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Ciencia

Los glaciares de los Andes están retrocediendo y están dejando una montaña cada vez más inestable sobre una enorme laguna. En Latinoamérica ya se preparan sensores y rutas de evacuación por si un derrumbe empuja el agua valle abajo

El retroceso del hielo dejó expuesta una ladera inestable sobre una laguna glaciar de la Patagonia. Científicos y autoridades ya trabajan en sensores, alertas y evacuación ante un posible desborde repentino.
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Durante miles de años, el hielo no solo ocupó los valles de los Andes. También ejerció presión contra las montañas que tenía a sus lados, ayudando a sostener enormes masas de roca. Ahora ese hielo está retrocediendo.

En la Patagonia argentina, ese proceso está dejando al descubierto la ladera norte de una montaña que los geólogos llevan años observando por su inestabilidad. Justo debajo hay una gran laguna glaciar. Y la preocupación es fácil de visualizar: si una porción suficientemente grande de la montaña se desprende y cae al agua, puede generar una ola capaz de desbordarla y enviar una inundación repentina hacia el valle.

No existe una advertencia de que algo así vaya a ocurrir de manera inminente. Pero el riesgo ha avanzado lo suficiente como para que científicos y autoridades estén preparando cámaras, sistemas de monitoreo, niveles de alerta y hasta rutas de evacuación.

El hielo desapareció y una parte de la montaña perdió el apoyo que tenía

Los glaciares de los Andes están retrocediendo y están dejando una montaña cada vez más inestable sobre una enorme laguna. En Latinoamérica ya se preparan sensores y rutas de evacuación por si un derrumbe empuja el agua valle abajo
© Getty Images / Vera Vita.

El escenario está en Laguna Torre, dentro del Parque Nacional Los Glaciares, cerca de El Chaltén. Pero entender los nombres importa menos que entender el mecanismo.

El Servicio Geológico Minero Argentino ya estudió la zona en 2019. Su evaluación detectó una importante inestabilidad en la ladera norte del Cerro Solo, que había quedado progresivamente expuesta por el retroceso glaciar. El peligro considerado entonces era precisamente un gran movimiento de tierra que terminara dentro de la laguna.

En 2026, nuevas observaciones volvieron a poner el problema sobre la mesa. El geólogo Diego Winocur, investigador del Instituto de Estudios Andinos de UBA-CONICET, presentó imágenes satelitales y mediciones que muestran el rápido retroceso del glaciar y explicó ante autoridades locales que un colapso podría desplazar una gran cantidad de agua hacia el valle.

Ese tipo de fenómeno tiene un nombre: GLOF, siglas en inglés de Glacial Lake Outburst Flood. No hace falta que una laguna simplemente “reviente”. Un desprendimiento de roca o hielo puede caer dentro, levantar una enorme ola, superar la barrera natural que contiene el agua y desencadenar una inundación aguas abajo.

La idea ahora es detectar el problema antes de que el agua empiece a bajar

Los glaciares de los Andes están retrocediendo y están dejando una montaña cada vez más inestable sobre una enorme laguna. En Latinoamérica ya se preparan sensores y rutas de evacuación por si un derrumbe empuja el agua valle abajo
© Getty Images / Vera Vita.

La respuesta que se discute no consiste únicamente en observar el glaciar cada algunos meses. Investigadores y organizaciones locales proponen vigilar en tiempo real la ladera inestable y el curso de agua que sale de la laguna, utilizando cámaras, datos meteorológicos y mediciones del nivel del agua. Esa información podría integrarse en un sistema con distintos niveles de alerta para advertir a la población si aparecen cambios preocupantes.

En septiembre, la Junta de Protección Civil reunió a autoridades municipales, provinciales, Parques Nacionales, Recursos Hídricos, Vialidad e INTA para comenzar a preparar un plan de contingencia y evacuación. Eso implica identificar zonas seguras, vías de escape y qué infraestructura podría quedar comprometida. Incluso se está estudiando qué ocurriría con los accesos al pueblo si una crecida importante recorriera el valle.

Lo preocupante no es solo una laguna. Es lo que queda cuando desaparece el hielo

Los glaciares pueden retroceder y dejar depresiones que terminan llenándose de agua. Al mismo tiempo, las paredes rocosas que permanecieron durante siglos contenidas o parcialmente sostenidas por el hielo quedan expuestas. Esa combinación (más agua almacenada y pendientes potencialmente menos estables) está obligando a muchas regiones montañosas a pensar no solo en cuánto hielo perderán, sino en qué paisaje quedará después.

En el caso patagónico, la advertencia científica existe desde hace años. Lo que está cambiando ahora es la respuesta: pasar de saber que el peligro es posible a construir un sistema capaz de reconocer cuándo empieza a volverse urgente. Porque el gran riesgo del retroceso glaciar no siempre ocurre mientras el hielo desaparece.

A veces empieza justo después, cuando la montaña queda sola, la laguna sigue creciendo debajo y basta con que una enorme pieza de roca finalmente ceda.

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