El universo está lleno de planetas que desafían nuestra intuición. Ninguno rompe las leyes de la física, pero sus características son tan extremas que obligan a los astrónomos a poner a prueba los modelos sobre cómo se forman, evolucionan y sobreviven los sistemas planetarios.
Estos son ocho de los ejemplos más sorprendentes descubiertos hasta ahora.
TrES-2 b: un planeta casi completamente negro
Situado a unos 750 años luz, TrES-2 b refleja menos del 1 % de la luz que recibe de su estrella.
Este gigante gaseoso completa una órbita en apenas 2,47 días y está sometido a temperaturas extremas. Aunque suele describirse como el planeta más oscuro conocido, probablemente emita un tenue brillo rojizo debido a su propio calor.
HD 189733 b: un mundo donde podría llover vidrio
A unos 64 años luz se encuentra un planeta azul que, visto desde lejos, podría parecer sorprendentemente parecido a la Tierra.
Pero su color no procede de océanos.
HD 189733 b posee una atmósfera extremadamente caliente con partículas de silicatos y vientos de varios miles de kilómetros por hora. Esos silicatos podrían condensarse y desplazarse lateralmente por su atmósfera, originando la famosa descripción de una “lluvia de vidrio”.
WASP-12 b: una estrella está destruyendo lentamente el planeta
WASP-12 b orbita tan cerca de su estrella que tarda apenas 1,1 días en completar un año.
Las intensas fuerzas gravitacionales lo han deformado hasta darle una forma alargada, similar a un huevo, mientras parte de su atmósfera escapa hacia la estrella.
Si el proceso continúa, podría terminar siendo destruido.
TOI-3757 b: el planeta con densidad de malvavisco
Tiene aproximadamente el tamaño de Júpiter, pero una densidad de apenas 0,27 gramos por centímetro cúbico.
TOI-3757 b es unas cuatro veces menos denso que el agua, una característica que le ha valido el apodo de “planeta malvavisco”.
Su existencia resulta especialmente interesante porque orbita una enana roja, estrellas alrededor de las cuales los gigantes gaseosos son relativamente poco frecuentes.
PSO J318.5−22: un planeta sin estrella
Este objeto de masa planetaria se desplaza libremente por el espacio sin orbitar una estrella.
Está situado a unos 80 años luz y posee aproximadamente seis veces la masa de Júpiter.
Tiene apenas unos 12 millones de años y conserva suficiente calor de su formación para ser observado en longitudes de onda infrarrojas.
KELT-9 b: más caliente que muchas estrellas
La cara diurna de KELT-9 b alcanza aproximadamente 4.300 °C.
Es una temperatura superior a la superficie de numerosas estrellas de baja masa y suficiente para descomponer muchas moléculas de su atmósfera.
Un año allí dura apenas unas 36 horas.
55 Cancri e: un mundo de roca fundida
Esta supertierra se encuentra a unos 41 años luz y orbita a solo 2,3 millones de kilómetros de su estrella.
Completa una vuelta en menos de 18 horas y alcanza temperaturas superiores a los 2.000 °C. Las condiciones son suficientemente extremas como para mantener enormes cantidades de roca fundida en su superficie.
WASP-76 b: el planeta donde podría llover hierro
En el lado diurno de WASP-76 b las temperaturas superan los 2.400 °C, suficientes para vaporizar hierro.
Los vientos pueden transportar ese material hacia el hemisferio nocturno, donde las temperaturas son más bajas y el hierro puede condensarse.
El resultado es uno de los fenómenos meteorológicos más extremos conocidos: gotas de metal cayendo desde la atmósfera.
Estos mundos no son imposibles. Precisamente por eso resultan tan fascinantes: demuestran que nuestra experiencia en la Tierra representa apenas una pequeña parte de todo lo que un planeta puede llegar a ser.