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Tecnología

Rusia ya no interfiere las antenas de Starlink en tierra: ahora apunta directamente a los satélites para dejarlos ‘sordos’ en pleno vuelo

En lugar de pelear contra miles de terminales dispersos por todo el frente, un nuevo sistema ruso decidió ir directamente a la fuente: el propio satélite. El resultado es un arma de casi 1,5 millones de dólares con una limitación tan grande como su ambición, porque solo puede apagar un satélite a la vez, entre más de 10.000 que tiene la constelación
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Rusia mostró por primera vez las capacidades de su sistema Volna Kupol Garant (algo así como Ola Cúpula Garante), desarrollado por la empresa Rossiysky Kupol, con sede en Simferopol, en la Crimea ocupada. A diferencia de los métodos tradicionales de interferencia, que atacan las antenas terrestres de los usuarios, este sistema apunta directamente a los satélites Starlink en órbita para saturar sus receptores y dejarlos temporalmente sordos ante las señales enviadas desde tierra, según reportó Militarnyi, citando información difundida por Serhii Beskrestnov, asesor del Ministerio de Defensa de Ucrania conocido por el indicativo Flash.

Cómo logra saturar el receptor del satélite

Los satélites de Starlink orbitan a unos 500 kilómetros de altura y reciben las señales de los usuarios en la banda de 14 a 14,5 GHz, dividida en ocho canales. El sistema ruso concentra varias antenas direccionales, cada una emitiendo interferencia en un canal distinto, apuntando todas ellas al mismo satélite para saturar simultáneamente sus receptores e impedir que capte las señales legítimas de los terminales ucranianos en tierra.

Rusia insiste en que no se trata de un arma antisatélite convencional, ya que no daña físicamente la nave. Mientras dura la interferencia, el sistema bloquea la capacidad de ese satélite puntual para dar servicio a los terminales terrestres bajo su cobertura, y según reconocen los propios desarrolladores, el efecto se extiende varios minutos más después de que cesa la emisión, mientras el satélite recupera su funcionamiento normal.

Ficha técnica: 120 kilos, un solo operador, hasta 1,5 millones de dólares

Físicamente, el sistema completo se monta sobre varios módulos remolcados, cada uno con antenas orientables protegidas por radomos con forma de huevo, que ocultan una antena parabólica motorizada capaz de seguir al satélite en su recorrido sin necesidad de reposicionar todo el remolque. Según los datos recopilados por distintos medios especializados en defensa, cada unidad pesa unos 120 kilogramos, requiere un único operador para funcionar, aunque admite control remoto, y su costo asciende a aproximadamente 1,5 millones de dólares por complejo.

Las estimaciones sobre su alcance varían según la fuente: algunos reportes hablan de una cobertura efectiva de entre 3 y 4 kilómetros de radio, mientras que otros la sitúan en unos 20 kilómetros cuadrados. El sistema apareció por primera vez en 2024 en la zona de Járkiv, aunque su despliegue masivo recién se intensificó en 2026.

El talón de Aquiles: fácil de detectar, difícil de escalar

El sistema arrastra limitaciones importantes. La primera es que cada equipo solo puede interferir un satélite de Starlink a la vez, mientras la constelación cuenta con más de 10.000 satélites activos, con varias decenas sobrevolando constantemente cada punto del frente y relevándose cada pocos minutos entre sí.

La segunda limitación es la detección. SpaceX identifica casi al instante las interferencias en sus canales de comunicación, y el tamaño y la cantidad de antenas activas del sistema lo vuelven muy visible para los satélites de reconocimiento electrónico. Según Militarnyi, el 15 de junio de 2026 el Regimiento 422 de Sistemas No Tripulados, junto al Centro de Operaciones Especiales A del Servicio de Seguridad de Ucrania, localizó y destruyó con drones uno de estos sistemas en el sur del país, y el 23 de junio se destruyó otro cerca de Kerch, en Crimea.

Por qué Rusia insiste pese a las limitaciones

Pese a estas debilidades, distintos reportes indican que Rusia continúa multiplicando el despliegue del sistema. Esa escalada coincidiría, según Beskrestnov, con ataques ucranianos de medio alcance contra nudos logísticos rusos, lo que sugiere que Moscú recurre a este tipo de equipos ante la falta de alternativas más eficaces contra los drones que dependen de la conectividad Starlink para operar.

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