En una región de España existen miles de viviendas donde el techo no está construido con ladrillos ni hormigón, sino que forma parte de la propia montaña. Algunas tienen habitaciones excavadas a varios metros de profundidad, carecen de ventanas y mantienen temperaturas relativamente estables incluso cuando afuera hace un calor sofocante. Durante décadas, vivir en ellas estuvo asociado con la pobreza. Sin embargo, algo cambió: hoy algunas de estas casas cueva pueden alcanzar precios cercanos a los 300.000 euros y se han convertido en propiedades muy buscadas.
Uno de sus habitantes es Torcuato, un fotógrafo que compró una cueva en Guadix, Granada, por aproximadamente 15.000 euros en 2002. Después de pasar un año acondicionándola, se instaló definitivamente en 2003. Su historia volvió a despertar curiosidad gracias a un recorrido realizado por el creador de contenido Diego Revuelta, recogido por The Huffington Post España y posteriormente por TN.
Vivir dentro de una montaña parecía una desventaja hasta que descubrieron sus beneficios

Guadix se encuentra en la provincia andaluza de Granada y conserva uno de los conjuntos de viviendas subterráneas más singulares de Europa. De acuerdo con el Ayuntamiento de Guadix, el conocido Barrio de las Cuevas cuenta con más de 2.000 viviendas habitadas, muchas de ellas excavadas directamente en cerros arcillosos. Desde el exterior se distinguen por sus fachadas encaladas y las chimeneas blancas que sobresalen de las colinas.
La principal ventaja está en el aislamiento natural. La arcilla y la tierra que rodean las habitaciones actúan como una barrera frente a los cambios de temperatura, lo que permite mantener ambientes interiores cercanos a los 18–20 °C durante buena parte del año. Según Guía Repsol, esta característica hace que las viviendas sean especialmente atractivas durante los veranos andaluces, cuando el calor exterior puede resultar intenso.
Torcuato explica que algunas habitaciones tienen entre 15 y 20 metros de montaña encima. Eso proporciona un aislamiento acústico difícil de conseguir en una vivienda convencional, aunque también plantea desafíos: ciertas estancias carecen de iluminación natural y necesitan sistemas adecuados de ventilación para controlar la humedad.
Pasaron de ser viviendas de familias humildes a propiedades de hasta 300.000 euros
El cambio más llamativo no es arquitectónico, sino social. Durante buena parte del siglo XX, muchas familias abandonaron las cuevas para mudarse a viviendas convencionales. En los años setenta, recuerda Torcuato, vivir bajo tierra podía interpretarse como una señal de falta de recursos. Hoy, por el contrario, algunas personas buscan precisamente aquello que antes se rechazaba.
Como recoge Clarín, las viviendas rehabilitadas pueden alcanzar precios cercanos a los 300.000 euros, especialmente cuando incluyen reformas importantes, instalaciones modernas y acabados de lujo. Eso no significa que todas hayan multiplicado su valor por veinte ni que la cueva de Torcuato tenga actualmente ese precio.
La transformación también está relacionada con el turismo. Algunas antiguas viviendas se ofrecen como alojamientos singulares, mientras otras siguen siendo hogares permanentes. La Junta de Andalucía reconoce a Guadix como un municipio con un patrimonio territorial y arquitectónico singular, cuya economía combina actividades tradicionales y servicios.
Pero estas casas no son necesariamente adecuadas para cualquier persona. Reformar una cueva requiere evaluar la estabilidad del terreno, las filtraciones, la ventilación y el estado de sus instalaciones. Su buena capacidad de aislamiento tampoco garantiza que todas puedan prescindir completamente de calefacción o refrigeración.
La historia de Torcuato ilustra un cambio más amplio en nuestra manera de entender la vivienda. Durante décadas, construir hacia arriba y abandonar las casas excavadas parecía representar el progreso. Ahora, en plena búsqueda de hogares más eficientes y adaptados al clima, parte de esa arquitectura antigua vuelve a despertar interés.
La paradoja es difícil de ignorar: mientras buscamos tecnologías cada vez más sofisticadas para mantener nuestras casas a una temperatura confortable, en Granada llevan siglos aprovechando algo mucho más sencillo: el aislamiento natural de una montaña.