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En España hay una ciudad con piscinas naturales a 40 grados junto a un río: ahora quieren cobrar por bañarse

Ourense, en Galicia, es conocida por sus aguas termales naturales, utilizadas desde hace más de 2.000 años. Sus pozas al aire libre ofrecen baños calientes junto al río Miño, pero una reciente decisión municipal abrió un debate sobre el futuro de estos espacios: cobrar por acceder a instalaciones que tradicionalmente han sido gratuitas.
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En el noroeste de España existe una ciudad donde el agua caliente brota naturalmente del suelo y forma parte de la vida cotidiana desde hace miles de años. Se trata de Ourense, en Galicia, uno de los destinos termales más conocidos del país.

Sus manantiales pueden superar los 60 grados Celsius, mientras que algunas de las piscinas acondicionadas junto al río Miño ofrecen temperaturas cercanas a los 40 grados.

Este fenómeno natural convirtió a la ciudad en un destino turístico singular. Sin embargo, una reciente decisión del Ayuntamiento ha generado controversia entre vecinos y visitantes: la posibilidad de cobrar por utilizar determinados espacios termales públicos.

Una ciudad que nació alrededor de sus aguas calientes

La historia de Ourense está profundamente vinculada con sus manantiales.

Mucho antes de que se convirtiera en un destino turístico, sus aguas ya eran consideradas especiales por las poblaciones que habitaban la región. Durante la época romana, alrededor de As Burgas se construyeron instalaciones termales y espacios religiosos dedicados a divinidades relacionadas con el agua.

Las excavaciones arqueológicas permitieron encontrar restos de una piscina del siglo I y diferentes piezas vinculadas con antiguos rituales.

Actualmente, As Burgas continúa siendo uno de los principales símbolos históricos de la ciudad. Sus fuentes, situadas en pleno centro urbano, liberan agua caliente de manera natural gracias a un proceso geotérmico relacionado con la circulación subterránea del agua a través de las rocas.

Las piscinas naturales a 40 grados que atraen a miles de visitantes

Uno de los mayores atractivos de Ourense se encuentra a orillas del río Miño.

A lo largo de varios kilómetros aparecen diferentes conjuntos termales, entre ellos A Chavasqueira, Muíño da Veiga, Outariz y Burga de Canedo.

Estas instalaciones permiten disfrutar de baños calientes al aire libre, rodeados de vegetación y con vistas al río. Algunas son gratuitas, mientras que otras funcionan como recintos de pago con servicios adicionales.

Sin embargo, el acceso depende de las condiciones meteorológicas y del nivel del río, ya que ciertas pozas pueden cerrar durante períodos de crecidas.

El Ayuntamiento aprueba una entrada de siete euros para As Burgas

El 19 de octubre de 2026, el Ayuntamiento de Ourense aprobó inicialmente una ordenanza que establece una entrada general de siete euros para utilizar la piscina termal de As Burgas cuando vuelva a abrir.

La instalación permanece cerrada desde marzo de 2020 y todavía no tiene una fecha definitiva de reapertura.

La nueva normativa también contempla un abono mensual de 25 euros y descuentos del 50% para determinados colectivos. El alcalde, Gonzalo Pérez Jácome, defendió el cobro como una medida necesaria para sostener el funcionamiento de las instalaciones.

Sin embargo, la propuesta recibió críticas de representantes políticos que consideran que el acceso al patrimonio termal público debería mantenerse asequible.

Otras pozas gratuitas también podrían comenzar a cobrar entrada

El debate no termina en As Burgas.

Durante la sesión municipal, el alcalde también planteó su intención de establecer tarifas para las pozas públicas de Outariz y Muíño da Veiga. Por ahora, esas posibles medidas no cuentan con una aplicación concreta. Mientras tanto, algunas instalaciones continúan funcionando de forma gratuita y otras permanecen cerradas.

Según la información turística disponible en octubre de 2026, A Chavasqueira y parte de Burga de Canedo estaban abiertas, mientras que Muíño da Veiga, las pozas gratuitas de Outariz y la piscina de As Burgas permanecían cerradas.

El caso de Ourense plantea una cuestión que afecta a numerosos destinos turísticos: cómo financiar la conservación de un recurso natural e histórico sin limitar su acceso a quienes lo han disfrutado durante generaciones.

 

 

Fuente: Xataka.

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