Son muchos los científicos que argumentan que los microplásticos representan un peligro real, aunque sutil, para la salud humana. En un estudio que se publicó esta semana podría estar una clave vital para saber cómo es que está sucediendo este daño.
Unos investigadores de la Universidad de Columbia, entre otras instituciones, analizaron el comportamiento de los microplásticos en el agua y encontraron que cuando el plástico se rompe en fragmentos diminutos y queda rodeado por el agua, puede producir con facilidad moléculas altamente reactivas. Aunque se requiere más investigación para entender los impactos exactos de los microplásticos en la salud, el trabajo de este equipo contradice la suposición de que el plástico siempre es químicamente pasivo, indicaron los autores del trabajo.
“Lo que hallamos contradice el paradigma de que el plástico es inerte e identifica un mecanismo posiblemente pasado por alto sobre los defectos de los microplásticos en detrimento de la salud y el medio ambiente”, dice el trabajo publicado el miércoles en Nature.
¿Inertes, o no?
Todo pedazo de plástico que mida menos de 5 milímetros es microplástico y a lo largo de los años la ciencia ha advertido sobre los probables peligros que estos pedacitos diminutos podrían representar para la salud humana y animal.
Sabemos que el plástico suele contener sustancias químicas que pueden imitar y tal vez perturbar el funcionamiento de algunas hormonas naturales. Hay estudios que sugieren que los microplásticos pueden dañar nuestro organismo en forma directa, pero sobre los riesgos potenciales la información es más limitada.
El plástico se utiliza en casi todos los ámbitos de la vida porque se supone que bajo circunstancias normales es químicamente inerte. Pero los experimentos de los investigadores indican que esa suposición no es verdad cuando el plástico se rompe en pedacitos diminutos que pueden ingresar en nuestros cuerpos. Hallaron que en el agua los microplásticos son capaces de generar moléculas inestables conocidas como radicales libres. “Pueden cambiar el agua que los rodea creando radicales reactivos de alta energía que probablemente contribuyen al daño biológico que vemos en animales y potencialmente, en humanos expuestos a los microplásticos”, declaró Wei Min, profesor de química e ingeniería biomédica de Columbia.
Los juguetes, también
Es obvio que nuestros cuerpos están llenos de agua por lo que resulta razonable pensar que los microplásticos pueden crear esos radicales dentro de nosotros también. Podríamos incluso estar expuestos a estas moléculas al beber agua embotellada, señalaron los investigadores. Esos radicales también podrían ser la explicación de al menos algunos de los cambios corporales dañinos como la inflamación, la disfunción inmune y las alteraciones en el metabolismo.
Los científicos intentan cuantificar los riesgos para la salud que representan los microplásticos, y otros factores podrían influir en eso, como por ejemplo la edad.
En Occidente, los niños están expuestos a gran cantidad de sustancias químicas nocivas ya que tienen en promedio 18 kg de juguetes de plástico. El riesgo principal está en la inhalación de sustancias químicas que provienen de todos los juguetes de plástico que hay en su habitación. Los plásticos blandos son más nocivos, y algunas sustancias presentes en los juguetes incluyen:
- Ftalatos: sustancias con efectos sobre la reproducción y el desarrollo, el sistema hormonal e inmunitario o daños en el hígado
- Retardadores de llama bromados: potenciales efectos tóxicos por su capacidad de actuar como disruptores endocrinos y provocar trastornos de la conducta.
- Plastificantes como el butirato TXIB y el citrato ATBC usados como alternativas a los ftalatos, pero dañinos de todos modos.
Saber si la exposición diaria o anual al plástico aumenta las probabilidades de sufrir determinada afección, por ejemplo, o averiguar si esas probabilidades cambian según dónde acabe el plástico en tu cuerpo, constituye parte de lo que buscan averiguar. En todo caso es improbable que el plástico sea totalmente inocuo, y hay evidencia de que es muy perjudicial para el entorno marino.El estudio debería ayudar a la ciencia a entender mejor los riesgos de los microplásticos, y lo que se espera es que al menos se mejoren los métodos de fabricación del plástico para reducir el riesgo de que generen radicales libres.