años para descubrir que la torre escondía un spa.

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