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Tecnología

Una empresa neerlandesa quiere convertir la presión del agua en una batería gigante sin utilizar litio ni cobalto. Su primer sistema a gran escala almacenará energía renovable bajo un lago antes de intentar el salto al fondo del mar

Ocean Grazer prepara en Países Bajos un sistema hidroeléctrico de 1 MW y 1,5 MWh que utiliza un depósito subterráneo y una bolsa flexible. La instalación ya no llegará en 2025: su calendario actual apunta al último trimestre de 2026.
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La idea parece diseñada para un parque eólico del futuro: almacenar la electricidad sobrante dentro de una enorme batería escondida bajo el agua y recuperarla cuando el viento deja de soplar. No utiliza litio, cobalto ni reacciones químicas, sino agua, presión y turbinas hidroeléctricas.

El sistema fue presentado por la empresa neerlandesa Ocean Grazer con el nombre de Ocean Battery. Sin embargo, la instalación comercial submarina que debía comenzar a operar antes de terminar 2025 todavía no existe.

La compañía trabaja ahora en AquaVault, una evolución de aquel concepto que puede utilizarse tanto en tierra como en instalaciones acuáticas. Según el calendario actualizado de Ocean Grazer, su primer proyecto a gran escala se construirá junto al lago Beetser Koele, en Sellingerbeetse, y debería entrar en funcionamiento durante el último trimestre de 2026.

Una central hidroeléctrica reversible escondida bajo el agua

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© Ocean Grazer.

El principio de funcionamiento no es completamente nuevo. Las centrales hidroeléctricas de bombeo almacenan energía utilizando electricidad para trasladar agua hacia un depósito elevado. Cuando aumenta la demanda, el líquido desciende y mueve turbinas que vuelven a generar electricidad.

Ocean Grazer intenta reproducir esa diferencia de altura sin necesitar montañas. En el diseño submarino original, un depósito rígido de hormigón se entierra bajo el lecho marino y se conecta con una bolsa flexible situada sobre él.

Tal como explica la propia empresa, cuando sobra electricidad, unas bombas trasladan agua limpia desde el depósito de baja presión hacia la bolsa, donde queda almacenada bajo la presión ejercida por el océano. Cuando la red vuelve a necesitar energía, el agua regresa al depósito a través de turbinas.

El sistema no almacena electricidad directamente, sino energía potencial hidráulica. Según Ocean Grazer, su diseño podría alcanzar una eficiencia de ciclo completo de hasta el 80% y funcionar durante décadas sin la degradación electroquímica habitual de las baterías convencionales. Estas cifras todavía deberán validarse en una instalación completa de gran escala.

El primer gran piloto estará bajo un lago, no en mar abierto

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© Ocean Grazer.

La versión que Ocean Grazer pretende construir en Sellingerbeetse modifica parte del diseño original. AquaVault utilizará un pozo vertical para crear artificialmente la diferencia de altura que normalmente ofrecería una montaña.

De acuerdo con la información publicada por la compañía, la instalación tendrá una potencia aproximada de 1 MW, una capacidad de almacenamiento de 1,5 MWh y un conducto de 12 metros de diámetro que descenderá 140 metros bajo tierra. Una bolsa flexible se situará dentro del lago y el depósito principal permanecerá en las profundidades.

El emplazamiento fue elegido porque combina una planta solar flotante con una explotación de arena y grava que consume electricidad. Durante las horas de mayor producción, AquaVault podrá almacenar parte del excedente solar y devolverlo cuando la generación disminuya.

El calendario actual sitúa el final del diseño y el comienzo de la construcción en el cuarto trimestre de 2025, mientras que la entrada en funcionamiento está prevista para el cuarto trimestre de 2026. Por tanto, la antigua afirmación de que la primera batería comenzaría a operar antes de finalizar 2025 ha quedado desactualizada.

La Unión Europea financió el salto desde los prototipos

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© Ocean Grazer.

El desarrollo recibió apoyo del Consejo Europeo de Innovación. Según la base de datos CORDIS de la Comisión Europea, el proyecto OCEANBATTERY se desarrolló entre julio de 2023 y junio de 2025, con un coste total de 4,43 millones de euros y una contribución europea de casi 2,5 millones.

El objetivo de ese programa no era instalar directamente una red de baterías en el Mar del Norte. De acuerdo con CORDIS, la prioridad era demostrar un sistema completo en un lago, validar su funcionamiento, instalación y mantenimiento, y utilizar esa experiencia como paso previo para escalar la tecnología hacia aplicaciones marinas.

Ocean Grazer también colabora con Stantec para resolver los desafíos propios de una instalación submarina. Tal como explica la firma de ingeniería, la ubicación de depósitos y bolsas bajo el mar exige adaptar técnicas de las centrales reversibles a un entorno con corrientes, sedimentos y mantenimiento mucho más complejo.

En 2024, la compañía y el instituto neerlandés Deltares realizaron pruebas físicas para estudiar cómo las corrientes y las tormentas podían erosionar el lecho alrededor de los componentes. Según Ocean Grazer, estos ensayos son necesarios para evitar problemas de estabilidad antes de desplegar el sistema dentro de parques eólicos marinos.

Una tecnología prometedora que todavía debe demostrar su escala

AquaVault tiene algunas ventajas potenciales. Emplea materiales abundantes como agua, acero y hormigón, evita minerales críticos y puede instalarse cerca del lugar donde se genera la electricidad.

Pero todavía quedan preguntas importantes. La construcción de un pozo de 140 metros requiere una obra civil considerable, mientras que una versión submarina deberá demostrar que puede instalarse, inspeccionarse y repararse de manera competitiva en condiciones marinas reales.

La empresa presenta su diseño como modular y ampliable hasta capacidades de gigavatios hora. Sin embargo, el primer piloto tendrá solo 1,5 MWh, una escala destinada principalmente a comprobar el funcionamiento y no a estabilizar por sí sola un gran parque eólico.

La Ocean Battery no está preparada todavía para “salvar a la humanidad” ni ha resuelto el almacenamiento renovable. Lo que ofrece es una propuesta distinta: utilizar una tecnología hidroeléctrica conocida en lugares donde antes no podía aplicarse.

El verdadero examen llegará cuando AquaVault comience a operar. Solo entonces podrá saberse si aquella batería imaginada en el fondo del océano puede transformarse en una infraestructura energética viable fuera de los prototipos y las simulaciones.

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