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Ciencia

Tenemos uranio para décadas. El problema es que convertirlo en combustible nuclear puede llevar demasiado tiempo

El nuevo “Libro Rojo” de la NEA y el OIEA calcula que existen reservas suficientes para sostener una fuerte expansión de la energía nuclear hasta 2050. El verdadero cuello de botella está en las minas: abrir nuevos yacimientos puede requerir entre 15 y 20 años
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La energía nuclear vuelve a ganar protagonismo justo cuando el consumo mundial de electricidad empieza a crecer con más fuerza. La electrificación del transporte, el uso creciente del aire acondicionado, la expansión industrial y el enorme consumo energético de los centros de datos están empujando la demanda global hacia nuevos máximos.

La Agencia Internacional de la Energía prevé que el consumo eléctrico mundial aumente un 3,6% en 2026 y otro 3,8% en 2027. En ese contexto, muchos países han vuelto a mirar hacia la energía nuclear como una fuente capaz de producir grandes cantidades de electricidad de forma constante y con bajas emisiones directas de carbono.

Pero esa recuperación abre una pregunta inevitable: si construimos muchos más reactores, ¿habrá suficiente uranio para alimentarlos?

Uranio hay de sobra, al menos sobre el papel

La respuesta del nuevo informe Uranium 2026: Resources, Production and Demand, elaborado por la Agencia de Energía Nuclear de la OCDE y el Organismo Internacional de Energía Atómica, es bastante tranquilizadora.

El documento, conocido desde hace décadas como el “Libro Rojo” del uranio, calcula que existen más de 8,1 millones de toneladas de uranio identificadas y recuperables a un coste inferior a los 260 dólares por kilogramo. Incluso aplicando límites económicos más exigentes, las reservas disponibles seguirían siendo suficientemente amplias. En otras palabras, el mundo no parece enfrentarse a una escasez geológica de uranio.

El problema aparece cuando se compara esa abundancia con el ritmo al que podría crecer la energía nuclear durante las próximas décadas.

En 2025, la capacidad nuclear mundial rondaba los 398 GWe. Para 2050, el informe contempla escenarios que van desde unos 565 GWe hasta más de 900 GWe si la expansión de nuevos reactores se acelera.

Eso tendría un efecto directo sobre el combustible. La demanda anual de uranio, actualmente situada en torno a las 64.500 toneladas, podría crecer hasta situarse entre 84.800 y 143.900 toneladas anuales en 2050.

Las reservas existen para sostener ese crecimiento. Lo que no está tan claro es que podamos extraerlas suficientemente rápido.

Tenemos uranio para décadas. El problema es que convertirlo en combustible nuclear puede llevar demasiado tiempo
© Magnific

El verdadero problema está entre el yacimiento y el reactor

Encontrar uranio bajo tierra no significa poder introducirlo inmediatamente en un reactor nuclear.

Antes de que un depósito mineral se convierta en una mina operativa hay que realizar estudios geológicos, analizar su viabilidad económica, superar evaluaciones ambientales, conseguir permisos administrativos, asegurar financiación y construir toda la infraestructura necesaria para comenzar la explotación.

Ese proceso puede prolongarse durante 15 o incluso 20 años.

Por eso, la principal advertencia del informe no tiene que ver con una posible falta de uranio, sino con la posibilidad de que la producción minera no consiga crecer al mismo ritmo que la demanda nuclear. Es una diferencia importante. El combustible puede estar bajo tierra durante millones de años, pero eso no sirve de mucho si el reactor que lo necesita entra en funcionamiento antes de que exista una mina capaz de extraerlo.

La NEA y el OIEA consideran que será necesaria una inversión “oportuna, sustancial y sostenida” para evitar ese desfase.

Después de años de parálisis, las minas vuelven a moverse

Durante buena parte de la última década, la industria del uranio atravesó un periodo complicado. Los bajos precios provocaron cierres temporales, retrasos en nuevos proyectos y una caída general de la inversión.

Ahora esa tendencia empieza a invertirse.

Entre 2023 y 2024, la inversión mundial en exploración y desarrollo de uranio alcanzó aproximadamente 1.900 millones de dólares, un 46% más que en el periodo anterior. Al mismo tiempo, la producción mundial comenzó a recuperarse gracias al regreso de grandes explotaciones y a la reactivación de instalaciones que habían permanecido cerradas o trabajando por debajo de su capacidad.

En 2024, la producción global alcanzó unas 61.925 toneladas, frente a las 47.371 toneladas registradas en 2021.

Parte de ese aumento procede de la recuperación de minas como McArthur River y Key Lake, en Canadá, además de la reapertura o expansión de operaciones en países como Namibia y Australia.

La industria está reaccionando, pero el problema es que los tiempos de la minería son mucho más lentos que los tiempos de construcción de nuevos reactores. Si varios países deciden acelerar simultáneamente sus programas nucleares, la demanda puede aumentar antes de que las nuevas minas estén preparadas.

España es un buen ejemplo de esa paradoja

España resume bastante bien esta situación.

El país dispone de recursos identificados de uranio, especialmente en Salamanca. Las estimaciones sitúan esas reservas en torno a 34.350 toneladas, con proyectos como Retortillo, Zona 7 o Alameda planteados durante años como posibles explotaciones.

Sin embargo, España actualmente no produce uranio.

Los distintos proyectos mineros no han llegado a convertirse en explotaciones comerciales debido, entre otros factores, a dificultades administrativas, regulatorias y ambientales. Mientras tanto, los siete reactores nucleares españoles continúan necesitando combustible importado para funcionar. La situación refleja perfectamente el mensaje que deja el nuevo “Libro Rojo”: tener uranio disponible no garantiza poder utilizarlo cuando hace falta.

Durante las próximas décadas, el desafío probablemente no será descubrir nuevos recursos. Será desarrollar suficientes minas, ampliar las instalaciones de procesamiento y construir toda la cadena industrial necesaria antes de que la demanda nuclear empiece a crecer de verdad.

Porque el uranio puede estar ahí para rato. Lo difícil será sacarlo a tiempo.

 

 

Fuente: Xataka.

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