En el mundo animal, el olor es una herramienta de supervivencia tan eficaz como los dientes o las garras. Muchos animales utilizan su aroma —o mejor dicho, su hedor— como mecanismo de defensa, atracción o comunicación. En este recorrido conocerás a ocho criaturas que destacan no por su belleza ni su fuerza, sino por el impacto… nasal que provocan.
Cuando el olor se convierte en arma de defensa
A primera vista, algunos de estos animales podrían parecer tiernos o incluso simpáticos. Sin embargo, basta un segundo para que sus glándulas entren en acción y liberen un aroma que desafía cualquier resistencia humana.

El diablo de Tasmania, por ejemplo, no solo intimida con sus gritos, sino también con un olor penetrante que emite cuando se siente amenazado. El zorrillo, más conocido, es capaz de lanzar su infame líquido a varios metros, provocando irritación ocular y náuseas. Por su parte, el buitre de cabeza roja tiene un método aún más impactante: regurgita ácido gástrico corrosivo con un olor insoportable.
Las hienas también se suman a esta lista fétida, con glándulas que marcan su territorio a kilómetros de distancia. El lobezno o glotón, pequeño pero letal, no se queda atrás: sus secreciones lo han hecho ganarse el apodo de “oso apestoso”.
Olores intensos también en la conquista y la comunicación

No todos los malos olores sirven para defenderse. Algunos se usan para ligar. El buey almizclero, durante la época de celo, rocía su orina intensamente olorosa para atraer a las hembras. Esta estrategia, aunque eficaz para su especie, puede provocar incluso lágrimas en humanos que se encuentren cerca.
El castor americano, famoso por sus diques, utiliza una sustancia aceitosa llamada castóreo para marcar territorio. Lo curioso es que esta secreción maloliente también se ha utilizado en perfumería, debido a su capacidad de fijación.
Por último, las chinches hediondas completan este ranking aromático. Pequeñas pero eficientes, expulsan un líquido fétido cuando se sienten en peligro. Algunas incluso pueden lanzar su “perfume” a distancia.
¿Preparado para no juzgar nunca más a un animal por su aspecto? Estos ocho ejemplos prueban que en la naturaleza el olor también cuenta… y a veces, demasiado.