El plástico ya no es solo un problema visible en playas y mares: también circula en organismos diminutos que sostienen la vida marina. Investigadores latinoamericanos acaban de comprobar que el zooplancton, alimento esencial de peces y aves, ingiere microplásticos. La noticia preocupa porque estos residuos podrían escalar a lo largo de la cadena trófica y terminar en nuestra propia dieta.
Un hallazgo pionero en América Latina
El estudio, publicado en Environmental Pollution, fue liderado por científicos del Instituto Argentino de Oceanografía (Conicet-UNS) junto a colegas de la Universidad de San Pablo (Brasil) y de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa (Perú). Se centró en copépodos, pequeños crustáceos casi invisibles que forman parte crucial del zooplancton y sirven de alimento a numerosas especies marinas.
Por primera vez, se confirmó la presencia de fibras y fragmentos plásticos dentro de su sistema digestivo. Hasta ahora, este fenómeno solo había sido registrado en regiones como Asia o el Atlántico Norte, lo que convierte al trabajo latinoamericano en un hito científico.
Cómo se detectaron los microplásticos

Los investigadores realizaron muestreos en tres playas con diferentes niveles de oleaje, recolectando tanto agua como zooplancton en dos temporadas distintas. Con redes de malla fina capturaron partículas y organismos, que luego fueron analizados en laboratorio.
Mediante espectroscopía infrarroja, técnica que utiliza luz para identificar materiales, comprobaron que los copépodos habían ingerido fragmentos de polipropileno —plástico común en bolsas, envases descartables y redes de pesca— en mayor proporción que los residuos hallados en el agua circundante.
En promedio, cada organismo contenía entre 0,07 y 0,24 partículas plásticas. Aunque parezca poco, los copépodos son tan abundantes que su papel como acumuladores puede ser enorme en términos ecológicos.
Riesgos para la cadena alimentaria
El estudio mostró que las fibras plásticas ingeridas eran en su mayoría transparentes, azules y negras. Una de las especies analizadas, Acartia tonsa, fue la que mostró mayor diversidad de microplásticos consumidos.
El doctor Andrés Arias, coautor de la investigación, advirtió que el zooplancton puede actuar como un vector de microplásticos hacia peces y aves marinas, que luego forman parte de la dieta humana. El riesgo, por tanto, no se limita al ecosistema marino: puede alcanzar directamente la seguridad alimentaria.
So sad. Every inshore plankton sample I collect contains microplastic pollution. Yesterday's sample was no exception. The body of this dinoflagellate is ~ 50 µm diameter (0.05 mm). The plastic microfibre is ~ 10 µm diameter. (A human hair is ~ 70 µm.) The shocking scale of it.… pic.twitter.com/BkhDjUmtZA
— Dr Richard Kirby (@PlanktonPundit) October 4, 2024
Además, los copépodos concentran más partículas de las que hay en el agua a su alrededor, lo que refuerza su rol como reservorios y multiplicadores de contaminantes.
Un desafío global y urgente
Los investigadores coinciden en que el trabajo es exploratorio, pero abre la puerta a nuevas preguntas: ¿cómo afectan los microplásticos la salud del zooplancton? ¿Qué impacto tendrán en depredadores marinos y, en consecuencia, en los humanos?
El equipo recomendó unificar protocolos de muestreo a nivel mundial para poder comparar datos y dimensionar el problema. También remarcan la necesidad de repensar la producción y el consumo de plásticos, fomentando materiales reciclables y reduciendo los residuos que terminan en ríos y mares.
Como concluyó Arias, también miembro de la Coalición Mundial de investigadores sobre el Tratado Global de Plásticos: “El zooplancton sí ingiere microplásticos. Son bajas concentraciones, pero al ser millones de individuos, el riesgo de transferencia trófica es mayor de lo que suponíamos”.
Fuente: Infobae.