Una torre defensiva no parece el lugar más lógico para instalar un spa privado. Los romanos de Šarkamen, sin embargo, encontraron la manera de introducir dentro de una de ellas una sala circular, tres bañeras, un baño de vapor y un complejo sistema de calefacción.
El descubrimiento se produjo en Vrelo-Šarkamen, un yacimiento próximo a Negotin, en el este de Serbia. Allí se levantó a comienzos del siglo IV una residencia fortificada vinculada con Maximino Daya, uno de los gobernantes que participaron en la Tetrarquía, el sistema creado para dividir el poder del Imperio romano entre varios emperadores.
El nuevo espacio no era una de las grandes termas públicas asociadas habitualmente con las ciudades romanas. Era un balneum privado, construido para los habitantes de mayor rango del palacio y escondido en el nivel más bajo de su torre angular suroccidental.
Los romanos consiguieron encajar una sala circular y una cúpula dentro de la torre

El complejo imperial tenía una planta de aproximadamente 90 por 90 metros y estaba protegido por diez torres. Según la documentación recopilada por el proyecto de Patrimonio de la Antigüedad Clásica de Serbia, algunas alcanzaban unos 15 metros de diámetro exterior.
Los constructores aprovecharon ese espacio para levantar un baño de planta circular cubierto por una cúpula con seis ventanas. Integrar todas esas aberturas sin debilitar la estructura habría exigido un importante dominio de la arquitectura y de la distribución de cargas.
La ubicación es precisamente lo que convierte el descubrimiento en algo excepcional. Los baños privados eran habituales en las residencias de la élite, pero el equipo de excavación asegura que, por ahora, no conoce otro balneum romano instalado de esta manera en la parte inferior de una torre palaciega monumental, según la información facilitada a Arkeonews.
El espacio estaba dividido en dos circuitos. Los ocupantes del palacio accedían desde el sector oriental, mientras que los trabajadores entraban por una puerta occidental para alimentar el horno y ocuparse del mantenimiento. Así, el servicio podía trabajar sin cruzarse con quienes utilizaban las instalaciones.
El sistema de calefacción sobrevivió mucho mejor que la caldera

El corazón técnico del baño era el praefurnium, un horno desde el que se enviaba aire caliente hacia el subsuelo de las habitaciones. El pavimento descansaba sobre pequeñas columnas circulares, llamadas pilae, creando una cámara por la que circulaba el calor. Buena parte de ese hipocausto permanece intacto, algo que permitirá reconstruir cómo se distribuía la temperatura entre las diferentes dependencias. Los arqueólogos también localizaron tres bañeras y un sudatorium, una estancia caliente utilizada como baño de vapor.
Junto al horno apareció además la base sobre la que descansaba una caldera de cobre. El recipiente desapareció, probablemente porque el metal era demasiado valioso para dejarlo abandonado y fue recuperado para reutilizarlo. Su soporte, en cambio, conserva información suficiente para establecer su posición y su conexión con el sistema hidráulico.
El conjunto demuestra que no se trataba simplemente de una habitación para lavarse. La separación entre trabajadores y usuarios, la calefacción subterránea, el vapor, las bañeras y la iluminación de la cúpula formaban un espacio dedicado al confort y a la representación del poder imperial.
Treinta años antes, el mismo palacio ya había entregado un tesoro de oro

Šarkamen se hizo famoso hace tres décadas, cuando las excavaciones de su mausoleo sacaron a la luz restos humanos cremados acompañados por joyas pertenecientes a una mujer de la familia imperial. El conjunto incluía collares, anillos, pendientes y pequeñas placas votivas de oro.
El baño revela ahora esa riqueza de una forma diferente. Ya no mediante objetos preciosos, sino a través de una infraestructura que necesitaba agua, combustible, trabajadores especializados y una arquitectura especialmente compleja para funcionar. Todavía falta resolver un problema importante: nadie sabe exactamente cómo los ocupantes del palacio descendían desde el corredor oriental hasta el nivel inferior del baño. Tampoco está completamente clara la función de la gran entrada occidental ni de todas las habitaciones descubiertas.
Las futuras campañas deberán reconstruir esos recorridos. Por ahora, Šarkamen ha vuelto a demostrar que todavía guardaba secretos: primero entregó el oro de su mausoleo y, treinta años después, ha revelado el lugar donde la élite romana se encerraba para bañarse entre vapor y suelos calientes.