El clima de la Tierra nunca ha sido estable. A lo largo de millones de años, nuestro planeta alternó entre eras glaciales y periodos más templados siguiendo patrones cíclicos bien definidos. Hasta ahora, estos cambios se explicaban principalmente por variaciones orbitales propias y por la influencia de grandes planetas como Júpiter. Sin embargo, una investigación reciente apunta a un protagonista inesperado: Marte.
Los ciclos de Milankovitch y el reloj astronómico del clima
Los llamados ciclos de Milankovitch describen cómo pequeñas variaciones en la órbita y la orientación de la Tierra modifican la cantidad de energía solar que recibe el planeta. Estos ciclos son tres:
-
Excentricidad, que cambia la forma de la órbita terrestre.
-
Oblicuidad, que altera la inclinación del eje de rotación.
-
Precesión, que modifica la orientación del eje con el tiempo.
Combinados, estos movimientos actúan como un reloj astronómico que regula la aparición de glaciaciones e interglaciares.

El papel inesperado de Marte
Según el nuevo estudio, Marte desempeña un papel mucho más relevante de lo que se pensaba. Mediante simulaciones climáticas y orbitales, los investigadores comprobaron que al eliminar a Marte de los cálculos, desaparecen ciertos ciclos glaciales largos, de unos 2,4 millones de años, observados en los registros geológicos terrestres.
Esto sugiere que la gravedad del planeta rojo contribuye a estabilizar —o desestabilizar— la órbita terrestre a escalas de tiempo muy largas.
La masa de Marte cambia el ritmo del clima
Uno de los resultados más llamativos del estudio es que la masa de Marte resulta clave. Al modificarla en las simulaciones, los científicos observaron cambios directos en la duración e intensidad de los ciclos climáticos.
Por ejemplo, el ciclo de oblicuidad terrestre, que actualmente dura unos 41.000 años, se alargaría hasta los 50.000 años si Marte tuviera diez veces su masa actual. Este simple ajuste altera de forma notable la dinámica del clima global.
CLIMA
Infografía donde aparecen representados los ciclos de Milankovitch (Geology Science)#Paleoclimatologia pic.twitter.com/rUseiYYDJf— CRCpaleos (@CRCpaleos) October 11, 2025
Qué nos enseña esto sobre el pasado… y el futuro
Aunque no podemos cambiar la influencia real de Marte, estos modelos ayudan a entender mejor por qué el clima terrestre evolucionó como lo hizo. También permiten afinar predicciones sobre su comportamiento futuro a muy largo plazo.
Además, este tipo de investigaciones resulta crucial para la búsqueda de vida en exoplanetas. Comprender cómo los planetas de un sistema se influyen entre sí ayuda a determinar si un mundo distante puede mantener un clima estable durante millones de años.
Un sistema solar más interconectado de lo que creíamos
El estudio refuerza una idea cada vez más clara en astronomía: ningún planeta es una isla. Incluso Marte, pequeño y aparentemente irrelevante desde el punto de vista climático, ha dejado una huella profunda en la historia de la Tierra.
Nuestro clima no depende solo de la atmósfera o los océanos, sino también de un delicado equilibrio gravitatorio que se extiende mucho más allá de nuestro planeta.
Fuente: Meteored.