De todos los planetas del sistema solar Mercurio es “el raro”. A pesar de ser el que más cerca está del sol, no es el más caliente. Completa su órbita en torno al sol muy rápido en 88 días, en órbita elíptica de forma aplastada, pero su rotación completa le lleva 59 días. Y hay más: solo tiene un cinturón de radiación menos de la mitad del tiempo.
Ese cinturón de radiación de Mercurio solo existe casi el 50% del tiempo, cuando el planeta está más alejado del sol, y un 20% del tiempo aproximadamente cuando está más cerca. En un trabajo publicado ayer en Nature Astronomy los investigadores confirmaron que, en oposición a lo que siempre se supuso, Mercurio sí tiene un cinturón de radiación similar al de la mayoría de los planetas encapsulados en campos magnéticos. De modo que Mercurio es, oficialmente, más raro de lo que creíamos pero los hallazgos servirán para futuras misiones que se dirijan hacia esa zona.
“Al pensar en la futura exploración del espacio y qué instrumentos enviar a Mercurio tenemos que conocer este cinturón de radiación, para que el diseño incluya las precauciones del caso”, dijo Ryan Dewey, principal coautor del estudio e ingeniero de la Universidad de Michigan.
Una cápsula poco estable
La magnetósfera de los planetas los protege contra la potente radiación solar. En la Tierra, la magnetósfera nos protege del clima solar extremo al atrapar las partículas de alta energía en su campo magnético. Son dos cinturones de radiación permanentes, los Van Allen, que “rodean a la Tierra como dos enormes donas”, según la explicación de la NASA.
Hay otros planetas que tienen protecciones similares aunque varían según la física de cada planeta. Marte tiene una magnetosfera débil y con parches, y Júpiter tiene un campo magnético grueso que significa que apenas siente los eventos potentes como las eyecciones de masa coronal, según lo explicó en 2019 el Scientific Visualization Studio de la NASA. Durante décadas los científicos habían debatido sobre si Mercurio atrapa partículas en un cinturón estable aunque también tiene un campo magnético.
No es una excepción
Los científicos creían que esto tenía sentido ya que el débil campo magnético de Mercurio, con casi el 1% de la potencia del de la Tierra, estaba constantemente bajo ataque del tumultuoso clima y extremos magnéticos del sol. Por eso no “habría mucho espacio para que los electrones energéticos que componen la radiación sobrevivieran antes de ser eyectados al espacio o chocaran con el planeta”, explicó Dewey.
Con todo, Dewey y sus colegas se preguntaron si había alguna posibilidad de que hubieran pasado por alto algo de los datos más antiguos. En su último estudio revisaron observaciones recogidas entre 2011 y 2015 por la nave MESSENGER de la NASA. Con técnicas más avanzadas de análisis encontraron que Mercurio sí tenía “un cinturón de radiación en forma de anillo”, pero que duraba menos de 8 a 12 horas, y muy ocasionalmente llegaba a estar allí durante varios días terrestres.
Mercurio nos informa
La razón de su impermanencia, según los científicos, es “más bien pérdida en lugar de falta de provisión”. Mercurio, al igual que otros planetas, es perfectamente capaz de atrapar electrones de alta energía. Sin embargo, tal como se suponía, su proximidad respecto del sol tiene un rol importante. Al igual que otros planetas, entonces, Mercurio sí tiene un cinturón de radiación pero, como en otros planetas, sus características y entorno afectan la forma en que se manifiesta ese cinturón de radiación.
Los hallazgos servirán en especial para próximas misiones como la BepiColombo, misión conjunta de Europa y Japón que planea llegar a Mercurio para noviembre de este año. Para la operación del vuelo espacial los cinturones de radiación pueden ser obstáculos molestos para maniobrar las naves espaciales (y lo son también para los astronautas en misiones tripuladas). En el trabajo el equipo manifiesta que BepiColombo tal vez ya haya cruzado cinturones de radiación de Mercurio pero que su misión podrá brindar más datos sobre nuestro extraño vecino y tal vez, sobre otros que se le parezcan.

“Mercurio nos brinda un laboratorio natural para inferir cómo podría verse la radiación en otros planetas que orbitan de cerca a sus estrellas, y también en planetas distantes durante clima espacial extremo”, dijo en declaraciones Weijie Sun, coautor del trabajo y astrofísico de la Universidad de California, Berkeley.