Las ultimas noticias en tecnología, ciencia y cultura digital.

Por qué no puedes quedarte con el cráneo de tu abuelo recientemente fallecido para guardarlo en casa

Imagen: Pixabay

Quiero pensar que ninguno de nuestros lectores se ha planteado que, tras la muerte de un familiar cercano, le gustaría llevarse el cráneo del abuelo a casa para recordarlo cada día desde el salón. Sin embargo, y de existir algún alma con tales gustos, debería saber que en la mayor parte del planeta lo tiene difícil.

De esto y otras cosas habla la funeraria Caitlin Doughty en el libro Will My Cat Eat My Eyeballs?: Big Questions From Tiny Mortals About Death, donde recientemente The Atlantic extraía parte de esta mórbida cuestión.

Advertisement

Y es que, en Estados Unidos y en muchas partes del mundo, incluso si el ser querido que ha muerto había dejado anteriormente constancia por escrito indicando el permiso para alojar su cráneo en casa de un familiar, simplemente no es suficiente, y no lo es por dos razones principales.

Como explican en Doughty, en primer lugar la mayoría de las funerarias carecen del equipo necesario para decapitar un cadáver y limpiarlo hasta dejarlo en un simple cráneo. La misma funeraria admite que ni siquiera sabe lo que implicaría ese proceso, aunque suponen una limpieza adecuada involucra escarabajos dermestidos, aquellos que los museos y laboratorios forenses suelen usar para “comer delicadamente la carne muerta de un esqueleto sin destruir los huesos”.

Imagen: Pixabay

Desafortunadamente, las funerarias promedio no tienen escarabajos carnívoros como parte del equipo.

Advertisement

La segunda razón que argumentan es de tipo legal. Para mantener el respeto por los muertos, las leyes de abuso de cadáveres se dan en muchas partes del mundo, y con ellas se evita que las funerarias entreguen cadáveres o huesos, aunque los términos difieren de cada lugar. En Estados Unidos, la ley de Kentucky, por ejemplo, prohíbe el uso de un cadáver de cualquier manera que “indigne la sensibilidad familiar ordinaria”, eso sí, deja la puerta abierta a la interpretación de cómo se comportaría una “familia ordinaria”. 

Para entenderlo, Doughty relata el caso de Julia Pastrana, quien sufría de hipertricosis, una condición que le causó el crecimiento de vello en toda la cara y cuerpo. Su esposo hizo que su cadáver fuera taxidermizado y lo exhibió en espectáculos extravagantes durante el siglo XIX como un plan para ganar dinero. Por supuesto, estamos ante un claro ejemplo de abuso de cadáveres. Sin embargo, debido a que las leyes son tan ambiguas, los profesionales de funerarias se muestran cautelosos a la hora de afirmar qué entra o no en la lista.

Advertisement

Además, normalmente las funerarias también deben presentar un permiso de entierro y tránsito para cada cuerpo, de forma que el estado o ciudad tenga un registro de dónde fue ese cuerpo.

Las opciones habituales son el entierro, la cremación o la donación a la ciencia, “y no hay “cortar la cabeza, limpiarla, preservar el cráneo y luego incinerar el resto del cuerpo” como opción. Nada, ni siquiera remotamente cerca”, zanja Doughty en el libro. [The Atlantic]

Share This Story

About the author

Miguel Jorge

私たちは、ギズモードが大好き

EmailTwitterPosts
PGP Fingerprint: A538 E9AD 005E F2CB C29C BE2F 0401 2B5D D41F C01FPGP Key