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Todas las cosas malas que la NASA creía que podrían sucederle a los primeros astronautas en la Luna

Los astronautas de Apolo 11, cubiertos con prendas color naranja en la imagen, se desinfectaron cuando regresaron exitosamente a la Tierra y cayeron en el Océano Pacífico.
Foto: NASA/Newsmakers (Getty Images)

Hace cincuenta años la humanidad aterrizó en la Luna por primera vez. Fue una de las hazañas tecnológicas más impresionantes que se hayan realizado, llena de peligro e incertidumbre. Teniendo en cuenta esto, es lógico preguntarse qué es lo que creían los científicos de la NASA que podría ocurrirle a los astronautas en su viaje lunar y después de regresar a la Tierra. La respuesta incluía a los extraterrestres (o siendo más específico, a microbios extraños).

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Todos los problemas de seguridad más preocupantes sobre los viajes espaciales durante el programa Apolo tenían que ver con el equipo utilizado para enviar a los astronautas, según explica Rod Pyle, un historiador espacial y autor del libro: “Primero en la Luna: la experiencia del 50 aniversario de Apolo 11”.

Pyle asegura que existían básicamente un millón de fallos posibles que podrían haber terminado en desastre, incluyendo la salida de la atmósfera terrestre, los trajes espaciales utilizados para el breve recorrido histórico de la Luna y las elevadas temperaturas que experimentó la nave durante el reingreso, entre tantos otros.

“El sistema frágil que teníamos en ese momento era muy robusto, pero esta era una época en la que apenas habían pasado algunos años desde que se usaban tubos de vacío en computadoras y aparatos electrónicos”, dijo Pyle a Gizmodo en una llamada telefónica.

Un ejemplo de posible problema involucraba al cohete usado para lanzar a los astronautas más allá de la atmósfera de la Tierra, el Saturno V. Durante el Apolo 6, la última misión sin tripulación, el cohete experimentó varias fallas, incluyendo vibraciones violentas y destructivas que hicieron volar algunas piezas de la máquina. Sin embargo, la NASA afirmó haber resuelto los problemas después de esa misión, y el Saturno V mantuvo un registro de vuelo perfecto durante todo el programa Apolo.

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En la misión Apolo 11, Buzz Aldrin rompió accidentalmente el interruptor en el módulo lunar destinado a encender el motor que lo habría devuelto junto con Neil Armstrong al módulo de comando que orbitaba la Luna. Después de comunicarse por radio con el control de la misión, Aldrin improvisó usando una especie de bolígrafo como interruptor, posiblemente evitando que se queden varados en la Luna (el lanzamiento lunar del módulo probablemente habría funcionado incluso sin el bolígrafo, dijo Armstrong en una entrevista de 2011, pero fue “agradable obtener un poco de seguridad”).

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En cuanto a los propios astronautas de Apolo, inicialmente hubo cierta preocupación de que se vieran afectados emocionalmente por el simple hecho de haber atravesado el espacio, lo que habría afectado la misión. Pero los programas anteriores de Mercurio y Géminis, que enviaron a los astronautas a orbitar alrededor de la Tierra durante una semana, habían disipado la mayoría de estos temores. Y a lo largo de toda la carrera espacial, los astronautas fueron examinados constantemente por problemas psicológicos. No se observaron problemas durante ninguna de las misiones de Apolo, según un informe del gobierno estadounidense de 1975 que detallaba los aspectos médicos del programa.

“Tal vez sea extraordinario que virtualmente no haya dificultades desde un punto de vista psicológico y psicodinámico entre individuos altamente competitivos y enérgicos”, dijo el informe, atribuyendo al menos parte del crédito al trabajo constante que debían realizar las tripulaciones de tres personas durante las misiones, lo que dejaba poco tiempo para distraerse y contemplar profundamente su situación.

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Los científicos estaban bastante seguros de que la vida no existía en ninguna forma en la Luna cuando se lanzó el programa Apolo. Pero de igual modo no pensaban arriesgarse, habiendo establecido un protocolo de cuarentena para los astronautas en cuanto volvieron a aterrizar en la Tierra. Sin embargo, según Pyle, se habría producido un error fatal si algo verdaderamente malvado hubiera regresado con ellos a la Tierra.

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“Entonces, cuando la nave cayó en el agua, los buzos de la Armada de Estados Unidos se acercaron a ellos, abrieron la escotilla, lanzaron tres trajes de contaminación biológica para los astronautas, quienes serían encerrados en cuarentena durante tres semanas en observación”, explicó Pyle. “Por supuesto, cuando abrieron la escotilla para arrojar los trajes podría haber salido cualquier cosa de la nave. Podríamos haber tenido monstruos de tentáculos escapando libremente, pero afortunadamente eso no sucedió”.

Los astronautas tampoco eran optimistas sobre este plan.

“Supongamos que había gérmenes en la Luna”, dijo Michael Collins, el tercer astronauta del Apolo 11 que tripulaba el módulo de comando en órbita lunar mientras Aldrin y Armstrong descendieron a la Luna, en un documental sobre la misión para PBS. “Solo imagínalo. Hay gérmenes en la Luna, regresamos, el módulo de comando está lleno de gérmenes lunares. El módulo de comando desciende en el Océano Pacífico, ¿y qué hacen? Abren la escotilla. ¡Y todos los malditos gérmenes salen!”

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La cuarentena dejó de aplicarse después del Apolo 14, por razones obvias. Y aunque los astronautas de Apolo experimentaron leves molestias, como malestar estomacal y resfriados durante los vuelos, no se documentaron problemas de salud importantes en todo el programa.

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Sin embargo, eso no quiere decir que no hubo algunas consecuencias de salud para los hombres que viajaron a la Luna. Buzz Aldrin experimentó un conocido episodio de depresión y una adicción al alcohol tras su regreso. Aunque parte del estrés se debió a la gran atención pública que estaba recibiendo, es cierto que también atravesó una crisis existencial.

“Además, [Aldrin] había esperado que la llegada del hombres a la Luna tuviera un tremendo impacto en el mundo”, señaló el informe de 1975. “Estaba extremadamente angustiado al descubrir que el mundo no cambió apreciablemente, y ciertamente no inmediatamente, como resultado del logro del Apolo 11".

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Se cree que la corta duración del tiempo pasado en el espacio durante los vuelos de Apolo (la misión más larga fue de 12 días) tuvo poco efecto físico duradero en los astronautas que se aventuraron a la Luna. Pero un estudio de 2016 sugirió que tenían más probabilidades de morir de enfermedades cardiovasculares a medida que envejecían, que los astronautas del programa que nunca atravesaron la órbita de la Tierra, probablemente debido a la exposición a la radiación cósmica.

Sin embargo, un estudio de 2018 contradijo esos resultados, al no encontrar un vínculo entre la cantidad de radiación que recibieron los astronautas de la NASA y sus posibilidades de morir a causa de enfermedades cardiovasculares o cáncer. Otro estudio, publicado este mes, también encontró que la radiación espacial no aumentaba la mortalidad de los astronautas. Pero incluso si las misiones a la Luna como las de Apolo fueran inofensivas para los humanos, las misiones más largas (de al menos seis meses) a Marte, planeadas para el futuro, sin duda presentarán nuevos peligros y desafíos para los astronautas.

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Por lo tanto, vale la pena apreciar los grandes riesgos que los astronautas del programa Apolo y otros tomaron y seguirán tomando para explorar el espacio.

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“Básicamente, volamos a la Luna usando los procesadores que encuentras en los hornos microondas de hoy en día“, dijo Pyle. “Fue simplemente impresionante, pero funcionó”.

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