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Ciencia

El agua parecía el simple escenario de las reacciones que sostienen la vida. Un láser de rayos X acaba de mostrar que gira, se contrae y reconstruye sus enlaces para hacerlas posibles

El experimento siguió el movimiento de electrones y la reorganización del líquido en menos de una milmillonésima de segundo. No es una película convencional, pero ofrece la visión más completa hasta ahora de una coreografía química presente en la fotosíntesis y el metabolismo.
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La imagen habitual de una reacción química suele colocar a las moléculas importantes en el centro y al agua alrededor, convertida en una especie de fondo transparente. Está presente, pero aparentemente no hace demasiado. A escala molecular sucede justo lo contrario.

Cuando un electrón cambia de sitio y un protón se incorpora a una molécula, el agua cercana responde: gira, modifica sus distancias y reconstruye su red de enlaces de hidrógeno. Todo ocurre tan rápido que hasta ahora los científicos habían conseguido observar únicamente fragmentos separados del proceso.

Un equipo dirigido por el Pacific Northwest National Laboratory (PNNL) acaba de reunir esas piezas mediante pulsos ultrarrápidos de rayos X y simulaciones moleculares. El resultado, publicado en Nature Communications, permite reconstruir por primera vez cómo cambian simultáneamente la distribución electrónica de una molécula y el agua que la rodea durante una reacción esencial para la vida.

El electrón salió primero; el agua comenzó a moverse inmediatamente

El agua parecía el simple escenario de las reacciones que sostienen la vida. Un láser de rayos X acaba de mostrar que gira, se contrae y reconstruye sus enlaces para hacerlas posibles
© Nathan Johnson / Pacific Northwest National Laboratory.

La reacción estudiada se conoce como transferencia de electrones acoplada a protones, o PCET. La naturaleza la utiliza constantemente: aparece en la fotosíntesis, la respiración celular, numerosas enzimas y distintos mecanismos de conversión energética. Su ventaja consiste en coordinar dos partículas con cargas opuestas. El electrón negativo y el protón positivo pueden desplazarse juntos o de forma sucesiva, evitando estados intermedios que exigirían demasiada energía.

Para observarla sin añadir más ruido al experimento, los investigadores utilizaron un complejo de rutenio sumergido en agua ácida. Al recibir luz, el compuesto desplazó un electrón desde el metal hacia uno de sus ligandos orgánicos.

La redistribución ocurrió en menos de 180 femtosegundos: 180 milbillonésimas de segundo. Después llegó el protón. La protonación presentó una escala temporal de unos 460 picosegundos y rompió la distribución simétrica de la carga. El electrón quedó mucho más concentrado alrededor del átomo de nitrógeno que había recibido el protón.

El agua acompañó ambos movimientos. Primero reforzó sus interacciones con los nitrógenos del compuesto y contrajo ligeramente la capa que lo rodeaba. Después de la protonación, sus moléculas volvieron a orientarse y transformaron el patrón de enlaces de hidrógeno. No estaban contemplando la reacción. Formaban parte de ella.

No es un vídeo directo: la película tuvo que reconstruirse

El agua parecía el simple escenario de las reacciones que sostienen la vida. Un láser de rayos X acaba de mostrar que gira, se contrae y reconstruye sus enlaces para hacerlas posibles
© Material for MkDocs.

El equipo combinó dos herramientas del Linac Coherent Light Source de SLAC. La espectroscopia de rayos X permitió detectar en qué átomos de nitrógeno se redistribuían los electrones. La dispersión temporal reveló cómo cambiaban las distancias entre los átomos y la primera capa de agua.

Las simulaciones de química cuántica y dinámica molecular conectaron ambas señales. Según el resumen técnico del PNNL, la reorganización principal ocurrió a menos de cinco ångströms del complejo: aproximadamente media milmillonésima de metro.

Existe una limitación importante. Los rayos X interactúan especialmente bien con átomos ricos en electrones, mientras que un protón prácticamente carece de ellos. Por eso, el experimento no fotografió directamente al protón saltando. Su llegada se dedujo mediante la coincidencia entre los cambios electrónicos, la respuesta óptica, el movimiento del agua y los modelos informáticos.

La utilidad real está en controlar reacciones que hoy apenas comprendemos

El estudio tampoco presenta una batería revolucionaria ni un sistema de fotosíntesis artificial terminado. Su avance es más fundamental: proporciona una forma de estudiar molécula y disolvente como un único sistema.

El PNNL explica que la técnica podría aplicarse al diseño de catalizadores, pilas de combustible, baterías de flujo y tecnologías capaces de convertir o almacenar energía con menos pérdidas.

Los siguientes experimentos deberán enfrentarse a reacciones más complejas, especialmente aquellas en las que electrón y protón parecen moverse al mismo tiempo. La gran revelación, sin embargo, ya está sobre la mesa: en la química que sostiene la vida, el agua nunca fue el escenario. Era uno de los actores principales.

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