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Tecnología

Uber dejó de fabricar su propio coche autónomo. Ahora quiere controlar la plataforma donde compitan todos

Uber vendió su división de conducción autónoma, pero nunca abandonó el sector. En lugar de fabricar un único robotaxi, está construyendo una red de alianzas con Waymo, WeRide, Baidu, Nuro, Rivian y otras compañías para gestionar viajes, flotas, camiones y repartos autónomos.
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Uber ya no pretende construir por sí sola el cerebro que conduzca los vehículos del futuro. Su apuesta actual es diferente: lograr que la mayor cantidad posible de robotaxis, camiones y máquinas de reparto trabajen dentro de su plataforma.

La empresa vendió su división Advanced Technologies Group a Aurora en 2020, después de años desarrollando coches autónomos internamente. El acuerdo dejó el desarrollo tecnológico en manos de Aurora, pero mantuvo una alianza para incorporar sus sistemas a las operaciones de Uber y Uber Freight.

Desde entonces, Uber ha firmado decenas de acuerdos con desarrolladores de conducción autónoma, fabricantes de automóviles y operadores de flotas. Solo durante el primer trimestre de 2026 anunció diez alianzas nuevas o ampliadas y presentó Uber Autonomous Solutions, una división diseñada para ayudar a sus socios a desplegar y comercializar vehículos autónomos.

Uber quiere ser la plataforma, no fabricar al conductor

La estrategia reparte el trabajo entre varias empresas. Una desarrolla el sistema de conducción, otra fabrica el vehículo, un operador se ocupa de la carga, limpieza y mantenimiento, y Uber aporta la aplicación, los pasajeros, la asignación de viajes y la gestión comercial.

Eso reduce el riesgo de depender de una única tecnología. También permite que distintas compañías compitan dentro de la misma red, igual que actualmente lo hacen millones de conductores humanos.

Uber denomina a este modelo una red híbrida, en la que coches con conductor y vehículos autónomos operarán simultáneamente. Su objetivo declarado es convertirse en el mayor intermediario mundial de viajes autónomos, no necesariamente en el propietario de la mejor tecnología de conducción.

Waymo es competidor y socio al mismo tiempo

Waymo, la antigua división de coches autónomos de Google y actual empresa de Alphabet, opera su propio servicio en numerosas ciudades. Sin embargo, en Austin y Atlanta sus robotaxis están disponibles exclusivamente mediante la aplicación de Uber.

Waymo se encarga del sistema de conducción y de su operación técnica. Uber distribuye los viajes y gestiona parte de la flota, mientras AVOMO realiza tareas como limpieza, carga, mantenimiento y operaciones de depósito.

Por eso no es completamente correcto describir a Uber como un rival directo de Waymo. Compiten por controlar la relación con los pasajeros, pero también se necesitan para entrar en determinados mercados.

Tesla representa un modelo diferente. La empresa de Elon Musk desarrolla sus propios vehículos, software y servicio de robotaxi, sin haber anunciado una integración equivalente con Uber.

De Madrid a Oriente Medio

Una de las alianzas más amplias de Uber es con la empresa china WeRide. Ambas compañías planean extender sus robotaxis a 15 ciudades adicionales durante cinco años. También anunciaron el despliegue de al menos 1.200 unidades en Abu Dabi, Dubái y Riad, sujeto a permisos y objetivos de rendimiento.

En Madrid, Uber, WeRide y AVOMO preparan un piloto comercial para finales de 2026. Los vehículos podrán solicitarse desde la aplicación de Uber, aunque inicialmente llevarán operadores de seguridad. La intención es ampliar posteriormente la flota y avanzar hacia una operación completamente autónoma.

Waymo no participa en ese proyecto madrileño. La confusión surge porque AVOMO también trabaja en las operaciones de las flotas Waymo-Uber de Austin y Atlanta.

Miles de vehículos todavía por fabricar

Uber también invertirá en proyectos donde tendrá una participación más directa. El acuerdo con Lucid y Nuro contempla desplegar 20.000 o más robotaxis durante seis años. Lucid aporta el vehículo eléctrico, Nuro desarrolla el sistema autónomo y Uber o sus socios comprarán y operarán las unidades.

Otra alianza prevé adquirir inicialmente 10.000 vehículos Rivian R2 autónomos, con opción de sumar hasta 40.000 más. Los primeros despliegues están previstos para San Francisco y Miami en 2028, por lo que todavía se trata de un proyecto futuro sujeto a desarrollo técnico y autorizaciones.

Este matiz es importante: muchas cifras anunciadas representan objetivos máximos, no flotas que ya estén circulando. Algunos servicios funcionan comercialmente, mientras otros permanecen en pruebas o ni siquiera han comenzado a fabricar sus vehículos.

Camiones, robots y drones

La estrategia no termina en los taxis. Aurora inició operaciones comerciales con camiones sin conductor entre Dallas y Houston, una tecnología que puede integrarse con Uber Freight. Ambas compañías mantienen un programa para ofrecer capacidad autónoma a transportistas durante esta década.

Uber Eats también utiliza robots terrestres de Avride y ha invertido en Flytrex para desarrollar entregas mediante drones. Esto convierte su apuesta autónoma en una red que abarca pasajeros, mercancías de larga distancia y reparto de última milla.

La gran incógnita es quién obtendrá la mayor parte del beneficio cuando los robotaxis se generalicen. Las empresas tecnológicas quieren cobrar por el software; los fabricantes, vender vehículos; los operadores, gestionar las flotas; y Uber, quedarse con la aplicación desde la que los pasajeros piden el viaje.

Uber dejó de intentar construir el mejor coche autónomo. Ahora está intentando algo posiblemente más ambicioso: convertirse en la puerta de entrada obligatoria para todos ellos.

 

 

Fuente: Infobae.

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