Saltar al contenido

No, definitivamente, la Amazonia no nos da el oxígeno que respiramos. Pero su verdadero papel en el planeta es aún más importante

Por años se la llamó el “pulmón de la Tierra”. Sin embargo, los investigadores hoy coinciden en que la selva amazónica apenas influye en el oxígeno atmosférico. Su valor no está en lo que exhala, sino en cómo regula el clima y sostiene la vida de millones de especies.

Durante muchísimas décadas, los libros, los titulares y los discursos ambientales repitieron una idea seductora: la selva amazónica produce el 20 % del oxígeno del planeta. Pero, según los científicos, esa afirmación es más mito que realidad. En términos netos, la Amazonia prácticamente no genera oxígeno adicional.

Michael Coe, investigador del Centro de Investigación Woods Hole, lo resume con claridad: “Hay muchas razones para proteger la Amazonia, pero el oxígeno no es una de ellas”. Su razonamiento es sencillo. La atmósfera contiene apenas un 0,04 % de dióxido de carbono, el gas que los árboles necesitan para producir oxígeno durante la fotosíntesis. No hay suficiente CO₂ para que un solo bioma genere una quinta parte del oxígeno terrestre.

Por cada molécula de dióxido de carbono que los árboles transforman, liberan una de oxígeno; pero ese mismo oxígeno es consumido de nuevo durante la noche o cuando la materia orgánica se descompone. En otras palabras, el bosque respira tanto como produce.

El verdadero balance del bosque

El mito del “pulmón del planeta”: por qué la Amazonia no produce el oxígeno que creíamos
© Unsplash – Ivars Utināns.

El ecólogo Yadvinder Malhi, de la Universidad de Oxford, estima que todos los bosques tropicales del mundo son responsables de alrededor del 34 % de la fotosíntesis terrestre, y la Amazonia aporta apenas la mitad de esa cifra. Si se compara con los océanos, donde el fitoplancton produce la mayor parte del oxígeno del planeta, la contribución amazónica se reduce a un mínimo 6 % del total global.

Y lo más importante: la Amazonia consume casi tanto oxígeno como libera. Los árboles utilizan parte del oxígeno que producen para su propia respiración, y el resto es empleado por millones de microorganismos que descomponen la materia vegetal muerta. El efecto neto es casi nulo.

Por eso, el científico atmosférico Scott Denning de la Universidad Estatal de Colorado explica que el oxígeno que respiramos no depende de los bosques actuales, sino del que se acumuló durante miles de millones de años gracias al fitoplancton que quedó atrapado en el fondo del mar antes de descomponerse. Ese proceso geológico fue el que hizo la atmósfera respirable, no la fotosíntesis contemporánea.

Un aire acondicionado, no un pulmón

El mito del “pulmón del planeta”: por qué la Amazonia no produce el oxígeno que creíamos
© Shutterstock – Jhampier Giron M.

Nada de esto resta importancia a la Amazonia. Simplemente cambia la metáfora. “El bosque no es un pulmón”, dice Coe, “es un aire acondicionado planetario”. Su valor radica en su capacidad para absorber dióxido de carbono, regular la temperatura global y mantener el equilibrio de las lluvias en Sudamérica.

El científico brasileño Carlos Nobre, del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de São Paulo, recuerda que la selva es además el ecosistema terrestre con mayor biodiversidad del planeta, un refugio de especies y culturas que sostienen la vida de la región.

Así, aunque no nos dé el oxígeno que respiramos, la Amazonia cumple un papel aún más esencial: mantener la estabilidad climática del planeta. Llamarla “el pulmón del mundo” puede ser un error biológico, pero sigue siendo una metáfora útil si nos recuerda que, sin ella, el planeta difícilmente podría seguir respirando en equilibrio.

También te puede interesar