¿Qué pasa si golpeas con fuerza una bomba nuclear? Alguien ya ha hecho esa prueba por ti

¿Qué pasa si un loco la emprende a martillazos con una bomba nuclear? El supuesto es muy raro, pero hay otros más realistas ¿Y si un tren que transporta estas armas descarrila o un bombardero se estrella con ellas a bordo? Todas esas preguntas ya se han planteado y solo había una manera de responderlas.

Por extraño que parezca, hay grupos de científicos que se decican a asegurarse de que las armas nucleares son seguras. Obvimente, un artefacto capaz de destruir ciudades enteras nunca va a ser inofensivo. El trabajo de estos investigadores es asegurarse de que el arma no detona a menos que se decida detonarla.

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En Estados Unidos, la seguridad de las armas nucleares se confía a los técnicos del Laboratorio Nacional Sandía, dependiente del Ministerio de Energía y con sedes en Nuevo México y California. Su trabajo consiste precisamente en someter armas nucleares a todo tipo de pruebas de resistencia para asegurarse de que no detonan si sufren daños. Una de estas pruebas responde a la pregunta de qué ocurre si una cabeza nuclear cae de un avión y se estrella contra un edificio.

La prueba consiste precisamente en estrellar un objeto (en este caso un trineo impulsado por cohetes) contra una cabeza nuclear inerte (sin combustible nuclear). El impacto es espectacular, pero en ningún caso sirve para detonar la bomba. Solo la destroza.

La explosión perfecta

Para entender por qué un arma nuclear no puede activarse a mamporro limpio basta con entender cómo funciona por dentro. Las bombas nucleares funcionan desencadenando una reacción en cadena a partir de combustible nuclear. Para ello es necesario comprimir ese combustible de una manera brutal. El método más común es distribuir el combustible nuclear en una esfera y envolver esta con una esfera más grande de explosivo convencional.

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Al activarse, el explosivo comprime el combustible nuclear y lo hace alcanzar masa crítica, desencadenando la explosión nuclear. Para que esta reacción tenga lugar, la detonación inicial debe ser extremadamente simétrica. Si una parte de la esfera de explosivo convencional explota a destiempo no habrá reacción nuclear, tan solo una fea nube de material radioactivo que contaminará una pequeña área.

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Ni siquiera una explosión nuclear sería capaz de hacer explotar una bomba nuclear. Si uno de estos artefactos detonara dentro de un silo de misiles nucleares no habría explosiones en cadena.

Pero, ¿puede activarse el explosivo convencional a golpes? La respuesta a día de hoy es no. Generalmente se usan detonadores como los EBW (exploding-bridgewire detonator) que solo reaccionan ante una descarga eléctrica súbita y muy potente. Incluso aunque electrocutáramos la bomba, probablemente no lograríamos nada porque antes de activar la fase final de los detonadores hay que activar varias fases previas de seguridad. En el peor de los casos tan solo lograríamos detonar parte del explosivo convencional. Los que estuvieran próximos al artefacto no lo contarían, pero no habría explosión nuclear.

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No siempre las cabezas nucleares han sido tan seguras. En 1961, un pequeño pueblo de Carolina del Norte estuvo a punto de ser borrado del mapa por una explosión termonuclear 250 veces superior a la de Hiroshima. La bomba cayó desde un B-52 accidentado y solo un cable roto evitó una catástrofe que hubiera llegado hasta Nueva York.

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Las dos bombas de Palomares se exhiben hoy en el Museo de la Ciencia y la Historia Nuclear de Nuevo México.
Foto: Marshall Astor / Wikipedia

En 1966, un B-52 estadounidense con cuatro bombas nucleares sufrió un accidente fatal cerca de la costa española. Dos de los artefactos cayeron en tierra cerca del pueblo almeriense de Palomares y sus explosivos convencionales detonaron, contaminando un área de dos kilómetros cuadrados con isótopos radioactivos de plutonio. Las otras dos pudieron recuperarse.

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Una cabeza nuclear B53, de camino a su desmantelamiento.
Foto: Wikipedia

Accidentes como el de Palomares serían muy difíciles hoy en día. Los mecanismos de seguridad para evitar explosiones fortuitas se encargan de ello. El último accidente con un artefacto nuclear tuvo lugar en 1980 dentro de un silo de misiles nucleares situado en Arkansas. Una fuga en uno de los tanques de combustible (un derivado más potente de la hidracina) provocó una explosión bestial de las dos fases del misil.

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La onda expansiva reventó la compuerta del silo y mandó la cabeza nuclear B53 de un misil Titan II volando a 30 metros de distancia. El arma no hizo explosión, ni nuclear ni convencional, y tampoco hubo contaminación radioactiva. Para que haya una explosión nuclear no basta con un loco con un martillo. Hace falta un loco con los códigos de lanzamiento del misil.

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About the author

Carlos Zahumenszky

Editor en Gizmodo, fotógrafo y guardián de la gran biblioteca de artículos. A veces llevo una espada.

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