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Ciencia

Perú encontró dos pequeñas figuras de hace 5.000 años en Caral. Lo que representan podría revelar cómo una de las primeras civilizaciones de América entendía el mundo

Dos antiguas figuras de arcilla encontradas en Caral, Perú, ofrecen nuevas pistas sobre las creencias de una civilización de hace 5.000 años. Sus diferencias podrían esconder una visión simbólica de la naturaleza y la existencia humana.
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Hace unos 5.000 años, mientras las primeras grandes ciudades de Mesopotamia se consolidaban y Egipto desarrollaba su civilización faraónica, en la costa peruana ya existía una sociedad capaz de construir enormes edificios ceremoniales, organizar asentamientos urbanos y desarrollar un complejo universo de creencias.

Se trataba de Caral, uno de los centros de civilización más antiguos de América. Aunque sus monumentos permiten reconstruir parte de su organización social, comprender cómo aquellas personas interpretaban la vida, la naturaleza y las relaciones humanas sigue siendo un desafío para los arqueólogos.

Ahora, dos pequeñas figuras de arcilla encontradas en la Ciudad Sagrada de Caral podrían ofrecer una pista sobre ese pensamiento milenario. Las representaciones, una masculina y otra femenina, tienen entre 3.800 y 5.000 años de antigüedad y podrían estar relacionadas con una concepción simbólica de la dualidad.

El descubrimiento llega cuando se cumplen 32 años del inicio de las investigaciones arqueológicas en este extraordinario asentamiento peruano.

Dos pequeñas figuras de arcilla podrían esconder una idea mucho más grande

Perú encontró dos pequeñas figuras de hace 5.000 años en Caral. Lo que representan podría revelar cómo una de las primeras civilizaciones de América entendía el mundo
La Ciudad Sagrada de Caral, en el valle de Supe, Perú, conserva edificios piramidales y plazas ceremoniales de una de las primeras sociedades urbanas de América. © Agencia Andina / Editora Perú.

Las estatuillas fueron encontradas en una estructura próxima al Conjunto Residencial Mayor de Caral, uno de los sectores de la antigua ciudad situado en el valle de Supe, al norte de Lima.

Ambas fueron elaboradas con arcilla y presentan características que permitieron a los investigadores distinguir sus representaciones. Una muestra rasgos masculinos y una prenda similar a un taparrabo, mientras que la otra presenta un torso femenino con pechos cónicos.

Según explicó Marco Antonio Machacuay Romero, subdirector de Investigación y Conservación de la Zona Arqueológica Caral, en una entrevista concedida a la Agencia Andina el 14 de octubre, estos objetos podrían reflejar la cosmología y la manera en que sus habitantes comprendían la existencia humana.

La hipótesis resulta especialmente interesante porque las dos figuras podrían representar algo más que personas. Su asociación permite explorar la posibilidad de que expresaran conceptos complementarios, como lo masculino y lo femenino, dentro de una interpretación más amplia de la naturaleza.

Eso no significa que los arqueólogos hayan descifrado completamente su significado. Se trata de una interpretación preliminar, basada en las características y el contexto del hallazgo, que necesita complementarse con otras evidencias.

Caral no solo construyó pirámides: también desarrolló un complejo lenguaje simbólico

Perú encontró dos pequeñas figuras de hace 5.000 años en Caral. Lo que representan podría revelar cómo una de las primeras civilizaciones de América entendía el mundo
Dos esculturas antropomórficas de una etapa posterior de la tradición Caral muestran ornamentos y pigmentos. Los investigadores interpretan sus diferencias como posibles representaciones de jerarquías sociales. © Agencia Andina / Editora Perú.

La civilización Caral se desarrolló aproximadamente entre los años 3000 y 1800 antes de Cristo. Sus habitantes levantaron edificios monumentales, plazas circulares y espacios ceremoniales que muestran una notable capacidad de planificación.

La Unesco reconoce a la Ciudad Sagrada de Caral-Supe como uno de los principales testimonios de la civilización más antigua de América, y destaca la complejidad de su arquitectura y organización urbana. Pero su legado también incluye objetos mucho más pequeños. Los investigadores han recuperado representaciones humanas, animales y vegetales que permiten estudiar aspectos de la vida cotidiana y de sus prácticas rituales.

Las primeras figuras solían presentar superficies blancas o carecer de pigmentos. Con el tiempo, especialmente después de 1800 a. C., comenzaron a aparecer representaciones con colores, ornamentaciones y detalles que distinguían diferentes personajes. La Zona Arqueológica Caral ha documentado otras esculturas vinculadas al poder femenino y a las ceremonias religiosas, lo que permite interpretar las nuevas piezas dentro de una tradición artística y simbólica más amplia.

Algunas estatuillas posteriores incluso reflejan diferencias de estatus social, mediante peinados, vestimentas y elementos ornamentales.

Una historia de miles de años que todavía se reconstruye pieza por pieza

Las figuras recientemente presentadas fueron exhibidas durante un período limitado en la sede del Ministerio de Cultura de Perú, debido a su delicado estado de conservación. En la misma muestra también se incluyeron otras esculturas de épocas posteriores, entre ellas representaciones de personajes con vestimentas más elaboradas y posibles diferencias jerárquicas. Estos contrastes ayudan a estudiar cómo evolucionaron las formas de representación y el papel de los símbolos en las sociedades que continuaron la tradición cultural de Caral.

La investigación tampoco se limita a su ciudad principal. Sitios como Vichama y Peñico han proporcionado piezas que muestran la continuidad y transformación de estas prácticas. Por ejemplo, la Zona Arqueológica Caral presentó en 2026 una escultura femenina de alto estatus recuperada en Peñico, fechada entre 1800 y 1500 a. C.

El hallazgo de las dos figuras recuerda que la historia de Caral no se conserva únicamente en sus grandes pirámides. También permanece en pequeñas representaciones capaces de mostrar cómo sus habitantes imaginaban a las personas, las relaciones sociales y el universo. Cinco milenios después, esas piezas todavía no tienen todas las respuestas. Pero permiten formular nuevas preguntas sobre una sociedad que desarrolló una cultura urbana compleja mucho antes del Imperio inca.

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